Limpia, ordenada, sin grafitis, con escasa presencia de velos islámicos por las calles, arquitectura tradicional y espectaculares edificios de diseño al estilo Dubái. Así es Bakú, la capital de Azerbaiyán, país musulmán del Cáucaso, con una costa privilegiada frente al mar Caspio y asentado sobre una riquísima cuenca petrolera.Como Chicago, es la ciudad de los vientos.

Le pusieron el sobrenombre sus vecinos persas hace muchos siglos y es algo que se constata en una rápida caminata por la costanera.A la península en la que se asienta, Absheron, se la conoce como la tierra del fuego, por las llamaradas que durante siglos brotaban espontáneamente del suelo. El fenómeno –que hoy está en retroceso− se produce por los gigantescos depósitos de gas subterráneos y lo registró el propio Marco Polo cuando cruzó el territorio en 1271, en su viaje a China.Toda esa riqueza en hidrocarburos se explota industrialmente desde hace 200 años, desde los tiempos en que el territorio pertenecía al Imperio ruso y luego fue una de las repúblicas de la Unión Soviética.

No obstante, en las últimas dos décadas, la extracción se potenció, lo que le dio un gran impulso a la economía azerí. Esto se advierte principalmente en Bakú, que aprovechó la bonanza petrolera para transformar su perfil urbano industrial, renovarse e incorporar una atractiva arquitectura de diseño, que irrumpe entre los estilos neoclásico y soviético.Ya el aeropuerto da la bienvenida con un edificio de muchas curvas y amplios espacios, inaugurado en 2014, y la avenida que lleva al centro es un catálogo de construcciones llamativas, todas de distinta firma. firma.

Al puente con tensores le sigue un enorme estadio cubierto y, más adelante, uno luego de otro, el edificio de oficinas Baku Tower, el Ministerio de Hacienda −que se eleva en una sucesión de cubos desalineados−, otro edificio retorcido de oficinas estatales o la torre Azersu en forma de gota de agua.No obstante, desde 2012, la postal de Bakú son las Flame Towers, conocidas como las “Torres de la Llama”, un complejo de tres edificios azulados, de 33 pisos de altura, con exterior reflectante, que se ve a la distancia. Cada torre tiene un fin distinto, pero está destinada al mismo público: residencias de lujo, oficinas corporativas y hotelería de alto nivel.Las Flame Towers, con su emblemático hotel Fairmont Baku, emergen detrás de la ciudad vieja e indiscutiblemente definen el perfil urbano.

Hoy son la identidad y marca registrada de la capital. Aparecen en los folletos y en las mil tomas de cada Gran Premio de F1 que se corre en septiembre.

De noche cobran vida iluminadas con luces rojas, anaranjadas y amarillas que bailotean y semejan una llamarada en medio de la ciudad. Frente a ellas, separada por una avenida de tránsito intenso, una mezquita refleja su minarete en el frente espejado, fundiendo espiritualidad y modernidad.Pero más deslumbrante aún que estas magníficas torres, aunque no forme parte del perfil de rascacielos, es el celebrado centro de exposiciones Heydar Aliyev, diseñado por la arquitecta británico-iraquí Zaha Hadid.Lo que llama la atención no son sus 100.000 metros cuadrados distribuidos en ocho pisos, sino sus espacios, que no conocen rectas, sin columnas a la vista, amplios, luminosos, blancos al punto de arrastrar al vértigo.

Es una arquitectura fluida como las olas del mar, como la definió Hadid, que buscó romper con la geometría de la construcción soviética de los edificios vecinos y volcó toda su creatividad para lograr esta joya edilicia. Se inauguró en 2012 y costó 250 millones de dólares; sin duda llegará el momento en que los turistas lleguen a Bakú sólo para verlo, como ocurre con el Guggenheim de Bilbao.Honrar a los caídosA metros de las Flame Towers, la historia reciente, dolorosa y muy presente para los azeríes, tiene un espacio sobrio y de perpetuo luto en la Calle de los Mártires.

