Argentina - Jordania: Dallas, entre el durísima adiós de Diego Maradona y el sueño de Lionel Messi
DALLAS, Estados Unidos (enviado especial).- La camiseta número 10 de Diego Maradona vuelve a aparecer frente a la entrada del hotel. Esta vez no la lleva el capitán de la selección argentina, sino un hincha que se detiene unos segundos antes de seguir camino.
Alrededor, la escena es la de cualquier hotel de lujo en plenas vacaciones de verano: gente que llega con valijas, familias que entran y salen y empleados que acomodan los autos en la puerta. Nadie parece reparar en que ese edificio, rodeado por árboles y campos de golf, fue testigo de una de las escenas más dolorosas de la historia del fútbol argentino.Hoy se llama “The Ritz-Carlton Dallas, Las Colinas”.
En 1994 era el Four Seasons Resort. Allí Maradona pronunció la frase que marcaría el final de su trayectoria en la selección: “Me cortaron las piernas”.
En la misma ciudad, Lionel Messi actuará este sábado frente a Jordania, a las 23 de la Argentina, con la ilusión de seguir agrandando su leyenda donde Maradona vivió el final más duro posible.A unos 25 kilómetros del centro de Dallas, el hotel parece otro. Hoy reina la calma, muy lejos de aquel lugar donde hace 32 años todo era un caos.
Algunos argentinos eligieron hospedarse allí sin saber que, en esos mismos pasillos, Maradona pasó sus últimas horas como futbolista de la selección, apenas dos días después de que FIFA lo expulsara del Mundial por un caso de dopaje que todavía genera polémica. Su vuelta al equipo nacional se había dado unos meses antes, en el repechaje frente a Australia que clasificó a la Argentina para el Mundial, luego de que el 10 cumplira una suspensión de 15 meses.
En Estados Unidos apenas pudo jugar dos partidos: consiguió un gol en el 4-0 a Grecia y, ante Nigeria, movió rápido un tiro libre y dejó a Claudio Caniggia solo frente al arquero para el 2-1.Dos noches antes del enfrentamiento con Bulgaria en Dallas, Maradona había recibido la noticia en su cuarto –lo compartía con Jorge ‘Cacho’ Borelli– del Babson College, de Boston, búnker del plantel durante el Mundial. Pero todavía faltaba la confirmación oficial.
Hasta ese momento se sabía que uno de los dos futbolistas elegidos para el control antidopaje del partido con Nigeria había dado positivo, y restaba confirmar si se trataba de Maradona o del defensor Sergio Vázquez, que habían sido sorteados luego de el encuentro.Durante meses Maradona se había preparado por su cuenta y había mostrado por televisión los avances de su recuperación, y parecía haber dejado atrás su adicción a las drogas. Pero la imagen con la que dejó la cancha del Foxboro Stadium apuntó todas las miradas a él.
La escena, en la que salía tomado de la mano de la voluntaria estadounidense Sue Ellen Carpenter, recorrió el mundo y durante años alimentó todo tipo de teorías. Tiempo después se supo que Carpenter había ingresado al campo por pedido de Roberto Peidró, el médico de la selección.
Después de sacar la bolilla que confirmó que el 10 había sido sorteado para el control, Peidró se cruzó con la mujer, que le contó que había tenido un novio argentino. Entonces le propuso que se acercara para conocerlo y de paso saliera en las tapas de los diarios, sin imaginar lo que ocurriría poco después.El tercer partido era frente a Bulgaria, en el Cotton Bowl, de Dallas.
Mientras el DT Alfio Basile seguía preparando el equipo con Diego entre los titulares y el propio capitán daba entrevistas en las que remarcaba de la importancia de que la selección terminara primera en el grupo, Julio Grondona intentaba que Maradona recibiera apenas una fecha de suspensión o, en el mejor de los casos, hubiera una multa a AFA. Durante la contraprueba, realizada en Los Ángeles, Peidró detectó una irregularidad que, por un momento, alimentó la esperanza de revertir la sanción.
El frasco de la muestra de orina tenía una etiqueta que marcaba las sustancias detectadas, algo que el procedimiento no permitía. Grondona evaluó apoyarse en ese error para salvar a Maradona.
Pero no lo consiguió.El nuevo análisis también arrojó resultado positivo, por efedrina. Con el paso de los años, la explicación más aceptada fue de que la sustancia había ingresado al organismo de Maradona a través de un suplemento de venta libre llamado “Ripped”, un quemador de grasas que el dietólogo Daniel Cerrini le había suministrado en gotas sin haber informado al cuerpo médico.
