Algo pasa en Torreón.Bueno, en realidad todos los días sucede algo, lo propio y lo impropio, lo esperado y lo inesperado. La política, considerada ciencia y hasta arte, nos impacta, influye en nuestra vida para bien y para mal.En general, ni cómo dudarlo, la gente (esa masa anónima permanente), descalifica con dureza y rudeza la inmensa mayoría de las decisiones gubernamentales.

Y esto es a diario, en todos lados y en todos los estratos sociales, sin remedio. De ahí que las famosas encuestas que dan a conocer elevados niveles de aprobación a uno una u otro personaje, no necesariamente corresponden a la realidad.Torreón tiene, hace apenas 48 horas, un alcalde que sustituyó al fallecido Román Alberto Cepeda González.

Miguel Ángel Riquelme asumió por segunda vez el cargo y, pese a la ene cantidad de comentarios negativos a su persona, es el presidente municipal porque así lo decidió el gobernador Manolo Jiménez y el congreso del estado lo aceptó. Riquelme conducirá los destinos del municipio por los próximos 18 meses (hasta el último día de diciembre de 2027).

Él sabe que no habrá pretextos ni razones válidas para fallar. Conoce muy bien los problemas, las broncas, los olvidos, las grillas y la negligencia con que han ejercido sus tareas desde el edificio de la Plaza Mayor no pocos funcionarios y servidores públicos.Sí, Torreón exige atención en los rubros que la gente señala desde hace tiempo.

Puntos importantes: transporte público más que un lastre, calles y banquetas en pésimo estado, árboles con ramales crecidos que estorban e impiden un tránsito de peatones y vehículos, los embotellamientos a lo largo y ancho de Torreón, la inoperancia de haber prohibido las vueltas a la izquierda en un montón de calles, mala sincronización semafórica, el abandono de plazas públicas, la desatención y depauperización de colonias populares y lo lastimoso de otras tantas, la creciente contaminación, la proliferación de giros negros, la inexplicable -por frustrada- obra del Metrobús, la multiplicación (ilegal) de centros de rehabilitación y albergues para personas adictas, el titipuchal de basura y escombro. Pero hay otros puntos no menos importantes: la impostergable profesionalización del servicio público por parte de funcionarios y empleados (sindicalizados y de confianza), la aplicación de exámenes de control y pruebas toxicológicas –antidoping- a una diversidad de elementos burocráticos y de seguridad (policías, pues), mejorar el fondo y forma de la comunicación institucional y social (agresiva e irrespetuosa campaña que llama “cochino” al vecino que tira basura), limitar los gastos de representación de determinados “funcionarios”, consensar los planes de obras urbanas, remodelación y restauración de edificios públicos.Hay dos temas prioritarios: 1.

Que la seguridad pública lo sea en los hechos y no en la declaracionitis. Que la gente no sienta temor con la presencia de policías de la DSPM.

Que no haya más abusos de patrulleros policiacos y de vialidad que detienen, levantan y roban a parejas heterosexuales, homosexuales, transeúntes, motociclistas, ciclistas y a choferes de taxis y transporte de plataformas. Que revises, por favor, las denuncias de estos atropellos ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

Y 2. Que del Instituto Municipal de Cultura y Educación (IMCE) se vea fortalecido con una mejora sustancial de lo que son sus edificios, instalaciones, bibliotecas, centros culturales, promoción, difusión, capacitación y profesionalización de su personal.

OJO: el Centro Cultural del Norte, que deseo termines en su proyectada remodelación y adecuación de espacios y posterior puesta en marcha, no sea manoseado por decisiones inapropiadas y nazca atrofiado. El talento y capacidad para darle vida y sostenibilidad existen, pero requiere de criterios ajenos al amiguismo y relaciones de conveniencia y hasta partidista.

En resumen, Riquelme, acaricia la gran oportunidad de poner orden en Torreón, de enriquecer su historia, de transformar su presente para darle solidez a un futuro que a diario se construye. Que haya serenidad, lucidez y prospectiva en tu gobierno municipal.Y que en Torreón ya no pase lo que ha pasado y que ha significado una pérdida de identidad y espíritu desde los años 90, sino darle un mejor rumbo y armonía en su desarrollo.

Más sentido humano.