Santo Sepulcro, entre lo terrenal y lo divino - Viajes

La basílica del Santo Sepulcro se eleva en el barrio cristiano de la Ciudad Vieja de Jerusalén, al que se llega luego de cruzar un laberinto de callejuelas adoquinadas. La aventura comienza en la muralla otomana: la Puerta de Jaffa es la más concurrida, aunque también se puede acceder desde la Puerta de Damasco o la Puerta de Sion.
Una vez dentro de este entramado histórico, las señales y el andar de los peregrinos guían sin dificultad hacia el sitio más sagrado del cristianismo donde convergen a la perfección la fe, el arte y la historia. La ubicación exacta es inconfundible: la gran fachada románica.
Sus dos altas puertas conducen a una pequeña plaza siempre animada por visitantes de todo el mundo. Al recorrer los pasillos de la basílica, el viajero descubre que cada rincón encierra una historia.
Desde los mosaicos bizantinos que cubren las paredes hasta las cruces grabadas por los peregrinos medievales, el Santo Sepulcro es un libro abierto con líneas que mezclan arte, historia y fe. Quien se adentra en sus estancias termina por comprender que este lugar es un escenario vivo donde el pasado resuena con la misma fuerza que el presente.
Y es que cruzar el umbral del Santo Sepulcro es adentrarse en un espacio donde la luz filtrada por las cúpulas y las velas crean juegos de sombras que danzan sobre el mármol y toneladas de piedras. Imposible no emocionarse nada más al entrar y con la bienvenida de la Piedra de la Unción, una losa flanqueada por lámparas de aceite que perpetúan una tradición inmemorial.
Según historiadores locales esta rocarecibió el cuerpo de Cristo después de se bajado de la cruz. La basílica es un mosaico de capillas y rincones con íconos dorados y pinturas al óleo.
Cuatro estaciones del vía crucis se despliegan en su interior. Pero el más llamativo de los espacios y al que toda visita desea llegar es el Edículo, el corazón del templo.
Está en el centro de una gran rotonda. Se trata de una estructura de mármol que custodia el sepulcro vacío.
Fue reconstruido en el siglo XIX luego de un incendio. Su fachada está adornada con columnas y lámparas que cuelgan del techo, creando un ambiente de profundo recogimiento.
En su interior se despliegan dos pequeñas estancias: la primera, conocida como la Capilla del Ángel, alberga un fragmento de la piedra que selló la tumba; la segunda, el Sancta Sanctórum, el más sagrado de los sitios internos: se ve una cámara reducida donde una losa de mármol cubre el lecho funerario. Los peregrinos suelen hacer cola durante horas para acceder a este espacio, donde la emoción y el silencio se funden en unos 30 segundos inolvidables.
Seis comunidades cristianas tienen a su cargo la compleja administración del Santo Sepulcro. Éstas conviven bajo reglas, algunas hasta no escritas.
El gobierno de esta basílica está repartido entre la Iglesia Católica, representada por los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, comparte la custodia con la Iglesia Ortodoxa Griega y la Apostólica Armenia. También están la Ortodoxa Copta, la Siríaca y la Etíope.
Cada una tiene asignadas sus propias capillas, horarios de culto y procesiones. Un dato curioso de esta coexistencia está representada con la famosa escalera de madera apoyada en una ventana del exterior, que permanece inamovible desde el siglo XVIII.
El viajero puede observar a los monjes de diferentes hábitos, entre los marrones de los franciscanos, los trajes negros de los ortodoxos y los elaborados ropajes de los armenios, todos con sus rituales en un espacio común. Cualquier cambio deberá contar con el consenso de todos los líderes de las comunidades cristianas.
De hecho, parte de la basílica está siendo reparada luego más de 200 años luego de largas conversaciones. Curiosamente, las llaves del Santo Sepulcro son administradas por dos familias musulmanas, también como muestra de equilibro entre las ramas cristianas que conviven en la basílica.
Una custodia las llaves y la otra tiene a su cargo la apertura y cierre de las puertas. La mejor temporada para recorrer Jerusalén, previo ingreso vía Israel, y el Santo Sepulcro coincide con la primavera en Medio Oriente (de marzo a mayo) y el otoño (de septiembre a noviembre).
Llegar hasta el sitio más sagrado del cristianismo en abril permite, asimismo, asistir si coincide a las celebraciones de Semana Santa, cuando la ciudad se engalana y los rituales alcanzan su máxima expresión, aunque también es el momento de mayor afluencia de visitantes. Abre a las 4:00 y cierra a las 19:00.
Si el viajero prefiere una visita más tranquila lo mejor es coincidir con días laborables: se evitan aglomeraciones y se disfrutar de una visita más pausada. viviana@abc.com.py
Información de ABC Color (Paraguay). Edición y redacción: Noticias Today.
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