Como protagonistas de primer plano en la producción y distribución internacional de drogas, las organizaciones criminales mexicanas, en particular los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, son desde hace tiempo actores dominantes en el narcotráfico en Europa a través de alianzas estratégicas con mafias locales, como la Ndrangheta italiana o grupos del Este.No obstante, aunque el Servicio de inteligencia Exterior ruso acusó a Ucrania de mantener vínculos con los cárteles mexicanos para facilitar el tráfico de sustancias estupefacientes en el Viejo Continente, no existen evidencias que avalen esa denuncia, según expertos y organizaciones especializadas en el fact-checking o verificación de hechos.“En este momento no hay evidencias investigativas consolidadas, ni de parte de las principales agencias europeas, ni de organismos internacionales como Europol (Oficina Europea de Policía) o Unodc (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito), que confirmen la existencia de una colaboración estructurada entre las autoridades o aparatos ucranianos y los cárteles mexicanos”, expresó a MILENIO el experto Antonio Nicaso.Profesor de Historia Social de la Criminalidad Organizada en la Universidad de Queen (Canadá) y uno de los principales expertos sobre la Ndrangheta, Nicaso resaltó que las acusaciones rusas deben ser evaluadas con “mucha prudencia”, pues “en contextos de guerra la información es a menudo parte integrante del conflicto y puede ser utilizada también como instrumento de propaganda”.También el fiscal de Nápoles, Nicola Gratteri, quien ha encabezado operativos que han desmantelado redes de colaboración entre mafias italianas y cárteles mexicanos (como la operación Solare, que en 2008 desbarató una alianza entre el cártel del Golfo y la Ndrangheta), confirmó a MILENIO no tener ninguna información que avale la denuncia del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia.En un comunicado del pasado 29 de junio ese organismo acusó a Ucrania de mantener vínculos con cárteles mexicanos y otros grupos criminales latinoamericanos para favorecer tanto el ingreso de droga en Europa, como la llegada de mercenarios que combaten en sus filas en el conflicto contra Moscú.Organizaciones especializadas en el fact-checking o verificación de hechos, como EUvsDisinfo (integrada por expertos que forman parte del servicio diplomático de la Unión Europea) o Snopes (un sitio web dedicado en combatir la desinformación), dijeron en sus respectivas páginas digitales que no ha sido presentada ninguna prueba creíble a favor de las afirmaciones rusas, ni han sido encontrados indicios de operaciones a larga escala de esas denuncias.También la embajada de Ucrania en México desmintió en un comunicado al Servicio de Inteligencia ruso y condenó lo que calificó como “la más reciente campaña de desinformación propagada por el gobierno de la Federación Rusa”.“Incapaces de responder con argumentos sólidos y verdades verificables ante las investigaciones periodísticas imparciales, como la reciente y rigurosa cobertura de la prensa mexicana que expone cómo la propia red transnacional rusa opera para proveer de armas de alto poder a organizaciones criminales en Jalisco y Sinaloa, las autoridades del Kremlin optan por fabricar cualquier narrativa fantástica, divorciada por completo de la realidad”, señala la representación diplomática de Ucrania.Zonas de entrenamiento“Ello no significa que el conflicto no haya creado nuevas vulnerabilidades. Toda guerra produce zonas grises, debilita los controles y genera oportunidades que pueden ser explotadas por grupos criminales transnacionales”, explicó Nicaso.Expresó que es posible que individuos, redes oportunistas o intermediarios hayan buscado aprovechar la inestabilidad creada por el conflicto en Ucrania. “No obstante, entre episodios aislados y la existencia de una cooperación sistemática existe una diferencia sustancial y hasta el momento no hay pruebas judiciales que avalen la denuncia rusa”.El especialista recordó que el conflicto ucraniano ha atraído combatientes, voluntarios e individuos provenientes de contextos muy diversos y que algunas fuentes investigativas han confirmado que personas cercanas a ambientes criminales han buscado adquirir experiencia operativa en ese teatro de guerra, en particular en el uso de drones en escenarios bélicos.“También en este caso, no se trata de elementos que demuestren una colaboración entre el Estado ucraniano y los cárteles de la droga, sino la confirmación de que las organizaciones criminales transnacionales observan con mucha atención las innovaciones tecnológicas desarrolladas en los conflictos contemporáneos”, añadió.En América Latina, recordó el experto, múltiples cárteles disponen ya de unidades especializadas, los llamados droneros, encargados de utilizar esos aparatos voladores para el transporte de estupefacientes, el monitoreo de las actividades de las fuerzas del orden, la vigilancia de territorios en disputa y, cada vez más a menudo, con finalidades ofensivas.Subrayó que en México algunos grupos criminales han transformado los drones en verdaderas plataformas de ataque, equipándolos con explosivos de construcción artesanal.

Nicaso y Gratteri son coautores de diversos libros sobre el fenómeno de la criminalidad organizada transnacional. En uno de sus últimos títulos, Cartelli di sangue (Cárteles de sangre), señalan que la droga producida en América Latina inunda las principales plazas de venta en Europa y entra principalmente por los puertos de Amberes (Bélgica), Rotterdam (Países bajos), Gioia Tauro (Italia) y Algeciras (España).Según los expertos, los cárteles mexicanos miran con atención a Europa ya no solo para la exportación de estupefacientes, sino también con el objetivo de construir en su suelo laboratorios de drogas sintéticas, aunque se mueven con cautela para “no pisar los pies” de organizaciones criminales locales.

Con información de: Ángel Hernández