Llevaba auriculares. Ella misma expresó que era autista.

Y no obstante, la profesional de salud que la atendió en una guardia la miró como si eso fuera una molestia, no una información. Cuando me lo contó, lo que más me golpeó no fue el episodio en sí —que escucho una y otra vez entre las injusticias que vive nuestra comunidad— sino la frase que vino después: “No voy a volver más.”La maltrató verbalmente durante la atención. “Yo ya le había dicho que era autista y que tenía sensibilidad auditiva”, me contó.

La médica le hablaba fuerte, casi gritándole. Cuando no recordaba de memoria la dosis exacta de algún medicamento, la interrumpía, no le daba tiempo ni a pensar: “¿Sabés o no sabés?” —presionándola, despectiva.

Ella tenía todo para mostrarle, los remedios en la cartera, el historial en el sistema. No importó.

Luego me expresó: “Me pongo a pensar en alguien que llega en crisis.”Estas palabras deberían interpelarnos. Porque cuando una persona deja de acudir a un servicio de salud por miedo a ser maltratada, el problema ya no es individual.

Es social y de formación.Quien se adentra en el mundo del autismo rara vez encuentra un camino señalizado. La mayoría de las familias comienza con una pregunta y continúa durante años buscando respuestas.

Van de un consultorio a otro, de un profesional a otro, tanteando posibilidades, aprendiendo a fuerza de ensayo y error, intentando comprender aquello que nadie les enseñó. Y muchas veces, cuando al fin encuentran un espacio de formación o un evento donde compartir experiencias, se topan con un muro nuevo, el costo.La información no debería ser un privilegio, sí un instrumento para ejercer derechos.

Y en un contexto donde las estadísticas muestran las enormes dificultades de acceso al empleo que atraviesan las personas autistas, el 80 % continúa desempleada, el aspecto económico se convierte en una barrera más dentro de un recorrido que ya está repleto de obstáculos.Necesitamos una sociedad que conozca para poder convivir más digno. Docentes que sepan cómo acompañar con sus recursos disponibles a un alumno autista dentro del aula.

Profesionales de la salud que brinden una atención respetuosa. Quienes gobiernan y legislan que conozcan el impacto real de sus actos sobre la vida cotidiana de las personas, porque las autistas seguimos expuestas a situaciones laborales o de cualquier ámbito de la vida que no comprendemos del todo, solas frente a un sistema que no fue diseñado para nosotros.

Por eso la judicialización de la discapacidad no es un tema menor, es una deuda que la sociedad tiene con quienes más la necesitamos. Los cambios verdaderos no surgen cuando aparece un caso que conmueve, se dan cuando una comunidad decide dejar de reaccionar para empezar a construir.Mientras tanto, a las familias y a las personas autistas se les exige adaptarse, demostrar, justificar, presentar certificados, atravesar filtros.

Lo que buscamos no son cartillas ni materiales de difusión corporativa. Necesitamos respuestas concretas, cambios que impacten de verdad en nuestras vidas.

Porque no es lo mismo trabajar para la comunidad autista que hacer un negocio sobre ella. Así nació la Cuarta Cumbre Latinoamericana de Autismo.

Una cumbre suele asociarse con presidentes y cancilleres, con países que se reúnen para debatir el futuro de una región. Aquí, sumamos el aporte de quienes llevan años estudiando, investigando, trabajando y defendiendo derechos, junto a nuevas voces que traen miradas actualizadas, para compartir lo aprendido y poner ese conocimiento al servicio de la comunidad.Los días 26 y 27 de agosto, en el Centro Cultural Provincial de Santa Fe, referentes de distintos países de América Latina se reunirán para abordar los desafíos más actuales en educación, salud, justicia y derechos humanos vinculados al autismo.

Una iniciativa que llevan adelante juntos APAdeA Central (Asociación Argentina de Padres de Autistas), ALaFe (Autismo Latinoamérica Federación), el Foro Santafesino, Agrupaciones Unidas en Discapacidad de Santa Fe, FAdeA (que integra Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Misiones). Y quizás su rasgo más importante no figure en el programa académico, la participación será libre y gratuita.

No se trata solamente de escuchar exposiciones, más bien impulsar respuestas. De que una familia no vuelva a su casa con más preguntas que las que tenía al llegar, o un docente encuentre recursos concretos para su aula y un profesional de la salud pueda comprender mejor a la persona que tendrá delante.

Porque las dificultades económicas no detienen las necesidades de las familias. Y aun en el contexto difícil que vivimos, desde APAdeA y las organizaciones que conforman esta cumbre decidimos redoblar el compromiso.

Por nuestros hijos, por las personas autistas de hoy y por las generaciones que vendrán.Tal vez ese sea el verdadero sentido de una cumbre, hacer que ese conocimiento llegue, sin barreras, a quienes más lo necesitan. Si el conocimiento se comparte, deja de ser información convirtiéndose en una oportunidad.

Y, como resultado, en un derecho ejercido.“El momento es siempre correcto para hacer lo que es correcto.” — Martin Luther King Jr.Sumate: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfttmUxu-4P5raZZb94xEQKdADqw5jfa1OSFN5s6oqMEeX3dA/viewform