Llegar a Venezuela es una aventura desde el minuto cero. Primero, un vuelo de Madrid a Bogotá... con la incertidumbre de si íbamos a poder volar o no.

Porque a bordo de ese primer avión iban bomberos y demás personal de emergencias. Así que ellos tenían prioridad... ya que una semana después siguen llegando equipos extranjeros porque el país está desbordado.Eso para llegar a Bogotá.

Pero es que después volábamos desde la capital de Colombia a Valencia, la ciudad más importante de Carabobo. El aeropuerto de Caracas sigue inoperativo y la solución es pasar por Valencia.

Y ese trayecto... tampoco ha sido fácil. La aerolínea ha bloqueado parte de los asientos para poder transportar combustible extra en caso de emergencia.

¿Por qué? Pues por temor a otra réplica, a otro terremoto que obligue a cambiar la ruta.Mira, en ese segundo avión volamos con profesionales de Grecia, Francia, Suiza, Reino Unido...

Mildos es griego y viene con otros tres compañeros dispuestos a ayudar. Tienen una empresa de drones que van a poner a disposición de los equipos de rescate.

Va uniformado con una gorra naranja y con la bandera de Grecia dibujada en su chaqueta. Sabe cuándo va a iniciar su tarea, pero no cuándo va a finalizar.

No tienen billete de vuelta. Dice que está preparado para todo lo que va a vivir, pero tiene muy claro que tiene que dejar de lado sus emociones.El país está a 'flor de piel'.

A las penurias del último cuarto de siglo se le une ahora una tragedia natural que se lleva de un plumazo miles de vidas y el 10% del PIB. Un dinero que Venezuela no tiene.

No hay dinero para los servicios de rescate, menos aún para pensar en la reconstrucción. Hay indignación, hay tristeza y hay resignación.

En la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, decenas de estudiantes se unen para recolectar insumos, ropa, comida, bebidas y palas…. Bajan todos los días a la zona cero de la Guaira para ayudar a los rescatistas, a las familias que deambulan con la mirada perdida y aprovechan para 'escuchar' los escombros. 300 estudiantes, compañeros suyos, están desaparecidos.El 24 de junio era festivo nacional en Venezuela y mucha gente se fue a la playa.

El doble terremoto les enterró entre edificios que se desplomaron como una torre de naipes. ¿Dónde está el ejército?

¿Dónde está la maquinaria pesada? ¿Dónde está la ayuda?

El régimen no responde porque no puede, demasiados años de latrocinio. Un relato que ha terminado estrellado contra la realidad: Venezuela entre el caos del horror y la esperanza de un nuevo amanecer que lo abrace todo y que haga olvidar la propaganda.