Raúl Cañizá, padre de Cristian, relató el duro proceso de enterarse de que su hijo se dirigía a un conflicto bélico internacional. “A fin de año me sale con que se iba a Europa, pero nunca definía dónde”, explicó. La realidad golpeó a la familia un lunes por la mañana, cuando Cristian ya estaba en pleno vuelo hacia Panamá. “Me manda una foto del avión... le llamo y me atiende: ‘Estoy llegando a Panamá’, me dice riéndose”, recordó el padre.

Para evitar la angustia de sus seres queridos, el joven remarcó inicialmente la versión de que viajaría a Colombia y posteriormente a España por una supuesta oferta laboral. No obstante, el itinerario real contempló una estadía de más de veinte días en suelo colombiano -donde presuntamente contactó con los reclutadores a través de internet-, para luego trasladarse vía Turquía con destino a Kiev.

De acuerdo con el testimonio de Raúl Cañizá, el joven no sufría de necesidades económicas en Paraguay, ya que registraba antecedentes laborales estables de varios años en una empresa constructora y, más recientemente, en el ámbito del derecho. No obstante, se presume que fue captado digitalmente y seducido por una propuesta económica atractiva que escalaba según la peligrosidad de las funciones.

La organización militar extranjera ofrece distintas categorías de ingresos. En la retaguardia, donde supuestamente Cristian iba a desempeñarse operando drones a una distancia considerable del conflicto, el pago promedio oscilaba los 2.500 dólares mensuales.

En contraste, las posiciones asignadas directamente en la primera línea del frente de batalla alcanzan sumas de entre 4.500 y 4.800 dólares o euros. “Te hacen firmar un contrato... no es un pago mensual fijo, sino que van sumando depende de cuántos días estuviste allá en el frente”, explicó el padre. Meses antes de partir, Cristian experimentó un notable cambio físico, intensificando sus rutinas de gimnasio y boxeo, una preparación que hoy la familia comprende que formaba parte de su plan de alistamiento.

En las pocas comunicaciones y fotografías que envió al principio, comentaba que compartía escuadrón con voluntarios provenientes de Uruguay, Brasil, México y Argentina, y que por su fisonomía solían confundirlo con un ciudadano ucraniano. La fluidez de las comunicaciones disminuyó drásticamente con el correr de las semanas.

El último contacto directo con su padre sucedió hace 21 días, oportunidad en la que el combatiente advirtió que podría permanecer incomunicado durante uno, dos o tres meses debido a un traslado de tropas. Rodrigo, hermano de Cristian, es quien monitorea los mapas y el posicionamiento satelital.

En las últimas horas, la preocupación familiar se incrementó luego de confirmarse que el joven fue movilizado desde la retaguardia, aparentemente, hacia zonas de combate directo. “Yo le dije: ‘¿pero dónde está ahora?’ ‘No te quiero ni contar’, me expresó. ‘Vas a buscar y vas a encontrar, no es nada bueno donde está’”, le expresó Rodrigo a don Raúl, cuyo único deseo actual es el pronto retorno de su hijo Cristian. “No sé qué va a pasar. Lo único que quiero es que venga”, concluyó.