Matt Serson, un hincha acérrimo de Canadá , recuerda lo poco que contaba el fútbol en su país cuando él era un adolescente. Canadá se jugó la clasificación para el Mundial de EE.UU. de 1994 en una repesca contra Australia.

El partido de ida, en casa, lo emitió la televisión nacional. Pero no el de vuelta.

Al día siguiente, la crónica de aquel partido no aparecía en el periódico. «Tuve que volver al quiosco, dos días después, para encontrar en una esquina del periódico que Canadá había perdido en los penaltis y se quedaba sin Mundial. Eso es lo que nos importaba el fútbol», recuerda Serson, que ahora es uno de los líderes de The Voyageurs, el gran grupo de aficionados de la Selección de Canadá.Cómo ha cambiado todo.

Treinta y dos años después, Canadá es uno de los organizadores de un Mundial, el interés por el fútbol se ha disparado y decenas de miles de personas han acudido con camisetas de su país a los partidos en Toronto y Vancouver. Y el entusiasmo podría convertirse en locura si Canadá logra la machada de derribar a Marruecos en octavos este sábado.«Antes jugábamos siempre fuera de casa, aunque el partido fuera en Canadá», recuerda Serson.

Los aficionados de cualquier país de la Concacaf -de Jamaica a Honduras- llenaban el estadio en territorio canadiense.Noticia relacionada general No No «Nuestro rey»: Modric se va con un último baile caótico e inolvidable Javier Ansorena«Desde una perspectiva deportiva, todo esto va a cambiar la trayectoria del fútbol en Canadá», dice sobre el impacto del Mundial . Confía en que algunos de los niños que han vibrado con el equipo nacional estas semanas quieran ser de mayores como Alphonso Davies y no una de las estrellas del hockey sobre hielo, el deporte rey en Canadá.«Pero también ha cambiado mucho en apoyo popular», asegura.

Estimaban que las marchas al estadio organizadas por The Voyageurs convocarían unos pocos cientos de personas. Llegaron a ser hasta diez mil en su último partido en Vancouver.El entusiasmo por la llegada del Mundial, no obstante, se ha visto mezclado por el enfado ante el maltrato en el calendario. «Es muy frustrante que Portugal y Croacia hayan jugado en Toronto su partido de dieciseisavos y nosotros nos hayamos tenido que ir a Los Ángeles en dieciseisavos y a Houston en octavos», dice ante la humillación de que el país organizador no haya tenido la posibilidad de jugar ninguna de las eliminatorias ante su gente.

Hubiera sido muy fácil lograrlo al menos para la primera ronda, solo había que provocar que el primero y el segundo del grupo de Canadá jugaran en una de las dos sedes canadienses en el Mundial. «Es ridículo», protesta este hincha, que no se olvida del escaso protagonismo de Canadá en las eliminatorias: uno de los tres países organizadores solo ha tenido dos partidos de dieciseisavos y uno de octavos, ninguno de cuartos y mucho menos una semifinal.«Al final, recibes lo que pagas», dice otro aficionado canadiense, Marco, luego de el partido Portugal-Croacia, mirando al estadio de Toronto. El recinto es en sí una muestra de la fuerza limitada del fútbol en el país.

Una de las lonas que cubren las gradas supletorias instaladas en los fondos se ha despegado y vuela a voluntad del viento. Es el estadio más pequeño del Mundial y eso que la ampliación temporal ha aumentado la capacidad de 27.000 a 45.000 espectadores.

Pero está en otra liga comparado con las joyas arquitectónicas de EE.UU. -donde se han reciclado muchos estadios de fútbol americano- o de México.«Ya estamos muy satisfechos con haber acogido el Mundial, esto es impresionante para nosotros», añade.Canadá se despedirá del Mundial este martes, en el partido de octavos de Vancouver, la última cita en su territorio. Pero habrá que ver si su Selección prolonga la alegría y se mantiene en el torneo.Este Mundial ya es histórico para el equipo canadiense.

Hasta ahora solo había participado en los torneos de México '86 y Qatar '22. Contaba sus partidos por derrotas.

Ahora ha logrado su primera victoria mundialista, su primera clasificación para eliminatorias y, como guinda, se ha colado en octavos luego de derrotar a Sudáfrica . Se miden a Marruecos en Texas y acuden a dar la sorpresa. «Si Paraguay derrotó a Alemania, ¿por qué no?

Esto es fútbol puede pasar cualquier cosa», asegura Shane, otro canadiense vestido con la zamarra de su selección.«Tenemos ganas de revancha», dice Serson, de The Voyageurs, recordando la derrota contra los marroquíes en Qatar. Y, al más puro estilo canadiense, explica el estado de ánimo de la hinchada ante el partido: «Optimismo cauto».