No he podido resistirme y finalmente he decidido entrar en el debate que ha encandilado a los economistas estas últimas semanas. Durante años, hemos escuchado que Europa se estancaba, que perdió su capacidad de innovación tecnológica y que se encaminaba lentamente hacia la irrelevancia frente al éxito de los Estados Unidos.

No obstante, hace pocas semanas, Paul Krugman dejaba caer que la idea de que Europa se está convirtiendo en un “museo” de sus antiguas glorias es, en gran medida, un espejismo. Ante este posicionamiento, otros economistas de primerísimo nivel como son Philippe Aghion, Antonin Bergeaud y Luis Garicano salieron a rebatirle, argumentando que el declive europeo es muy real y que las cifras de pérdida de productividad no mienten.Seguir leyendo