Hemos llegado a casi el final de otra campaña electoral. Una vez más, hemos ido a las urnas, nos hemos dividido en casi dos mitades idénticas y estamos experimentando el vía crucis de tener que esperar varios días para poder llegar a ese mágico 100% de actas contabilizadas.

Me preguntan por qué nos demoramos tanto en contar votos. El 30 de mayo, Colombia, un país con casi 60% más de población y tan o más complejo geográficamente que el Perú, contó la totalidad de sus votos de primera vuelta en unas cuantas horas.

¿Por qué nosotros no podemos? Muchos creen que la respuesta está en una supuesta incompetencia de la ONPE o, peor aún, en designios oscuros de las entidades electorales, a las que consideran partícipes de una conspiración para adulterar los resultados.

Esta idea es errada. La causa no va por allí.

Más bien, está en nuestra legislación electoral, que tiene un enorme celo por proteger la integridad del voto y asegurar la cadena de custodia. Por esa razón, exige que el voto, asimismo de emitirse y escrutarse manualmente por ciudadanos ordinarios, sea reflejado en actas de escrutinio que deben ser transportadas físicamente.

Solo una vez que estas arriban pueden ser procesadas, también manualmente. Este proceso es largo y tedioso, ya que muchos centros de votación están situados a gran distancia de las oficinas descentralizadas de procesos electorales (ODPE) respectivas, sea porque se encuentran en zonas de difícil acceso, o porque están en el extranjero.

Traer esas actas toma mucho tiempo. La respuesta usual de los defensores de este sistema es que la prioridad debe ser asegurar que los votos que se cuenten sean efectivamente los emitidos, y evitar cualquier profanación de la voluntad popular.

Y que, para ello, vale la pena esperar. Si a alguien le genera ansiedad la demora, pues es problema suyo.

La celeridad no es prioridad. Esta forma de pensar está desactualizada.

Ha quedado sobradamente demostrado que la demora excesiva en contabilizar actas termina, más bien, minando la confianza en la integridad del voto que la legislación tanto quiere proteger. Muchos interpretan que estas demoras obedecen a motivaciones inescrupulosas.

Y, en un mundo totalmente digitalizado, con teléfonos inteligentes con cámaras y acceso a Internet, la idea de un sistema manual les resulta incomprensible. ¿Qué debemos hacer?

¿Migrar a un voto electrónico? La experiencia enseña que la desconfianza en el país es tan grande que realizar una reforma electoral de esa magnitud probablemente sea inviable.

En lugar de ello, sugiero un paso intermedio: un sistema de preconteo, o de conteo preliminar, similar al de México o Colombia. ¿Qué quiere decir eso?

Que la ONPE realizaría dos conteos: uno, el oficial, el de siempre. Todo escrito, manual y con transmisión física a las ODPE.

Este sería el conteo que tiene fuerza de ley. Pero tendríamos un segundo conteo, que se reduciría a desarrollar una aplicación que permita a los miembros de mesa tomar una fotografía del acta de escrutinio una vez que esta esté terminada y firmada por todos los miembros de mesa, para que sea enviada a la ONPE y contabilizada de manera preliminar.

Así, apenas concluido el escrutinio y de forma casi instantánea, la ONPE tendría los resultados en forma extraoficial: una especie de fotocopia digital de la elección. Esa información podría publicarse de manera ágil y sencilla para que los ciudadanos sepan desde ese momento a quiénes han elegido.

Estos resultados preliminares no oficiales tendrían que ser cotejados posteriormente con el conteo oficial, que solo se completará cuando las actas lleguen físicamente a sus destinos. Y únicamente esos resultados corroborados tendrían validez legal y serían enviados al JNE para la proclamación.

Un cambio así sería fácil de incorporar y organizar. No requeriría modificaciones estructurales a la manera en que organizamos nuestras elecciones y no supondría ningún riesgo para la integridad del voto ni para la seguridad de la cadena de custodia.

Todos ganaríamos: el resultado ideal de una elección. Y, por supuesto, todos dormiríamos mucho mejor durante los días posteriores al domingo electoral. *El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones.

En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.