La seguridad empieza en casa

Cuando se habla de un combate a la inseguridad se habla de varios frentes importantes de atender, pero generalmente hablamos de un combate frontal cuando el daño ya está hecho, estamos actuando contra un cáncer no diagnosticado a tiempo que de haberse atendido de forma temprana y preventiva nos habría evitado muchos dolores de cabeza.Atender la violencia generada por los delincuentes debe hacerse desde su génesis, y ésta se encuentra, me atrevería a decirlo en la gran mayoría de los casos, no en la falta de oportunidades, no en medio de las carencias, sino en la grave situación de violencia, abandono y falta de valores que padecen muchos menores en el hogar.Basta con preguntarnos ¿En qué momento la vida de un pequeño se quiebra y termina convirtiéndose en un delincuente? ¿De quién es la responsabilidad de criar a ese pequeño con amor, educación y valores? y ¿Quiénes fueron los responsables de criar a esos padres que terminaron en un círculo vicioso de mala crianza?La ciencia ha encontrado una relación consistente entre la calidad de la crianza y la probabilidad de que un menor desarrolle conductas antisociales.
Un análisis encabezado por la criminóloga neerlandesa Judith Hoeve, publicado en 2009 en el Journal of Abnormal Child Psychology, concluyó que la falta de supervisión parental, la negligencia y el rechazo afectivo son algunos de los factores más asociados con la delincuencia juvenil.No significa que un niño maltratado esté condenado a convertirse en delincuente lo que demuestra la evidencia es que las probabilidades aumentan cuando la violencia, el abandono o la indiferencia forman parte de la vida cotidiana. La propia Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos llegó a conclusiones similares al identificar los conflictos familiares persistentes, la ausencia de supervisión y la debilidad de los vínculos afectivos como factores de riesgo relevantes en el desarrollo de trayectorias delictivas.La violencia no se hereda se aprende y un niño que observa golpes, amenazas o humillaciones dentro de su hogar puede terminar asumiendo que esa es una forma normal de resolver conflictos.
Un adolescente que crece sin atención emocional puede encontrar fuera de casa el sentido de pertenencia que no encontró dentro de ella. A veces ese vacío es ocupado por pandillas o grupos criminales que ofrecen identidad, reconocimiento y protección.Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo sobre violencia intrafamiliar y transmisión intergeneracional documentó que quienes crecieron en hogares marcados por agresiones físicas o psicológicas presentan una mayor propensión a reproducir conductas violentas durante la juventud.
La investigación advierte que la violencia familiar no suele terminar con la generación que la sufre; con frecuencia se reproduce en la siguiente.Por eso resulta simplista explicar la delincuencia únicamente desde la pobreza. Existen comunidades con enormes carencias económicas donde la violencia permanece contenida gracias a la fortaleza de los vínculos familiares.
Del mismo modo, existen hogares con estabilidad económica donde el abandono emocional produce consecuencias profundas. El ingreso importa, pero también importa quién acompaña, escucha, orienta y establece límites.Mientras las políticas públicas sigan enfocadas casi exclusivamente en perseguir las consecuencias, la discusión seguirá llegando tarde.
La prevención comienza mucho antes de la primera detención, del primer arresto o del primer expediente judicial. Comienza en la infancia.
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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