Belkis Ayón llega al Malba: el mito Abakuá, la censura y una artista que se negó a callar

SANTA FE.— "El arte es la vía, la manera, la solución que encontré para decir lo que quería". Belkis Ayón, en la revista Revolución y Cultura, febrero de 1999.
¿Qué lugar le cabe a una mujer dentro de un mito pensado para excluirla?. Eso es, en última instancia, lo que propone "Belkis Ayón.
Mito y desobediencia" , la muestra que el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) inaugura el 16 de julio y que podrá visitarse hasta el 12 de octubre. Es la primera vez que una institución argentina muestra la obra de Ayón , la grabadora cubana conocida por contar visualmente algo que por generaciones circuló de boca en boca: el mito de la Sociedad Secreta Abakuá.
Una cofradía de varones La Abakuá es una cofradía masculina que llegó a Cuba en el siglo XIX, traída por esclavos africanos provenientes de la región del Calabar , en el actual territorio de Nigeria. Ayón se interesó por ese universo cuando tenía 17 años y cursaba el tercer año de grabado en la Academia de Arte San Alejandro, de La Habana, luego de leer "El monte", de la antropóloga Lidia Cabrera.
De esa lectura nació una obsesión que la acompañó siempre. La leyenda cuenta que el secreto de los Abakuá reposa en un pez sagrado, portador de un canto tribal que encierra la esencia de la cofradía.
La princesa Sikán lo capturó sin saberlo en un río y lo comió. Por temor a que revelara el secreto, fue sacrificada por su propio padre, quien presidía la logia.
Esa figura, la de una mujer castigada por conocer lo que no le estaba permitido conocer , fue el eje de la producción de Ayón entre 1991 y 1998. La artista, que no tenía vínculo personal con los Abakuá, creó desde ahí un mundo simbólico propio, con personajes andróginos, sin boca ni iris, envueltos en serpientes que por momentos parecen proteger y por momentos ahorcar .
El cuerpo y la censura Ayón dominó la colografía , método de impresión basado en el collage de materiales sobre planchas que le permitió trabajar una paleta reducida a negros, blancos y grises con una variedad de texturas infrecuente en el grabado cubano. El crítico Miguel Calvo Santos explica que esa técnica, poco utilizada por sus contemporáneos -entre otras razones porque la humedad cubana dificulta el trabajo sobre papel-, terminó convirtiéndose en el lenguaje ideal para Belkis Ayón .
"Ayón es capaz de hablar de su tiempo y sus propias circunstancias como artista, cubana, mujer y descendiente de esclavos. Son obras mágicas que de fondo también hablan de su raza y género, de su isla, de frustración y miedo, de censura y falta de libertad ", sostiene el especialista.
La periodista Sandra E. García, en una nota publicada en 2018 en The New York Times, indicó que los personajes femeninos de la obra de Ayón carecen de boca para representar la exclusión de las mujeres de la religión abakuá.
La propia Ayón, no obstante, se resistió a que su obra fuera leída únicamente en clave feminista. " Nunca he tenido esa vocación incorporada.
La leyenda de la Sikán es un tema que he venido trabajando en mis grabados desde San Alejandro y lo que más me ha llamado la atención siempre es la condición de víctima del personaje femenino". Ojos que persiguen Si algo distingue a las figuras de Ayón es la mirada.
En sus grabados los rostros pierden la boca pero conservan, intensificados, los ojos: unas cuencas que persiguen al espectador y lo involucran en la escena que observa. La propia artista lo explicó en una ocasión.
"En realidad, los ojos en mi obra son lo que impresiona a la gente, lo que les intriga, porque son ojos que te miran muy directamente. Entonces creo que no te puedes esconder, dondequiera que te muevas ellos están ahí siempre mirándote, están ahí haciéndote cómplice de lo que estás viendo ".
En la Cuba de los 90 El recorrido de Ayón tuvo lugar en plena crisis del Período Especial cubano, etapa de escasez y aislamiento que siguió al colapso del sistema socialista europeo luego de la caída del Muro de Berlín en 1989. En ese contexto, el arte se volvió para buena parte de su generación un lugar de resistencia frente a la marginalidad, el miedo y la censura.
Pese a esas condiciones, Ayón logró muchas cosas. En 1993 recibió dos premios: el del Encuentro de Grabado de la Casa de las Américas, en La Habana, y el de la Primera Bienal Internacional de Gráfica de Maastricht, en Holanda.
Ese mismo año participó de la Bienal de Venecia, a la que volvería en una segunda oportunidad. Su obra ingresó a colecciones de museos como el MoMA de Nueva York y el Museum of Contemporary Art de Los Ángeles.
En 1996, junto a los grabadores Sandra Ramos, Abel Barroso e Ibrahim Miranda impulsó el proyecto La Huella Múltiple, que buscaba correr el concepto de "lo grabado" hacia "lo múltiple", incorporando nuevas técnicas, soportes digitales y artistas ajenos hasta entonces a esa disciplina. En 1998, la XII Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe le otorgó su primer premio y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) la eligió vicepresidenta.
Ese mismo año, e
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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