La inversión sigue sin despegar y acumula cuatro trimestres de caídas

SANTA FE.— Aún con el RIGI y las medidas que el gobierno nacional ha impulsado desde su asunción, como la Reforma Laboral, desregulaciones varias y la posibilidad de hacerse de las divisas , aunque sin levantar el Cepo; la inversión lleva cuatro trimestres consecutivos de caídas en el contexto de una economía que crece moderadamente impulsada por pocos sectores vinculados a los recursos naturales, las finanzas y las exportaciones. De acuerdo con los datos proporcionados por el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (Indec), la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), que es como se denomina técnicamente a la inversión, retrocedió 1,7% contra el último trimestre del año pasado y en términos interanuales, cayó 11,6%. “Esto es una mala noticia porque la baja inversión compromete el desarrollo futuro del país.
Mientras tanto, la economía exhibe un crecimiento moderado, pero sin lograr generar un clima generalizado de expansión productiva. La inversión es una variable particularmente sensible a las expectativas.
Las empresas invierten cuando perciben oportunidades de crecimiento futuro, demanda creciente, acceso al financiamiento y reglas previsibles. Hoy, buena parte de esas condiciones siguen ausentes”, dice un informe elaborado por Misión Productiva, una red de profesionales vinculados al desarrollo productivo.
Según el trabajo, cinco causas explican por que la inversión continúa sin despegar aún con todas las facilidades que la Administración Milei viene ofreciendo, que en muchos casos pone en desigualdad de condiciones a las empresas locales que se les hace imposible competir contra quienes tienen facilidades impositivas y apoyos estatales significativas en regímenes donde se impulsa y protege a la industria. La primera de las causas por la que la inversión se retrajo en los últimos cuatro trimestres es la debilidad de la demanda producto de salarios deprimidos que en el caso de los formales se encuentra un 10% por debajo de los niveles de noviembre de 2023, lo que provoca una menor capacidad de consumo y en una economía donde la mayor parte de la inversión privada está destinada al mercado interno no se generan los incentivos para ampliar la capacidad productiva.
Por su parte los sectores que crecen aportan divisas e inversiones focalizas, pero generan poco empleo directo y tienen menores efectos multiplicadores sobre el conjunto de la economía que sectores como la industria manufacturera, la construcción y algunos servicios. La segunda de las causas es la paralización de la obra pública porque elimina uno de los motores tradicionales de inversión que históricamente en Argentina suele representar entre 2% y 3% del PIB y entre el 10% y el 15% de la inversión total.
La obra pública suele tener asimismo un importante efecto de arrastre sobre la inversión privada porque muchas inversiones empresarias dependen de la existencia de infraestructura logística, energética o urbana para resultar rentables. La tercera es que la construcción privada tampoco logra compensar la caída, que en algunos momentos de la historia argentina actuó como compensador cuando la inversión pública retrocedía.
Los elevados costos de construcción medidos en dólares, un mercado con demanda limitada y créditos hipotecarios que aún están lejos de los estándares internacionales, reducen la rentabilidad y frenan el desarrollo de nuevos proyectos inmobiliarios. La cuarta es la inexistencia de políticas destinadas a incentivar inversiones mediante medidas fiscales o de política económica y la escasa oferta de créditos necesarios para apuntalar una inversión, que también son muy caros en términos reales.
Respecto del financiamiento al sector productivo, Argentina sigue siendo uno de los países con menos porcentajes de créditos al sector privado de América Latina, aún en este contexto de normalización macroeconómica parcial. Finalmente, dice el trabajo de Misión Productiva, en medio de un contexto pro-empresa y sector privado, “persisten dudas sobre la sostenibilidad económica y política del modelo” lo que genera incertidumbre y condiciona la inversión. “Si bien algunos indicadores financieros muestran mejoras respecto de años anteriores, las decisiones de inversión productiva suelen tomarse con horizontes de cinco, diez o incluso veinte años.
Para muchos inversores todavía persisten interrogantes relevantes sobre la sostenibilidad futura del esquema económico” no solo en cuanto a la estabilidad macroeconómica sino también a la evolución de la demanda, el tipo de cambio, la capacidad política para sostener las reformas, el comportamiento del empleo y la viabilidad social del programa económico.
Información de El Litoral (Santa Fe). Edición y redacción: Noticias Today.
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