El otoño del patriarca: ¿cómo la figura paterna ha ido evolucionando con el tiempo?

El siglo de Blanca Varela: las cosas que digo son ciertasSir David Attenborough, el hombre que nos enseñó a amar el planeta, cumple 100 añosHasta hace unas décadas, el modelo de paternidad estaba definido más por la autoridad y la fuerza que por el cuidado. El padre era el héroe o el guerrero que proveía recursos para el sostenimiento de la familia.
Era, en pocas palabras, la encarnación de un jefe o patriarca. Su figura inspiraba respeto, pero también temor.
Hoy ese paradigma, sin haber desaparecido del todo, ha dado paso a otras formas propositivas de paternidad, asociadas con roles que antes se creían exclusivos de la madre: la crianza, el afecto y la cercanía con los hijos.MIRA: Mériam Korichi: “La filosofía clarifica el pensamiento”Estos cambios han sido progresivos y han ido a la par con el acceso de la mujer a la educación, su salida del ámbito doméstico y su inserción cada vez mayor en el mercado laboral. ¿De qué manera se está redefiniendo la paternidad en estos tiempos?
¿Cuánto ha influido en ello la reconfiguración de los llamados roles de género y la conformación de familias cada vez más diversas? Psicólogos y psicoanalistas tienen las respuestas.La función paternaLos especialistas consultados afirman que la función paterna resulta vital para el desarrollo psíquico de un niño, pero esta no debe entenderse como exclusiva del progenitor masculino. “Freud no se imaginaba otra necesidad más grande en la infancia que la de sentirse protegido y esto lo atribuyó primordialmente al padre como fuente de seguridad”, dice el psicoanalista Raúl Fatule. “Pero desde hace ya un buen tiempo –agrega– en psicoanálisis se suele hablar de función paterna, es decir, algo que no necesariamente lo puede encarnar o realizar el progenitor masculino, sino más bien es un rol que puede rotar entre ambas figuras parentales”. “¿Cuál es la función del padre simbólico?”, se pregunta la psicoanalista Carmen Zelaya Pflucker y responde: “Poner límites, ejercer un rol de autoridad sin ser autoritario y ayudar a que el niño pueda separarse de la madre.
De esta manera, posibilita que este hijo pueda salir y adaptarse a la sociedad, asimilarse a la cultura. Sin esa función paterna, ese niño no va a aprender a regular sus impulsos y va a tender hacia la transgresión.
Pero cuando hablamos de función paterna no solamente nos referimos al padre biológico, sino también a la madre y yo iría más allá, a las instituciones que también son responsables de la protección y formación de una persona”. Figuras cercanasLa redefinición de los roles masculinos y femeninos en el interior de la familia ha sido un proceso paulatino.
Para Zelaya Pflucker, un punto de inflexión fue la difusión de la píldora anticonceptiva hace más de 60 años. “El hecho de que la biología ya no sea un destino, significó toda una revolución social y cultural para las mujeres –dice– y, junto con el movimiento feminista, les otorgó mayor libertad y esto implicó también un cambio en la vida de los hombres”.Desde entonces, la concepción podía ser una elección y fueron redefiniéndose los modelos tradicionales de maternidad y paternidad. “Hoy podemos ver un padre diferente –continúa la psicoanalista– que ha canalizado su deseo de ser padre en una crianza más implicada tanto a nivel físico, contacto corporal, como también en su posición de tercero, de estar ahí conteniendo a la madre sin confundirse con ella”.“Los padres ahora asumen roles en la crianza y está incluso mal visto que no se involucren en el cuidado de los hijos”, refiere Raúl Fatule. “Yo observo eso en mi consulta, tanto de mis pacientes que son padres como de quienes son hijos y me relatan la manera en que perciben a sus progenitores. Ya no lo ven como ese gran patriarca, al cual se admiraba y se buscaba imitar o superar; ahora lo sienten mucho más cercano en el sentido del trato, en el sentido de lo cotidiano.
Los padres ahora tratan de ir a los eventos en el colegio, no se pierden las actuaciones de sus hijos, los recogen del nido, buscan darse un tiempo, aunque tienen un ritmo de vida más acelerado”.“Durante la cuarentena, en la pandemia, he podido comprobar –complementa Zelaya Pflucker– cómo los padres han gozado de la crianza de sus hijos, han tenido la oportunidad de apreciar y de sentir ese vínculo con ellos”.Nuevas sensibilidadesEn opinión de Pierina Traverso, psicóloga clínica, psicoanalista y profesora principal del Departamento de Psicología de la PUCP, el control de la fertilidad femenina y el ingreso de la mujer al mercado laboral han contribuido a balancear el desequilibrio de género en torno a la crianza.“Esto ha llevado a una redefinición de lo que significa la paternidad, con una participación mucho más activa del hombre, pero no podemos pensar que esto se da en todos los niveles, sino que depende del contexto socioeconómico y de la cultura”, explica. Según ella, “ha habido una redefinición de lo que significa ser hombre en los últimos años y esto no necesariamente empata con esa visión tradicional del macho proveedor, del jefe de familia que domina la situación”.En sus palabras, se ha creado una nueva masculinidad que ha generado una especie de descolocamiento en muchos varones, que los ha llevado a preguntarse quiénes son ahora como personas y como padres. “Desde una visión más tradicional de la figura paterna, el hombre se siente descolocado y esto genera nuevas fricciones y conflictos dentro de la pareja”, precisa Traverso.“Debemos recordar –agrega– que en nuestro imaginario persiste todavía la figura de la mujer y del hombre con roles específicos, cuando en realidad todos tenemos un poco de masculino y un poco de femenino; entonces, estos roles también pueden intercambiarse.
Por ejemplo, podría haber una mamá con un estilo más autoritario y un padre más democrático y receptivo”.Al respecto, Zelaya Pflucker explica que, según las neurociencias, “se entiende que, cuando el hombre ejerce esta función de cuidado, se producen cambios hormonales importantes en su interior que antes no eran reconocidos”. “Los psicólogos y psicoanalistas estamos repensando los efectos de estos cambios –añade Raúl Fatule– que generan nuevas inquietudes. Yo sí creo que el movimiento feminista y los estudios de género han sido muy valiosos para deconstruir la figura del padre, para sacarlo de esta posición que le otorgaba mucho poder… Ahora al padre se lo ve como alguien más humano, alguien que puede sentir temor y que no sabe necesariamente todo”.Hacia otras paternidadesPierina Traverso llama también la atención sobre esas paternidades diversas creadas a partir de los avances de la ciencia, la fecundación in vitro y otros métodos de fertilización asistida que están ayudando a tener descendencia a parejas homosexuales. “No olvidemos –advierte– que existen parejas formadas por dos hombres o dos mujeres que desean tener hijos por diferentes vías; entonces yo creo que todo esto contribuye a reconfigurar el panorama de lo que significa hoy la paternidad”.“Dentro de perspectivas más modernas –afirma Traverso–, hay un cuestionamiento de qué es lo femenino y lo masculino, y en algún momento puede suceder algo que hasta hace unos años era impensado, como ver a un hombre dar a luz”.
Todas estas realidades plantean nuevas preguntas acerca del sentido de ser padre en el siglo XXI, en un mundo en permanente transformación, marcado por los avances tecnológicos y científicos.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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