Las primeras “conversaciones” entre una madre y su bebé podrían ofrecer pistas sobre la salud mental del niño años después. Un estudio publicado en la revista PLOS One encontró que la rapidez con la que las madres responden a las vocalizaciones de sus hijos durante el primer año de vida se asoció con una menor probabilidad de que los menores recibieran, a los siete años, un diagnóstico de trastorno por hiperactividad o de conducta.La investigación analizó videos de interacción entre madres y bebés de 12 meses que formaban parte del Avon Longitudinal Study of Parents and Children (ALSPAC), un estudio que sigue el desarrollo de miles de familias en el Reino Unido desde principios de la década de 1990.

Posteriormente, los investigadores compararon esas grabaciones con las evaluaciones psiquiátricas realizadas cuando los niños tenían siete años.El objetivo no era medir cuánto hablaban las madres o los bebés, sino cómo respondían uno al otro. Para ello, los investigadores calcularon la probabilidad de que la madre respondiera después de que el bebé emitiera una vocalización y también la probabilidad de que el bebé respondiera a la madre.Luego de analizar distintos intervalos de tiempo, el equipo encontró que el momento más relevante era el primer segundo después de que el bebé vocalizara.

Las madres que respondían con mayor frecuencia dentro de ese lapso tenían hijos con menor probabilidad de recibir posteriormente un diagnóstico psiquiátrico.En cambio, el tiempo que tardaban los bebés en responder a sus madres no mostró una relación con los diagnósticos posteriores. Los investigadores determinaron que, para las respuestas infantiles, el intervalo que mejor describía la interacción era de ocho segundos, pero esa medida no permitió anticipar trastornos en la niñez.Al examinar los distintos diagnósticos por separado, la asociación apareció únicamente en los trastornos por hiperactividad y en los trastornos de conducta.

El estudio no encontró evidencia de una relación similar con los trastornos del espectro autista ni con los trastornos emocionales, como la ansiedad o la depresión.Los autores también analizaron si factores como el sexo del niño o el nivel educativo de la madre podían explicar los resultados. No obstante, la relación entre una respuesta materna más rápida y un menor riesgo de diagnóstico se mantuvo después de considerar esas variables.Los investigadores señalan que la rapidez con que una madre responde forma parte de lo que se conoce como respuesta contingente, es decir, una interacción en la que el adulto responde poco después de que el bebé emite un sonido o una conducta.

Según el artículo, este tipo de intercambio ayuda a que el niño reciba una retroalimentación predecible durante sus primeras experiencias de comunicación.El estudio plantea que medir este aspecto específico de la interacción podría contribuir a identificar de forma temprana a niños con mayor riesgo de desarrollar algunos trastornos psiquiátricos y orientar intervenciones dirigidas a fortalecer la comunicación entre cuidadores e hijos.Los autores advierten que el estudio es observacional y que sus resultados muestran una asociación, no una relación de causa y efecto. Asimismo, reconocen que algunos grupos diagnósticos fueron pequeños, por lo que consideran necesario confirmar estos hallazgos en investigaciones con muestras más amplias.