El producto tenía dos versiones y Diego consumió la que contenía pseudoefedrina. La cantidad detectada era tan baja que, luego de un cambio en el reglamento, efectuado años después, hoy representa apenas una décima parte del máximo permitido.Esa noche, en este mismo hotel, reunió a los dirigentes que integraban la delegación para definir los pasos por seguir.
Entre ellos estaban Eduardo Deluca, de Defensores de Belgrano -luego, secretario de la Conmebol, condenado a prisión domiciliaria por el FIFAgate hasta su muerte, ocurrida en 2022-; Pablo Abattangelo, de Boca, y Fernando Miele, de San Lorenzo. Finalmente, en una nota enviada a Joseph Blatter, entonces secretario general de FIFA, AFA comunicó el retiro de Maradona del Mundial y dejó abierta la posibilidad de analizar el caso más adelante.La frase dicha ante Adrián PanzaEl desenlace es conocido: Argentina perdió por 2-0 contra Bulgaria en el Cotton Bowl, avanzó a los octavos de final como uno de los mejores terceros y después cayó por 3-2 frente a Rumania en Pasadena.
Maradona siguió esos dos encuentros desde una cabina de transmisión, como comentarista de Canal 13, con el que había firmado un contrato de exclusividad que terminó cumpliendo fuera de la cancha.En la habitación 641 del hotel se apagó el sueño de Maradona en Estados Unidos. “No quiero dramatizar, pero...”, alcanzó a decir antes de quedarse en silencio unos segundos. Frente al micrófono sostenido por el periodista Adrián Paenza, y vestido todavía con la ropa de concentración de la selección, intentó explicar lo que sentía. “Creeme que me cortaron las piernas”, expresó, con los ojos cargados de angustia.“Lo único que quiero que les quede claro a los argentinos es que no me drogué, que no corrí por la droga; corrí por el corazón y por la camiseta”, juraba, mientras fuera del hotel, sobre North MacArthur Boulevard, una calle que ahora luce desierta, cientos de hinchas y periodistas aguardaban su versión.
La entrevista dio la vuelta al mundo y terminó marcando su despedida de la selección nacional.Radicado desde hace 24 años en Chicago, Paenza todavía revive aquellas horas como si hubieran pasado ayer: “La puerta del hotel parecía un aeropuerto, llena de periodistas. Cuando entré, Diego estaba sentado en un sillón.
Apenas me vio, se levantó, me abrazó y, entre lágrimas, me expresó: «No me drogué, te juro que no me drogué»”.En ese momento entró Grondona, que desde hacía tiempo estaba enfrentado con Paenza. “Apenas me vio, me preguntó: «¿Qué hacés vos acá?». Yo me hice a un lado para no generar un conflicto, pero Diego enseguida salió a defenderme.
Le expresó: «Es mi amigo y se va a quedar. ¿Qué te importa a vos?
Vos me cag..., me sacaste de la selección». Ahí entendí que lo mejor era irme.
Un rato después, la entrevista se hizo en el cuarto de Marco Franchi”, recuerda el periodista.El hotel de la frase, hoyEl lugar donde Maradona expresó "Me cortaron las piernas"Fernando Signorini, preparador físico personal de Maradona, también estaba hospedado en el hotel. “Fui a verlo con Oscar Ruggeri y Marco Franchi. Me senté al lado y empecé a acariciarle la espalda, como si fuera un chico. ‘Ya está, Dieguito; ya está.
Estamos afuera. Vamos, dale’, le repetía.
Le hablaba en plural para que no se sintiera solo. Tenía los ojos cerrados.
Siempre pensé que estaba despierto pero no quería aceptar lo que estaba pasando”, cuenta hoy.Signorini todavía puede reconstruir el silencio que invadía el lugar: “Nos fuimos un rato al cuarto de al lado y, de golpe, escuchamos un golpe muy fuerte contra la pared y un grito. Era un grito de impotencia.
Al rato Diego salió para hacer la nota con Adrián. Tenía los ojos completamente hinchados de tanto llorar”.Lionel Messi tenía siete años cuando Maradona pronunció la frase que atravesó a varias generaciones de argentinos.
Tres semanas antes de la serie frente a Australia Leo había estado junto a su padre, Jorge, en la cancha de Newell’s, para ver el debut de Diego en un amistoso frente a Emelec. Meses después empezó a jugar en el club rosarino y, más tarde, se fue a Barcelona, el primer destino europeo de ambos, en el que el rosarino terminó superando a su maestro.Como Maradona, Messi tendrá su despedida mundialista en Estados Unidos, donde afrontará el desafío de irse a lo grande.
Treinta y dos años después, Dallas vuelve a cruzar la historia de los dos grandes ídolos argentinos. Uno se fue entre lágrimas.
El otro intentará irse feliz.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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