El corredor es un homenaje a quienes perdieron la vida en la ofensiva de los bolcheviques rusos de 1918, a los caídos en enero de 1990 durante los meses convulsos previos al colapso de la Unión Soviética y a los militares muertos en la guerra con Armenia por la disputada región de Nagorno-Karabaj. Un centenar de tumbas de granito negro se alinean, uniformes, con las imágenes de los muertos (muchos de ellos, civiles) talladas en las lápidas, a la usanza de los cementerios musulmanes del centro de Asia.

No son todas, pero representan a todos. El sendero, bordeado por cipreses y pinos, conduce a una amplia plaza seca en altura, frente al mar.

Allí, un templete con una llama votiva deja ver, a través de sus columnas, a la distancia, un mástil de más de 20 metros, con una bandera gigantesca que ondula casi sobre el Caspio.El lugar es de recogimiento, el silencio se impone y resulta movilizante por la cercanía en el tiempo con la última guerra. Luego de enfrentamientos con Armenia en 2020 y 2022, Azerbaiyán derrotó militarmente a su vecino en 2023 y en 2025 se firmó la paz.

El acuerdo, auspiciado por Estados Unidos, sentó las bases para potenciar el desarrollo de la industria de hidrocarburos en la región en los próximos años, con la construcción de un oleoducto que atravesará ambos países, llegará a Turquía y de allí conectará con Europa.Costanera y casco viejoVolviendo sobre nuestros pasos, frente a la Llama, otro edificio de diseño, con techos curvos de color acerado, tiene como única indicación una discreta “f” en su acceso. Es la estación del funicular, un tren vidriado que salva en poco más de tres minutos los 455 metros de desnivel, hasta el mar.

La vista no es tan espectacular como podría imaginarse por la estructura de los vagones y el arbolado de uno de los lados, pero por medio dólar… bien vale la experiencia. El funicular desciende hasta una avenida paralela a la costanera, a la que se puede llegar también a pie por una escalera que bordea las murallas del casco viejo.Cerca del mar se ve un edificio bajo y colorido con la curiosa forma de una alfombra enrollada.

Es, precisamente, un museo dedicado a ellas, que en 2027 cumplirá 60 años. La exposición permanente despliega mucho más que alfombras tejidas con distintas técnicas y de varias regiones: exhibe textiles que siempre se usaron en el campo, en los arreos y en la vida cotidiana.

También se muestra una atractiva colección de joyas, que incluye pectorales, aros, brazaletes, dagas y exquisitas piezas en filigrana de oro con incrustaciones de piedras semipreciosas.Frente a este museo, la Pequeña Venecia no tiene góndolas, pero sí botes para hacer un pequeño recorrido por sus canales, en medio de un jardín con desniveles cuidadosamente preparado para las selfies. Estamos a pasos de la costanera, un malecón que acompaña el perfil del Caspio por varios kilómetros y es el gran imán para los habitantes de Bakú.La acera es amplia, de limpieza impecable como toda la ciudad y con prolijos puestos que ofrecen café, helados, pochoclo o proponen un rato de esparcimiento haciendo tiro al blanco.En la otra orilla, que no se distingue, se halla la tierra prohibida… Turkmenistán, país rico en petróleo, también musulmán, exintegrante de la URSS como Azerbaiyán, pero al que le cuesta dar visas a los periodistas.La costanera es una caminata ineludible, con una experiencia diferente de día o de noche, pero sin preocupaciones de seguridad.

En el extremo oeste y a la vista de la Llama, otros edificios de diseño se recortan en el perfil urbano: el estadio cubierto Baku Crystal Hall y el Deniz Mall, un shopping con forma de estrella de ocho puntas, símbolo de Azerbaiyán. Casi en la otra punta de la bahía de Bakú, los turistas pueden elegir alojamiento en alguna de las cadenas internacionales que levantaron sus torres con vista al Caspio.

Allí hace su aporte el espectacular edificio del Crescent, que con su diseño de una luna creciente en ascenso es otra postal de la ciudad.Paralela a la costanera, la avenida Neftchilar es parte del circuito de la F1 y donde se alinean casas de alta costura que exhiben costosísimos vestidos de novia; también hay concesionarias de autos de lujo y, en las cercanías, joyerías que compiten ofreciendo, fundamentalmente, piezas de oro.Esta avenida limita con el muy visitado casco viejo, parte de cuyas murallas son originales del siglo XII. La invasión de los mongoles de 1220 tuvo serias consecuencias, pero tres siglos más tarde se construyó el palacio de los Shirvanshahs, una dinastía islámica que gobernó la región, y hoy –impecablemente restaurado– es la gema de la ciudad vieja.El casco antiguo merece una recorrida de un par de horas para perderse en sus calles adoquinadas sin preocupaciones, pues si hay algo para destacar en este país del Cáucaso, es la seguridad.

