Ryan Reynolds habló sobre el duro accidente que sufrió de joven. Como así desveló, cuando aún vivía en Canadá, su país natal, fue atropellado por un conductor borracho.

Un accidente que le costó más de cuatro semanas ingresado y del que todavía le quedan secuelas. "Cuando tenía 18 años, salí de un bar después de tomarme una cerveza", inició a explicar en una entrevista para la revista GQ.

"Regresé caminando y miré mi coche por un segundo. Pensé: '¿Sabes qué?

No voy a conducir a ningún lado. Ni siquiera cuatro cuadras hasta casa, ni hablar", recordó.

No obstante, a pesar de que él fue responsable, otro conductor no pensó lo mismo. "Me di la vuelta, empecé a cruzar la calle, y me atropelló un conductor ebrio", le desveló a Rob McElhenney durante su conversación.

Debido al golpe, el coche quedó completamente inutilizado y, asimismo, acabó con "todos los huesos del lado izquierdo" rotos. "Me golpeó tan fuerte que el coche no funcionaba", recalcó.

No fue hasta tres días después cuando se despertó en la cama del hospital junto a su padre. Como así dio a conocer para CTV, su progenitor estaba a su lado junto a una "bandeja para el vómito".

Y es que, a pesar de estar inconsciente, acabó vomitando encima de él, por lo que el hombre ya se había preparado para lo peor. No obstante, los peores momentos llegaron con la recuperación.

Debido al golpe, su relación con su propio cuerpo cambió por completo y, de hecho, aún sigue padeciendo algunas secuelas. "Soy un desastre andante", bromeó.

Y, con la misma ironía, habló sobre el equipo de trabajo del hospital donde le atendieron. "Quisiera agradecer al Dr.

Meek del Hospital General de Vancouver por haberme curado tan amablemente. Salud pública, no pudo negarse", afirmó entre risas.

Así, a pesar de las consecuencias, el actor sigue haciendo deporte y manteniendo una vida activa y tranquila junto a su mujer, Blake Lively, y sus hijos.