“Los hombres no lloran’ o “las mujeres pueden con todo”: el impacto de educar desde roles rígidos en niños y niñas¿Quién se queda con el perro luego de una separación? Así funciona la custodia de mascotas en el PerúLas habilidades que llenar el álbum de figuritas del Mundial 2026 le está dando a tu hijo sin que se de cuentaLas primeras trenzas rara vez salen perfectas.

Los dedos se enredan entre los mechones rebeldes, el tutorial de Youtube se pausa una y otra vez y, entre risas, una niña termina guiando a su padre: “No papá, así no es”. A unas cuadras de distancia, la complicidad se repite en otra casa: un padre y su hija son los anfitriones de una pequeña fiesta del té o juegan a una tarde de spa entre esmaltes de colores y mascarillas faciales.

MIRA: Entre impulsar a tu hijo y destruirlo: las heridas invisibles de crecer con un padre que condiciona el amor al éxitoDurante mucho tiempo, escenas como estás fueron vistas con extrañeza o reducidas a simples anécdotas tiernas. Después de todo, la figura paterna ha estado tradicionalmente asociada a la autoridad, la fortaleza y la distancia emocional.

No obstante, hoy cada vez más hombres parecen estar dispuestos a cruzar la puerta hacia el mundo de sus hijas, dejando atrás los prejuicios y los roles preestablecidos para ejercer una paternidad más activa, cercana y emocionalmente disponible.Y aunque pueden parecer gestos cotidianos sin mayor trascendencia, lo cierto es que estas interacciones tienen un impacto profundo tanto en el desarrollo de las niñas como en el bienestar de los propios hombres, ya que los invita a conectar con dimensiones emocionales que durante generaciones les fueron negadas. El cambio de una masculinidad que ya no teme cuidarLa imagen del padre distante, fuerte y dedicado exclusivamente a proveer económicamente está dando paso a formas más amplias de vivir la masculinidad.

Para el psicólogo Juan Pablo Castro de Mapfre, cuando un hombre decide involucrarse emocionalmente en la crianza y participar en dinámicas asociadas al cuidado o al juego con sus hijas, experimenta una ruptura con los mandatos que aprendió desde la infancia.No obstante, lejos de representar una pérdida, el experto afirmó a Somos que, este acercamiento supone una reconexión consigo mismo y sus emociones, así como también una relación más satisfactoria y empática con sus hijas. “La paternidad activa nos permite mirar, por un lado, modelos de masculinidad más amplios basados en el cuidado y la expresión emocional de manera legítima, al igual que se trata de recuperar las capacidades humanes que históricamente fueron reprimidas en los hombres. Por eso, más que una transformación radical, es una amplificación de lo que significa ser hombre y padre”, explicó Eder Bautista, psicólogo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).No obstante, este cambio no está exento de algunas barreras.

Como comentó la psicóloga Maite Díaz–Peñaloza, de la Universidad Científica del Sur, muchos hombres aún cargan con mandatos internalizados desde la infancia sobre lo que supuestamente implica “ser hombre”, lo que puede generarles incomodidad al momento de expresar afecto abiertamente o mostrarse vulnerables ante sus hijas.A esto se suman los prejuicios sociales que todavía delegan en las mujeres la responsabilidad principal del cuidado y que, de forma obsoleta, cuestionan la virilidad de los padres que se involucran en la crianza cotidiana. A pesar de estas resistencias, la creciente presencia de paternidades cercanas y libres de estereotipos refleja una transición cultural innegable.

Lo que hoy vemos en los hogares es, sin duda, la evidencia de una masculinidad cada vez más flexible e integrada. Lo que una niña construye cuando su padre está presenteCuando un padre no teme ejercer su paternidad de manera activa, una niña no solo acumula recuerdos compartidos, sino que construye una base interna de seguridad.

Según Aída Arakaki, psicóloga de Clínica Internacional, el apego seguro nace justamente de saber que puede acudir a sus figuras de cuidado y encontrar en ellas: protección, comprensión y escucha activa.“No se trata de estar todo el tiempo, sino de estar disponible de verdad. Cuando una niña siente que su padre le presta atención, la acompaña y se preocupa por ella, desarrolla una mayor confianza en sí misma y los demás”.En esa línea, la validación paterna actúa como un espejo que le confirma que lo que es y siente tiene valor.

Y es que un padre que se interesa por sus ideas, celebra sus logros y reconoce sus emociones fortalece indiscutiblemente su autoestima.Asimismo, cuando un padre juega con su hija, ya sea a las muñecas, inventando historias o participando en actividades creativas, el mensaje que se le transmite es clave y poderoso: “soy valiosa”, “mis sentimientos importan” y “puedo contar con alguien cuando lo necesite”. Por eso, al sentirse aceptada y valorada Bautista enfatizó que, fortalece su sentido de pertenencia, contribuye a una imagen positiva de sí misma y aprende a relacionarse desde la confianza.De igual manera, al ver a un hombre cuidar, expresar afecto, escuchar y mostrarse sentible le enseña que la empatía y el cuidado no tienen género.

En definitiva, esto amplía su visión sobre lo que los hombres pueden ser y hacer, contribuyendo a su vez a romper estereotipos limitantes. Esta cercanía también moldea significativamente su mundo emocional.

