Esta semana hemos vivido un caso mayúsculo del simplismo que a veces nos regala la política. Por un momento, el mundo se dividió entre los que se escandalizaban más por la libertad de Víctor de Aldama y los que se escandalizaban más por la corrupción de José Luis Ábalos.

El Gobierno intentó hacer hincapié en lo primero, que es ciertamente llamativo, pero la mecha de ese fuego es corta porque la crisis de credibilidad por lo segundo es apabullante. Que no nos confundan.Seguir leyendo