Casi cualquier gestión puede resolverse desde una pantalla, como comprar ropa o mantener reuniones de trabajo, recibir atención profesional… y podría parecer que las consultas presenciales están destinadas a perder terreno frente a las opciones online, pero lo cierto es que no y la realidad apunta en otra dirección. Muchos pacientes siguen prefiriendo acudir físicamente a la consulta de un psicólogo, un médico o un nutricionista.

Para la psicóloga Silvia Vidal, experta en ansiedad y trauma y autora de 'Abraza tus miedos', esta elección tiene una explicación que va más allá de la costumbre o las preferencias personales y conecta con una necesidad profundamente humana."Creo que estamos un poco empachados de pantallas", resume. A su juicio, "la revolución digital ha traído consigo numerosas ventajas”, pero también ha impulsado una lógica basada en la optimización constante del tiempo.

"La era digital nos vendió esa idea de la optimización del tiempo, de para qué te vas a desplazar si lo puedes hacer todo en un clic a través de una pantalla", explica. Se puede comprar ropa, hacer terapia… incluso ver a los tuyos a través de una pantalla.

La comodidad es indiscutible. Vidal no solo la reconoce, sino que se declara una firme defensora de las posibilidades que ofrece el formato online.

"Yo soy fiel defensora, por ejemplo, de la terapia online o de reuniones online. Mi trabajo principalmente es online y creo que podemos sacar muchísimos beneficios", asegura.

No obstante, considera que en esta búsqueda de eficiencia existe un aspecto que con frecuencia queda relegado a un segundo plano.Somos seres sociables por naturaleza"Se nos olvida algo, un pequeño detalle, que es el detalle biológico, y es que somos seres sociales y necesitamos conectar con las personas", señala. Para la especialista, la creciente valoración de la presencialidad no implica un rechazo a la tecnología, sino la constatación de que determinadas necesidades humanas siguen requiriendo algo más que una conexión a internet.

Por eso defiende la convivencia de ambos formatos. "Muchas personas, por mucho que trabajemos online, tenemos que seguir apostando también por lo presencial", afirma.

Aunque reconoce que la atención remota aporta flexibilidad y facilita el acceso a múltiples servicios, sostiene que no siempre puede sustituir el valor emocional de la presencia física. "El online es muy cómodo, tiene muchísimos beneficios, pero también necesitamos esa conexión".Esa necesidad se hace especialmente evidente en ámbitos relacionados con la salud y el bienestar emocional.

Vidal explica que una consulta online puede generar perfectamente un espacio seguro y de confianza, pero hay circunstancias en las que la presencia física aporta elementos difíciles de reproducir a través de una pantalla. "Cuando no tienes red de apoyo, no sientes con nadie esa calma de 'sé que te tengo aquí', e igual echas de menos un abrazo o simplemente tener a alguien cerca", explica.

La diferencia, según apunta, no radica únicamente en las palabras que se intercambian durante una sesión; es en la experiencia de compartir físicamente un espacio con otra persona.Para la psicóloga, este aspecto tiene incluso una dimensión biológica. "Esa conexión humana, esa conexión en la que el sistema nervioso se regula, se calma en compañía", describe.

La sensación de contar con alguien cerca puede convertirse en un elemento relevante para personas que atraviesan momentos de soledad o que carecen de una red de apoyo sólida en su entorno cotidiano.Un acto de autocuidadoMás allá de la interacción con el profesional, Vidal destaca otro factor que suele pasar desapercibido: el ritual asociado a acudir presencialmente a una cita. En un contexto en el que cada vez más actividades se realizan desde casa, salir para asistir a una consulta puede convertirse también en un acto de autocuidado.

"Si estamos en casa, trabajamos online, no salimos, incluso nos ponemos el chándal o una ropa que no nos gusta", comenta. Frente a esa dinámica, la preparación previa a una cita presencial adquiere un significado diferente.

"Cuando sales dices: mira, me voy a poner una ropa que me gusta, voy a caminar, me va a dar el aire", señala.Se trata de pequeños gestos cotidianos que ayudan a establecer una pausa dentro de la rutina y a dedicar un tiempo específico al propio bienestar. No es únicamente la consulta lo que importa, sino también todo aquello que la rodea: el desplazamiento, el cambio de escenario y la sensación de reservar un momento para uno mismo.Un espacio libre de interrupcionesLa especialista menciona asimismo otra ventaja de la presencialidad: disponer de un espacio protegido de interrupciones.

"Vengo a este espacio y yo sé que aquí este es mi momento", explica. Aunque considera que este aspecto es menos relevante que la conexión humana, reconoce que para algunas personas supone una ayuda importante frente a las distracciones y obligaciones que pueden surgir en casa.Con todo, Vidal insiste en que el elemento central sigue siendo el mismo.

"Yo creo que lo más importante de todo esto es esa conexión, el tú a tú, el poderte tocar si lo necesitas", afirma. Eso no significa que la presencialidad sea la mejor opción para todo el mundo.

La psicóloga reconoce que existen personas que se sienten más cómodas manteniendo cierta distancia física y encuentran en el formato online un entorno más seguro. "Hay personas que esto no les gusta y por eso gusta tanto el online, porque se sienten más cómodas", señala.Pero también existen quienes experimentan la situación contraria.

Personas para las que la cercanía física, la compañía y el contacto humano continúan teniendo un valor difícil de sustituir. "Hay otras personas que sienten más soledad y que sí que necesitan esta conexión", concluye.

La persistencia de la demanda de consultas presenciales parece recordar que la comodidad y la eficiencia no siempre son los únicos factores que determinan nuestras decisiones. A veces, la necesidad de sentir a alguien cerca sigue pesando más que cualquier ventaja tecnológica.