¿Y si gana Sánchez o Keiko? La bicameralidad y el fin de los presidentes descartables

Durante los últimos años, el Perú convirtió una herramienta constitucional excepcional en un mecanismo de uso frecuente. La vacancia presidencial dejó de ser una salida reservada para circunstancias extraordinarias y pasó a formar parte del cálculo político cotidiano.
Los presidentes eran cuestionados, amenazados o removidos con una facilidad que terminó debilitando la estabilidad institucional del país.En la práctica, se instaló la sensación de que el Congreso podía sacar y poner presidentes como fichas de ajedrez. La experiencia reciente dejó una lección evidente: un sistema político en el que la permanencia del jefe del Estado depende permanentemente de una mayoría circunstancial genera incertidumbre, paraliza inversiones, erosiona la confianza ciudadana y convierte la gobernabilidad en una tarea casi imposible.Con el retorno de la bicameralidad, ese escenario cambia de manera significativa.
Desde una perspectiva constitucional, la principal novedad no radica únicamente en la existencia de dos cámaras, sino en la incorporación de un sistema de doble deliberación y control para las decisiones de mayor trascendencia institucional. La lógica detrás de este diseño es sencilla: mientras más grave sea una decisión, mayores deben ser las garantías para adoptarla.
La remoción del presidente de la República constituye probablemente el acto político más importante que pueda realizar el Poder Legislativo. Por ello, exigir la intervención de dos cámaras no representa una protección para una persona determinada, sino una garantía para la estabilidad del sistema democrático.La experiencia peruana demostró que un Congreso unicameral podía concentrar en una sola instancia la acusación, el debate y la decisión respecto de la permanencia del jefe del Estado.
La bicameralidad busca corregir ese riesgo mediante la existencia de un segundo filtro institucional. El Senado, concebido como una cámara de reflexión y revisión, incorpora un contrapeso adicional.
Su participación obliga a que una decisión tan trascendente como la vacancia sea evaluada nuevamente por un órgano distinto, con una composición política diferente y una lógica institucional propia. Esta reforma adquiere especial relevancia en el contexto político actual.
Mientras el país observa el conteo de votos y espera conocer con certeza quién conducirá los destinos del Perú durante los próximos años, existe un hecho que ya no admite discusión: quien llegue a Palacio de Gobierno, sea Sánchez o Keiko, lo hará bajo reglas distintas a las que marcaron la inestabilidad política reciente. Y aquí aparece una de las grandes paradojas de la política.
El mismo sistema que busca evitar abusos y fortalecer la estabilidad democrática terminará protegiendo institucionalmente a quien resulte elegido, independientemente de su orientación política.Las instituciones no distinguen ideologías. No fueron diseñadas para proteger a la derecha ni para favorecer a la izquierda.
Tampoco para beneficiar a un candidato específico. Su función es garantizar que el país pueda ser gobernado bajo reglas previsibles, en las que los cambios de gobierno se produzcan principalmente a través de las urnas y no mediante crisis políticas recurrentes.Por eso, más allá de simpatías o rechazos políticos, la discusión de fondo debería ser otra.
Un país serio no puede vivir en una permanente transición presidencial. La democracia necesita controles, pero también estabilidad.
Necesita fiscalización, pero también continuidad.Paradójicamente, quienes más celebraban la posibilidad de vacar presidentes podrían descubrir mañana que la bicameralidad ha colocado un verdadero candado constitucional a Palacio de Gobierno. Y ese candado no tendrá nombre propio.
Servirá para cualquier presidente. Porque las instituciones se construyen para resistir los tiempos difíciles.
Y cuando se diseñan correctamente, terminan protegiendo incluso a quienes nunca fueron pensadas para proteger. Ese es, precisamente, el precio y al mismo tiempo la virtud de vivir en una democracia.*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones.
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Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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