1.320 palabras

La rebelión de trece colonias en la costa atlántica de Norteamérica nunca fue un simple conflicto entre ingleses por impuestos, territorios y representación política en Westminster. Luego de las primeras escaramuzas en Concord y Lexington entre las milicias de patriotas americanos y los «casacas rojas» del rey Jorge III, la sangrienta confrontación iniciada el 19 de abril de 1775 terminó por implicar a más de dos docenas de naciones, tanto de nativos americanos como europeas, incluida España.
Aquella guerra civil de ocho años y cinco meses no solo culminó con la independencia de Estados Unidos. Sirvió también para encender la mecha de la llamada «era de las revoluciones», impulsando algunas de las más nobles aspiraciones de la humanidad.La Declaración de Independencia, adoptada formalmente por el Segundo Congreso Continental en el sofocante calor húmedo del 4 de julio de 1776, ha servido de inspiración para más de dos siglos de cambios políticos radicales a escala global en Europa, el Caribe, Sudamérica, África y Asia.
Mucho más allá de la imaginación de sus signatarios, es uno de los documentos políticos más influyentes de la historia de la democracia y la libertad porque condensa en sus 1.320 palabras originales los ideales de ilustrados, librepensadores y antiabsolutistas.La fundación de EE.UU. basada en ideas, no en sangre o historia, tiene una trascendencia que no ha hecho más que multiplicarse con cada generación. Irónicamente, la Declaración fue el típico trabajo de grupo que termina haciendo uno solo.
Para su redacción, la asamblea legislativa en Filadelfia designó al llamado Comité de los Cinco, compuesto por Adams, Franklin, Jefferson, Livingston y Sherman. Fue Adams quien convenció con halagos a Jefferson para que hiciera todo el trabajo.
El aristócrata de Virginia, que eventualmente se convertiría en el tercer presidente de la nueva república independiente, se retiró a su habitación de una pensión en Filadelfia, la ciudad del amor fraternal que, no obstante, tenía problemas para acomodar a tanto padre fundador. Para completar su trabajo en el plazo de 17 días, Jefferson utilizó diversos pedazos de papel y una escribanía portátil, diseñada por él mismo, que hoy se puede contemplar en la Institución Smithsonian en Washington.
Aquella caja de madera, que le acompañaría después a su destino diplomático en París, era su ordenador portátil alimentado con luz de velas, plumas de aves y tinta ferrogálica.De todos los rebeldes congregados en Filadelfia, el taciturno Jefferson era uno de los más intelectuales e ideológicos, y también uno de los menos carismáticos. Muchos años después, el presidente Kennedy , en una recepción a los premios Nobel de EE.UU., aseveró que la Casa Blanca nunca había congregado tanto talento y sabiduría desde que Jefferson cenaba solo.
Dueño y padre de esclavos, algunos de los cuales fue liberando de forma escalonada, Jefferson también aportaba las contradicciones del supremacista «pecado original» de Estados Unidos. Con todo, Jefferson hizo un formidable esfuerzo estructurado en una proclamación de principios verdaderamente revolucionarios y un memorial de agravios contra el dominio colonial británico.
No buscaba ni ser original ni epatar a nadie. Solo pretendía capturar el consenso de sus compatriotas contra la inevitable concentración y abuso de poder, junto al punto de no retorno en el brutal enfrentamiento anticolonial planteado, con escaso éxito inicial, por las trece colonias contra una de las principales potencias militares de su tiempo.Asimismo de sus propias reflexiones contra la tiranía de Londres, Jefferson utilizó como principal fuente de inspiración a John Locke, ajustando sus conceptos de «vida, libertad y propiedad».
Pero también destaca la influencia del radical panfleto 'Common Sense' publicado por Thomas Paine seis meses antes; del pensamiento de George Mason sobre los derechos inherentes del hombre; de la teoría de la división de poderes de Montesquieu y del principio de soberanía popular de RousseauLa genialidad de Jefferson se sublima en el segundo párrafo: «Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». La clave es 'the pursuit of happiness', que plantea a EE.UU. como un proyecto democrático, abierto y sin resultados garantizados, en el que los individuos con la mínima interferencia gubernamental y libres de privilegios hereditarios puedan desarrollar todo su potencial y satisfacer sus objetivos vitales.Para conseguir su aprobación por unanimidad, salvo la solitaria abstención de Nueva York, el texto presentado por Jefferson tuvo que ser alterado.
El principal cambio fue suprimir su dura condena al comercio transatlántico de esclavos. El borrador original acusaba a Jorge III de haber «librado una guerra cruel contra la propia naturaleza humana, violando sus derechos más sagrados a la vida y la libertad en las personas de un pueblo lejano que nunca le ofendió, capturándolos y llevándolos a la esclavitud en otro hemisferio o a sufrir una muerte miserable durante su transporte hasta allí».
En aras del consenso requerido, especialmente por parte de los estados sureños con más esclavos, el pasaje fue eliminado por completo.El primero en añadir su nombre a la Declaración fue John Hancock, el comerciante de Massachusetts que presidía el II Congreso Continental. La leyenda dice que el hecho de que su firma fuera visiblemente más grande que las demás fue para asegurarse de que Jorge III pudiera leerla sin anteojos.
Jefferson guardó con orgullo el original y siempre pensó que los cambios introducidos habían empeorado su obra maestra. Con 250 años de antigüedad, el sistema político planteado por él ha sobrevivido a la mayoría de los imperios.
Pero quizá no sobreviva al sectarismo que corroe nuestras democracias. Muchos en la izquierda de EE.UU. creen que la Declaración es un alarde de hipocresía racista.
Muchos en la derecha creen que se trata de una revelación de la providencia divina que justifica su intolerancia.En su delirante redecoración de la Casa Blanca, el presidente Trump ha incluido una copia original de este documento fundacional. Su estado es tan delicado que está cubierta por unas cortinillas que la protegen de la luz.
Aparte de aprovechar el aniversario para celebrarse a sí mismo, Trump debería también leerse el tesoro nacional que tiene colgado en el irreconocible despacho oval. Y darse cuenta de que muchos de las acusaciones formuladas hace 250 años también le conciernen.
Desde los impuestos injustos (sus aranceles) hasta el despliegue abusivo de fuerzas armadas (los matones encapuchados del ICE), pasando por su corrupción sin precedentes. Sin olvidar el autoritarismo y la extrema desigualdad que cada día promueve su Gobierno.
Pedro Rodríguez Es periodista y profesor de Relaciones Internacionales
Información de ABC (España). Edición y redacción: Noticias Today.
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