De acuerdo con el psicólogo Juan Pablo Castro, un padre emocionalmente presente actúa en un inicio como un regulador externo. Y es que cuando los niños crecen con un apego seguro, desarrollan una adecuada maduración del córtex prefrontal, lo que favorece a un mejor control de sus emociones, una mayor capacidad para resolver problemas y más flexibilidad para afrontar los desafíos de la vida.Por eso, más allá de gestos aislados o escenas que se viralizan, la paternidad activa implica una presencia real y comprometida.

Significa cuidar, educar con respeto, participar en la crianza y acompañar el desarrollo emocional día a día. Las huellas emocionales del vínculo padre e hijaNo siempre es fácil rastrear de dónde vienen ciertas inseguridad o formas de vincularse, pero muchas veces tienen raíz en uno de los primeros vínculos afectivos: el que se construyó —o no— con el padre.

Con el tiempo, esa experiencia suele reflejarse en cómo una mujer confía, se relaciona y se posiciona en sus relaciones. Desde la práctica, la psicóloga Carmen Bravo de Rueda, de la Clínica Ricardo Palma precisó que, cuando la figura paterna fue distante o emocionalmente inaccesible, pueden surgir dificultades para confiar en los hombres, temor al rechazo o tendencia a establecer relaciones dependientes.

En cambio, cuando hubo cercanía y disponibilidad emocional, es más probable que desarrolle una base de seguridad que le permita vincularse desde la igualdad, con mayor apertura y confianza. “Crecer con un padre emocionalmente disponible no solo fortalece la autoestima, sino que provee recursos internos duraderos, como una mayor capacidad para expresar necesidades, poner límites y construir relaciones basadas en la reciprocidad. Y es que esta experiencia funciona como una referencia interna que, a largo plazo, no solo orienta la forma de vincularse, sino que también actúa como un filtro para reconocer y tomar distancia de dinámicas marcadas por el control, la manipulación o la dependencia emocional”, resaltó Díaz-Peñaloza.No obstante, este impacto no es unidireccional, ya que este vínculo también transforma al padre.

Tal como indicó la psicóloga, una paternidad cercana le exige desarrollar habilidades emocionales que muchas veces no formaron parte de su historia, como reconocer emociones, expresar afecto o sostener desde la empatía. En este proceso, el cambio no es solo práctico, sino también interno, puesto que implica una revisión personal que puede llevarlo a tomar conciencia de sus propias carencias afectivas y, en muchos casos, comenzar a resignificarlas.Asimismo, este vínculo puede ser una fuente real de bienestar para el padre.

Al involucrarse en la vida de una hija y acompañar su crecimiento no solo fortalece su rol y le brinda un propósito, sino que también genera un canal de doble vía: mientras él ofrece guía, recibe a cambio afecto, reconocimiento y un fuerte sentido de pertenencia.Este crecimiento compartido; no obstante, necesita un marco claro. Como advirtió Aída Arakaki, la cercanía no puede implicar invertir roles ni buscar en la hija un sostén emocional. “Para desarrollar un equilibrio saludable, se debe buscar que el afecto y los límites no se perciban como opuestos, sino como complementarios.

Es totalmente posible que un padre sea cercano y, al mismo tiempo, establezca normas claras y consistentes. Al final, una niña necesita tanto contención emocional como orientación.

Los límites adecuados brindan seguridad y ayudan a construir relaciones basadas en el respeto mutuo”, recalcó Eder Bautista. Los pequeños gestos que pueden marcar la diferenciaMuchos padres no fallan por falta de amor, sino por falta de herramientas emociones.

Quieren estar más presentes, pero no siempre saben cómo hacerlo o por dónde empezar. Y ahí es donde suele aparecer la frustración o la distancia.

No obstante, el vínculo no se transforma con grandes gestos, ya que la clave son esos momentos simples que, cuando se sostienen en el tiempo, le transmiten a una hija algo fundamental: “soy importante para mi papá”. Porque más que lo extraordinario, lo que deja una verdadera huella es la presencia emocional.

Por eso, para dar el primer paso hacia una paternidad más activa, el secreto está en convertir las rutinas en oportunidades de conexión a través de acciones muy concretas:Estar presente de verdad: Dedicar un momento del día —aunque sean 15 minutos— para conversar o jugar con ella, la hacen sentir verdaderamente valiosa. Escuchar y validad sin juzgar: Crear un espacio seguro donde pueda expresar sus emociones, miedos o frustraciones.

No se trata de resolverle la vida de inmediato ni de criticar lo que siente, sino de abrazar su sentir para que desarrolle confianza y seguridad afectiva.Involucrarse en su día a día: La paternidad activa va más allá del tiempo de ocio o los fines de semana. Se demuestra al asumir corresponsabilidad en el día a día, ya sea ayudando con las tareas escolares, participando en las rutinas, preparando la comida o acompañándola en sus responsabilidades cotidianas.Mostrar interés genuino por su mundo: Conocer sus gustos, aprenderse los nombres de sus amigos o personajes favoritos, y acompañarla en las actividades que le apasionan, incluso si no es lo que tú elegirías.Dar valor a lo simple: Una conversación antes de dormir, una comida compartida o estar presente física y emocionalmente, sobre todo en un momento difícil, puede tener más impacto que cualquier gran gesto.

Más allá de estas acciones, lo que realmente marca la diferencia es la constancia y la disposición emocional. Porque al final, lo que una hija va a recordar no son los grandes momentos, sino la experiencia de haber tenido a un padre presente, disponible y genuinamente interesado en su vida.