Costa Rica: potencia marina que todavía no entiende su océano
El Día Mundial de los Océanos, cada 8 de junio, funciona como un recordatorio de una realidad geográfica y ecológica fundamental: el océano es uno solo. No existen fronteras reales en el agua; las corrientes marinas y los ciclos biogeoquímicos conectan el Ártico con el Trópico en un solo motor de soporte vital que regula el clima global, genera más de la mitad del oxígeno terrestre y sustenta la biodiversidad.
Históricamente, la humanidad ha tratado el mar de forma fragmentada, explotando sus recursos bajo una lógica de abundancia infinita. No obstante, la triple crisis climática conformada por la acidificación, sobrepesca y contaminación por plásticos exige una transición urgente hacia un enfoque unificado.
Aunque Costa Rica es reconocida internacionalmente por su cobertura boscosa en tierra, nuestra realidad geopolítica es abrumadoramente marina: poseemos una Zona Económica Exclusiva que supera los 570.000 kilómetros cuadrados gracias a la proyección de la Isla del Coco. Esto significa que nuestro territorio es diez veces mayor en el mar que en la tierra, y la única vía para armonizar sus actividades sin destruir los ecosistemas es la Planificación Espacial Marina; en la actualidad, las áreas protegidas marinas representan poco más del 30% de cobertura.El océano se ha convertido en el eje de la denominada “economía azul”, un modelo donde el desarrollo de las sociedades modernas depende intrínsecamente del espacio marino.
En este engranaje, la industria turística costarricense representa el pilar socioeconómico más dinámico y expuesto. El turismo de sol, playa y naturaleza no es una actividad aislada, sino un sector que depende por completo de la salud del capital natural.
Dentro de esta matriz, la pesca deportiva destaca como un ejemplo tangible de sostenibilidad y alta rentabilidad. Fundamentada en prácticas estrictas de captura y liberación de especies icónicas como el marlín o el pez vela, atrae una visitación de alto valor adquisitivo que irriga recursos directamente a las economías locales.
La cadena de valor que activa la pesca deportiva beneficia a capitanes, marineros, guías locales, transportistas, hoteleros y restaurantes.Ningún esfuerzo de conservación o gobernanza marina tendrá éxito si no sitúa en el centro el valor de las comunidades costeras. Las poblaciones artesanales de Puntarenas, Guanacaste y Limón son los guardianes históricos del mar.
Reconocer su modo de vida y protegerlas de la exclusión sistemática es un imperativo ético de justicia social. El conocimiento empírico que poseen los pescadores sobre los ciclos reproductivos, las rutas migratorias y el comportamiento de las mareas constituye una ciencia viva indispensable.
Los procesos modernos de ordenamiento no deben implementarse de arriba hacia abajo de forma punitiva; por el contrario, deben dignificar el trabajo de las familias costeras, garantizando sus derechos de acceso preferencial a zonas de pesca sostenible y protegiéndolas de la competencia desleal de grandes flotas transnacionales. El respeto a su identidad cultural es lo que transforma la conservación abstracta en bienestar humano real.El país avanza con herramientas financieras innovadoras como el Fondo Azul Costa Rica, dotado inicialmente con $10 millones para la restauración de ecosistemas, y el programa piloto de Pago por Servicios Ambientales Marinos (PSA Marino), que remunera económicamente a las comunidades que protegen voluntariamente ambientes marinos.
El Sistema de Banca para el Desarrollo, en conjunto con la UNA y el Parque Marino del Pacífico, ha impulsado la creación, con grupos costeros, de un subsector de maricultura en pequeña escala.Este entramado técnico busca resolver los rezagos estructurales en sectores clave: reconvirtiendo de forma participativa la extracción pesquera hacia la sostenibilidad, modernizando los nodos logísticos vitales de Caldera y Moín, y explorando la energía azul en nuestras costas como una reserva estratégica para el futuro del país. El 8 de junio que recién pasó nos desafía a dejar de vivir de espaldas al mar y entender que, al ordenar y proteger la salud de nuestro único océano, estamos garantizando la dignidad y el desarrollo de nuestra gente.angel.herrera.ulloa@una.crÁngel Herrera Ulloa es profesor en la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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