Vivimos en un mundo donde la realidad muchas veces supera a la ficción.Probablemente este año quede en la historia como aquel en el que las revoluciones geopolíticas y tecnológicas, cada vez más interrelacionadas, se profundizaron y aceleraron.Ese mundo unipolar, pacífico y profundamente integrado en el que muchos de nosotros crecimos ya no existe. Hoy estamos inmersos en un entorno multipolar, más tenso y fragmentado.El capital ya no fluye entre países con la facilidad de antes, las personas enfrentan más obstáculos para emigrar, y los bienes deben navegar fricciones crecientes en términos de aranceles y barreras no arancelarias para alcanzar su consumidor final.Al mismo tiempo, la inteligencia artificial emerge como el cambio tecnológico más transformador de nuestra generación, desatando una competencia feroz por sostener el liderazgo tanto dentro de los países como entre ellos.Ese mundo unipolar, pacífico y profundamente integrado en el que muchos de nosotros crecimos ya no existe.

Hoy estamos inmersos en un entorno multipolar, más tenso y fragmentado.Estas fuerzas, en conjunto, están redefiniendo la manera en que inversores y líderes piensan el mundo. El enfoque pasó de “just in time” a “just in case”: de una obsesión casi exclusiva por el precio y la eficiencia, a reconocer el valor de la resiliencia en términos de energía, alimentos, tecnología y soberanía financiera.

Este contexto me llevó a un libro reciente de Eddie Fishman: Chokepoints: American Power in the Age of Economic Warfare, quien dicta, como yo, clases en la Universidad de Columbia en Nueva York.El libro ofrece un valioso marco para entender el mundo al que estamos entrando. Fishman sostiene que décadas de globalización no solo generaron eficiencia, sino que también crearon “chokepoints”: el dólar, los sistemas de pagos internacionales, las cadenas de producción de semiconductores de última generación y, como estamos viendo en tiempo real, rutas energéticas clave como el Estrecho de Ormuz.El enfoque pasó de “just in time” a “just in case”: de una obsesión casi exclusiva por el precio y la eficiencia, a reconocer el valor de la resiliencia en términos de energía, alimentos, tecnología y soberanía financiera.

Estos elementos se han convertido en instrumentos de poder estatal en una era donde la guerra económica se libra cada vez más a través de sanciones, restricciones tecnológicas, control de redes críticas y rutas comerciales.En muchos sentidos, la integración económica global sembró las semillas de su propia fragmentación, ya que países y empresas ahora buscan reducir su exposición a estas vulnerabilidades y construir una mayor seguridad económica.Para los inversores, el mensaje es claro: los portafolios deben prestar más atención a los cuellos de botella, estar más diversificados en geografías y clases de activos, y estar mejor protegidos frente a la inflación, disrupciones en el suministro de insumos clave, y tensiones geopolíticas.Emergentes, parte de la soluciónCreemos que los mercados emergentes son parte de la solución a estos desafíos. Ofrecen exposición a muchos de los activos reales que el mundo necesita cada vez más, desde energía y metales hasta alimentos y cadenas de suministro críticas.También incluyen muchos de los países bisagra que están ganando protagonismo en este mundo multipolar: países que no son simples receptores pasivos de shocks globales, sino actores activos en la reorganización del comercio, el capital y los flujos tecnológicos.La integración económica global sembró las semillas de su propia fragmentación, ya que países y empresas ahora buscan reducir su exposición a estas vulnerabilidades y construir una mayor seguridad económica.De continuar por un camino de cambio estructural presente – disciplina fiscal y macroeconómica, incentivos a la iniciativa privada, y promoción de la inversión extranjera –, la Argentina puede, con el tiempo, beneficiarse de estas tendencias globales.El país tiene lo que el mundo tiene: alimentos, energía, materiales críticos, y gente entrenada con buen dominio de idiomas y ubicado en un valioso huso horario.

Basta que el país muestre que puede proveer todo esto de manera confiable en el tiempo.