Hollywood siempre supo encontrar a sus villanos entre los personajes más odiados o controvertidos de la vida real. Ya fueran los nazis en los años cuarenta, los jerarcas de la Unión Soviética de los cincuenta o los tiranos de Medio Oriente después, la usina de películas pensadas desde los Estados Unidos se acostumbró a exportar relatos en los que sus enemigos sociopolíticos eran asimismo una amenaza para toda la humanidad.

Un libreto que hasta hace pocos días también aplicaba al más reciente adversario al que le temen muchos: la inteligencia artificial. No obstante, la industria del cine ya no es lo que era y probablemente nunca vuelva a serlo porque ahora ese enemigo. tiene un lugar en la mesa de decisiones, forma parte de sus propios engranajes y aparentemente no está dispuesto a tolerar que retratos de ellos menos que halagadores lleguen a la pantalla.

Al tiempo que muchos bromeaban con el hipotético avance de empresas modeladas en el espejo de la maléfica Skynet, la corporación de máquinas autoconscientes que provocan el apocalipsis en Terminator, Hollywood le abrió la puerta a un monstruo humano con enorme capacidad de destrucción. Hace pocos días se anunció que el estudio Amazon MGM Studios decidió no distribuir el film Artificial, del celebrado director italiano Luca Guadagnino (Llámame por tu nombre), un drama construido alrededor del polémico Sam Altman, CEO de OpenAI, la empresa pionera en el desarrollo de la tecnología aplicada a la inteligencia artificial detrás de ChatGPT.

La sorpresiva decisión de Amazon se dio a conocer apenas unos meses después de que el gigante del e-commerce acordara una inversión de 50 mil millones de dólares con OpenAI que podrá usar los servicios web de Amazon y desarrollar modelos de inteligencia artificial personalizados que Amazon aplicará a su interfaz. La película, en la que el actor inglés Andrew Garfield (El sorprendente Hombre Araña) interpreta a Altman quedó ahora en un limbo del que parece le será muy complicado salir.

Es que más allá de que Amazon difundiera un amable comunicado en el que asegura sentir “el mayor respeto y admiración por Luca Guadagnino como cineasta galardonado”, el texto oficial también afirma que “Artificial se beneficiaría más si la estrenara otro estudio”. Lo que traducido del palabrerío corporativo al lenguaje cotidiano significa que la empresa de Jeff Bezos está desesperada por desvincularse del film que retrata a Altman —uno de los invitados de la fastuosa boda de Bezos celebrada en Venecia hace un año—, como un sociópata y a Elon Musk como antipático manipulador.

El problema es que por ahora ningún otro estudio, distribuidora o plataforma recogió el guante que Amazon arrojó al ruedo.Hasta el momento se sabe que ni A24, una de las compañías cinematográficas más exitosas de los últimos años, ni Netflix están interesadas en asumir el riesgo de comprar la película y que los estudios Lionsgate y Warner tampoco la quieren. Y ni siquiera el rumor de que Amazon estaría dispuesto a reducir el precio de 40 millones de dólares al que necesitaría venderla para recuperar su inversión tampoco parece haber atraído demasiados compradores.

Según Variety, solo las distribuidoras Neon y Mubi siguen evaluando si se animan a adquirir el film.Es prematuro todavía evaluar si toda la promoción gratuita que le aportó a la película el conflicto con Amazon contribuirá a acrecentar la venta de entradas en el caso de que finalmente logre estrenarse en cines, y mucho más remota aún parece la posibilidad de que la publicidad pueda ponerla en el ojo de los votantes durante la temporada de premios. No obstante, aunque Artificial está en etapa de posproducción ya muchos en Los Ángeles leyeron versiones avanzadas de su guion y hasta vieron un primer corte del film que, según The Hollywood Reporter, recibió comentarios mayormente elogiosos.

Escrita por Simon Rich, guionista formado en Saturday Night Live, la trama de la película se enfoca en el breve periodo de la vida de Altman ocurrido en 2023 cuando fue despedido de su puesto en OpenAI y logró que lo volvieran a contratar días después de un fin de semana en el que, especula el guion, cimentó las bases del poder que ahora detenta. Se trata, según todos los que accedieron al film, de un retrato nada amable del ejecutivo que resulta en un desenlace desesperanzado sobre el estado del mundo actual y del futuro por venir.

El largo camino hasta la pantallaAún antes del escándalo desatado en estos días a su alrededor, lo cierto es que Artificial ya había atravesado algunas dificultades en su proceso de realización. En principio, el guion pasó por varias revisiones antes de que Guadagnino se incorporara al proyecto.

Hace un año, cuando se anunció que el realizador italiano se haría cargo de la dirección de la película, se la describía como una comedia dramática ambientada en el mundo de la inteligencia artificial. Desde ese momento en adelante no se conocieron más detalles de la producción aunque sí se sabía que su lanzamiento en salas se postergaría a principios de 2027 para esquivar el estreno en octubre de este año de El poder de la red, de Aaron Sorkin, la continuación de Red social, el film de 2010 escrito por Sorkin y dirigido por David Fincher.

Más allá de la poca información que circulaba sobre Artificial, ya muchos la asociaban con la secuela de Sorkin, especialmente porque como en el caso de la secuela de Red social, su personaje central es Mark Zuckerberg, otro de los muchachos del mundo tecnológico transformado para muchos en persona no grata de la humanidad, un título que Altman ahora le disputa. Ahora ya no se sabe cuándo o si la película de Guadagnino llegará a las salas.

En el caso de que sea adquirida por un nuevo distribuidor, se especula con que pueda proyectarse en la próxima edición del festival de Venecia, a finales de agosto, ya que se trata de un certamen en el que el director italiano siempre fue bien recibido: el año pasado su última película, Cacería de brujas, tuvo allí su première mundial. Pero más allá de lo que suceda con Artificial, lo cierto es que la debacle que la involucra obliga a un cambio de foco.

Mientras los trabajadores de la industria del cine y sus sindicatos se prepararon para vigilar y limitar el avance de la IA que se especula que podría reemplazarlos, los mandamás del poder asociado a la tecnología lograron infiltrarse en los circuitos de toma de decisiones de Hollywood al punto de detentar la autoridad suficiente para vetar los contenidos que se producen allí. El hecho de que un proyecto casi terminado firmado por un cineasta con los laureles de Guadagnino, quien incluso le reportó notables ganancias en taquilla a MGM con el film Desafiantes, y un famoso actor como Garfield no haya podido resistir el embate que algunos medios norteamericanos califican de “casi censura”, da cuenta del estado de situación.

Después de años de temer a lo que las máquinas podían hacerle al cine resultó que quienes más daño iba a infringirle eran los hombres que las crearon.