Con el comienzo del año, llegan los nuevos propósitos. Aunque los cogemos con fuerza, poco a poco, nos vamos desinflando.

Con el paso de los meses, la motivación da paso al cansancio acumulado, la frustración o la sensación de agotamiento físico y mental. Es lo que los expertos denominan la fatiga de la autoexigencia.Cuidar la alimentación, hacer ejercicio o mejorar el descanso se ha convertido en una prioridad para muchas personas.

El problema aparece cuando todos esos objetivos se acumulan y acaban transformándose en una lista interminable de obligaciones. Lo que empieza como un intento por sentirse mejor puede terminar generando más presión de la que ya soportamos en nuestro día a día.Según explican la psicóloga Pilar Conde y la nutricionista Sara Ayuso, muchas personas no son conscientes de que han cruzado la línea que separa el autocuidado de la autoexigencia.

El problema es que esta presión suele manifestarse de forma sutil, a través de comportamientos que hemos normalizado. Estas son algunas de las señales que indican que cuidarse ha dejado de ser una fuente de bienestar para convertirse en una obligación más.Sientes culpa cuando no sigues la rutina perfectaUna de las primeras señales aparece cuando se siente culpa por saltarse un entrenamiento, comer algo diferente o descansar más de lo previsto.

En ese momento, el bienestar deja de generar calma y empieza a provocar ansiedad.Pilar Conde explica que "cuando deseo y objetivo se convierten en exigencia, empieza a aparecer el castigo interno, a través de la insatisfacción, la decepción con uno mismo, la crítica, la culpa...". La experta recuerda que el autocuidado requiere esfuerzo y compromiso, pero debe aportar bienestar, no ansiedad.Intentas cambiar demasiadas cosas a la vezOtro indicador muy habitual es querer modificar toda la rutina de golpe.

Cambiar la alimentación, empezar a entrenar, dormir mejor, ser más productivos y mantener la vida social al mismo tiempo puede convertirse en una carga difícil de sostener.La nutricionista señala que "intentar cambiar muchos hábitos al mismo tiempo supone una enorme cantidad de energía mental y emocional. Cada nuevo hábito exige atención, decisiones y adaptación".

Por eso, cuando intentamos abarcar demasiado, es fácil caer en la sobrecarga y sentir que todo cuesta más.Tu alimentación depende del cansancio y el estrésCuando el agotamiento se acumula, también cambia la forma en la que comemos. No siempre se trata de falta de voluntad.

Muchas veces, el cuerpo busca una recompensa rápida para aliviar el estrés o el cansancio.Según las expertas, en esos momentos es habitual recurrir a alimentos dulces, ultraprocesados o comer de forma más impulsiva. Si esto ocurre de manera frecuente, puede ser una señal de que la rutina saludable se ha vuelto demasiado exigente y ya no deja espacio para escuchar al cuerpo.Vives el bienestar desde el “todo o nada”Pensar que una rutina saludable solo funciona si se sigue al cien por cien es una de las trampas más frecuentes.

Si un día no sale como estaba previsto, aparece la sensación de haber fallado y muchas personas terminan abandonando por completo.Sara Ayuso recuerda que "el éxito en cualquier cambio está en la flexibilidad". No todas las comidas tienen que ser perfectas ni todos los días tienen que seguir el mismo patrón.

A veces, avanzar también consiste en volver a intentarlo sin culpa y adaptar los hábitos a la realidad de cada momento.Descansas menos cuando más intentas cuidarteLa última señal tiene que ver con el descanso. Muchas personas convierten el bienestar en una lista infinita de tareas y objetivos que terminan generando todavía más agotamiento.

La psicóloga recuerda que "la motivación sostenida en el tiempo requiere conciencia y conexión con los refuerzos internos, con nuestro "para qué"".Por eso, las expertas insisten en la importancia de crear hábitos sostenibles. "Lo que realmente transforma una rutina no suele ser un esfuerzo dos semanas, sino hábitos suficientemente realistas como para mantenerse durante años", concluye Ayuso.