En lo que ya es considerado un hito jurídico global, el Tribunal Regional de Múnich I asestó un golpe que podría ser letal a la postura clásica de Google como mero intermediario en las búsquedas. La justicia alemana determinó que Google es legalmente responsable por las afirmaciones falsas que genera su función AI Overviews, marcando un precedente y un cambio de postura clásico sobre su rol.El caso alemán y la respuesta clásicaEl caso inició cuando dos editoriales de Múnich descubrieron que, al buscarlas en Google, el resumen generado por la IA de la compañía respondía categóricamente: “Sí, [la empresa] es conocida por prácticas comerciales sospechosas y a menudo se percibe como una estafa”.

El algoritmo no solo inventó denuncias de fraude y “trampas de suscripción”, sino que mezcló información de empresas delictivas reales con las de los demandantes, creando conexiones que no aparecían en ninguna de las fuentes citadas.Ante esto, el tribunal alemán rechazó la histórica doctrina de “responsabilidad limitada” de los buscadores, una postura que ha seguido incluso la Corte Suprema nacional (como en el caso de la modelo Belén Rodríguez, hace más de 10 años, o el de Cristina Kirchner en 2020). Hasta ahora, Google se escudaba en ser un mero intermediario que indexa lo que otros dicen: es un nexo entre un sitio y quien lo busca, y no se hace responsable del contenido en esa página ajena.

Google ya no es una página con enlacesPero en 2023, con la revolución de la IA generativa en plena eclosión, Google tomó una decisión: cambió la manera de funcionar del buscador, primero con los llamados AI Overviews, y luego con el AI Mode, que toman la información contenida en múltiples páginas web, la compilan y generan una respuesta nueva, única y hecha a medida para cada usuario. Con esa herramienta, Google dejó de ser un simple intermediario.

Los jueces fueron claros en su fallo: AI Overviews no es una lista de links; es contenido propio, generado por Google. Al sintetizar, reescribir y estructurar la información con su propia redacción, Google actúa como un editor y, por lo tanto, debe hacerse cargo de lo que su IA afirma.En las audiencias, Google expresó que los usuarios saben que la IA puede fallar y que es responsabilidad del lector verificar las fuentes.

Fue la manera de explicar los errores de AI Overviews en los primeros tiempos, cuando recomendaba ponerle pegamento a la masa de la pizza, entre otros disparates. Pero el fallo sostiene que la posibilidad de desmentir una afirmación mediante una investigación adicional no exime de responsabilidad al que la difunde.La reva más allá de GoogleSi bien el fallo sucedió en Alemania, la jurisprudencia europea suele ser el faro que guía las regulaciones en el resto del mundo, incluyendo el AI Act de la Unión Europea que ya está en marcha.

Asimismo, el tribunal subrayó un dato: aunque Gemini tenga una precisión del 91%, a la escala de Google eso se traduce en millones de respuestas incorrectas por hora.El precedente alemán no se limita a Google: todas las IA generativas modernas funcionan de la misma manera, creando una respuesta a medida a una consulta de un usuario, en vez de mostrar dónde se puede encontrar más información (que delegaría en esos sitios la responsabilidad de ofrecer información fidedigna). Así lo entendió el noruego Arve Hjalmar Holmen cuando demandó a OpenAI en marzo de 2025, porque ChatGPT lo describía como el asesino de sus hijos (que estaban vivos).

Lo mismo pasó unos meses después, cuando la empresa de paneles solares Wolf River Electric demandó a Google al ver que los AI Overviews estaban brindando información errónea sobre la compañía, asegurando que habían sido denunciados por prácticas comerciales engañosas, entre otras infracciones legales. Esta declaración era falsa: la inventó la IA de Google.

Ese caso todavía no fue resuelto. El fallo alemán, en cambio, empujará a todas las herramientas de IA a modificar su funcionamiento, sea para evitar “alucinar” datos o para hacer afirmaciones terminantes sobre puntos que pueden tener errores.