La cuenta atrás del secuestro y asesinato que terminó matando a ETA

Son las 16.30 del 12 de julio de 1997. Una familia se arremolina ante un teléfono.
Coge la llamada un agente de la Ertzaintza. «Sí, sí, bien, vale». Cuelga y anuncia: «A ver, está herido pero está bien.
Lo han rescatado y va camino de la residencia Aranzazu». 48 horas antes habían secuestrado a un joven concejal del PP de Ermua cuando iba al trabajo. Su nombre era Miguel Ángel Blanco, le gustaba el Barcelona de Reiziger, Rivaldo, Stoichkov.
Era fan de Héroes del Silencio y batería en un grupo de música. Se acababa de comprar un coche.
Tenía 29 años. Iba a dejar la política.
Han pasado también 29 años desde que encontraron a Miguel Ángel Blanco herido , pero con vida. Pero murió y todo cambió.
Se perdió el miedo, y con su asesinato empezó a morir también ETA, que lo había secuestrado dos días antes con una amenaza salvaje: o se acercaba a sus presos a las cárceles de Euskadi o lo matarían. Cumplieron. «Es una historia universal.
La historia de un don nadie al que una organización terrorista secuestra y hace un chantaje a un gobierno para conseguir algo que sabe que es inalcanzable. O le liberan o lo matan.
Tiene todos los caracteres de un thriller, de una historia brutal, de una historia cruel, pero también de una historia de movilización ciudadana, de hacer que un país se mueva junto para intentar salvarle la vida en la medida de lo posible. La historia vertiginosa de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tratando de encontrarle porque lo van a matar y no hay forma.
Lo van a matar con un tic tac que va hacia atrás», cuenta a ABC Jon Sistiaga, que tenía 29 años también cuando cubrió el suceso y ahora codirige, junto a Juanjo López, 'Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo', un documental para el que han revisado 190 horas de material y archivos y que pretende trascender y generar conversación entre las diferentes generaciones. Se estrena el 10 de julio en Netflix.Imágenes del documental 'Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo'.
NetflixHan conseguido que el Rey participe en un documental por primera vez . Cuentan los periodistas que fueron «unos meses de cortejo, de seducir a la Corona».
Felipe VI, por entonces Príncipe de Asturias, tenía 29 años también cuando presidió el funeral del concejal del PP y, aseguran, «era la primera vez que se metía dentro del pueblo en un lugar tan peligroso, tan caliente». El Rey y Aznar decidieron que fuera él porque la situación era muy volátil. «La Corona quiere estar en este documental porque el Rey se acuerda como Príncipe haber acudido ahí y los sentimientos que tenía», afirma López.
Grabaron en el despacho del Palacio de la Zarzuela. «Fueron unos anfitriones estupendos. Doña Letizia estuvo más como antigua periodista casi diría que como Reina.
Estaba en la entrevista escuchando detrás y comentando: 'Oye, los cortes, ¿cómo van a ser? ¿30 segundos?
¿40?'», revela Sistiaga.Noticia relacionada general No No Felipe VI participa en un documental sobre el asesinato de Miguel Ángel Blanco Angie CaleroEl secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco fue la venganza de ETA por la liberación de José Antonio Ortega Lara. En diez días, España pasó del júbilo de la libertad del funcionario de prisiones, retenido en un zulo durante 532 días, a la indignación absoluta por el secuestro del joven concejal de Ermua.
El Gobierno esperaba una respuesta, pero no una tan salvaje ni inmediata. Lo recuerdan en el documental José María Aznar, presidente de España en 1997, y su ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, que nunca concibieron ceder al chantaje.
Sí se abrieron nuevas vías, no oficiales, una de las grandes aportaciones de la producción de Netflix, que elude dramatizaciones, elucubraciones, y se apoya en una narración neutral, respetuosa, con el único truco de que los participantes lo contaran todo en presente. «La exclusiva está en las personas que fueron a hablar con ETA, jugándosela. Porque en aquella época, pasar de ser considerado un antiguo colega del exjefe etarra Peixoto a ser un traidor, un emisario del gobierno, un 'txakurra' de la pluma, había nada.
Y esas personas se la jugaron. Y lo intentaron», explica Jon Sistiaga.
Habla, por ejemplo, la abogada María José Gurruchaga, amiga de la infancia del exetarra Txelis, jefe ideológico de ETA, que fue a la prisión en la que estaba cumpliendo condena en Francia para hablar con él, en busca de una pista o una idea que diera con el paradero de Miguel Ángel Blanco o ayudara a su liberación. Las vías no oficiales «Pidió verse con Txelis y apareció en el encuentro Picabea, un tipo que tenía 24 muertos a sus espaldas, formador de comandos hasta que le detienen.
En esa conversación le expresó a María José que, como se lo cargaran, abandonaba la militancia, dejaba ETA. Y lo hizo al día siguiente.
¿Por qué ese tío aparece en esa entrevista? Porque alguien del Gobierno español habrá dicho al francés que, asimismo de Txelis llamen al de la celda no sé cuánto, porque era un tío que tenía mucho ascendente en ETA y en los comandos que estaban en activo porque les había enseñado y si María José conseguía una declaración, una carta, un algo, no era lo mismo.
O sea, algo hicieron. Que cada uno saque sus conclusiones», zanjan.
Información de ABC (España). Edición y redacción: Noticias Today.
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