Se puede subir a la Torre de la Doncella (28 metros por escalera caracol, coronada por un mirador circular), visitar una mezquita, explorar el museo de libros en miniatura o sumergirse en los coloridos negocios de souvenirs, para terminar en algún restaurante probando bocados típicos o alguna variedad de té.Volcanes y fuegoEn el este de Azerbaiyán, la industria del petróleo se adueña del paisaje. A pocos minutos de Bakú hacia el noreste desaparece el verde y sorprende lo despojado del entorno: desierto puro (e inconmensurablemente rico) dominado por cigüeñas petroleras en plena tarea de extracción, y refinerías.La península de Absheron se adentra en el Caspio y, a unos 20 minutos de viaje desde el centro de la capital, se encuentra el principal templo de adoración del fuego de la región, Ateshgah.En el alto Medioevo, las caravanas que atravesaban la región con las ricas mercancías que tenían por destino Constantinopla (hoy Estambul) se sorprendieron por el fuego que surgía de forma espontánea de la tierra, una especie de venteo natural del gas que emanaba del subsuelo, y lo convirtieron en centro de peregrinaje de indios y sikhs.

La península probablemente también fue lugar de veneración para los zoroastrianos procedentes de la cercana Persia (hoy Irán), pero esa religión casi se extinguió con la llegada del islam en el siglo VII.El complejo Ateshgah tiene un contorno de celdas y lugares de reunión −despojadas de toda decoración− que dan a un gran patio central descubierto. En el centro de esa estructura de celdas se halla el templo, una construcción pequeña, abierta a los costados y techada.

De un pedestal emerge el fuego, en la actualidad, de encendido artificial.La llama natural se extinguió en 1969 por exceso de explotación del gas en la región. Pero a esa altura, Ateshgah era sólo un punto turístico, pues, con la emigración de la población india que vivía en la zona un siglo atrás, el peregrinaje había desaparecido.YanardagTras esta introducción a la adoración del fuego, el destino siguiente es Yanardag, a unos 20 kilómetros al noroeste de Ateshgah y al norte de Bakú.

Aquí, lo que acabábamos de ver cobró otra dimensión y dejó de ser tan sólo una antigua creencia pagana.Al pie de la ladera de una colina baja, un frente de llamas de unos 15 metros de largo por medio de alto brota naturalmente de la roca. Es un asombroso fue sin una mano humana que lo alimente.Las llamas bailan, con mayor o menor intensidad, de día y de noche, movidas a veces por el viento y sorprendiendo hasta a quienes sabían lo que iban a ver.Yanardag es la versión en escala del inconmensurable cráter de Darvaza, “la puerta del infierno”, de 70 metros de diámetro, que arde desde la década del 70 en Turkmenistán, en la otra orilla del Caspio.La visión es impactante.

Es imposible no detener el tiempo y ponerse en la piel del trashumante que pasó por aquí con sus camellos y vio este mismo fuego hace cientos de años. Allí se perfila un esbozo del proceso religioso: a la sorpresa debió seguir el miedo, la sumisión y finalmente la veneración.Yanardag es el único fuego de emanación espontánea que queda vivo en Absheron, agotadas las demás emisiones por la masiva explotación industrial del gas de las últimas décadas.GobustánUna sorpresa aún mayor que Yanardag nos espera en Gobustán, ya fuera de la península y a poco más de una hora de Bakú.

Es el momento en que hasta el más experimentado viajero se convierte en niño, sorprendido nuevamente por la madre tierra.El Parque Nacional de Gobustán es el reino de los volcanes de barro, pequeñas elevaciones −en este caso− que están en un proceso permanente de erupción de lodo. Azerbaiyán es uno de los países que concentra el mayor número, con más de 350 formaciones.Lo más llamativo en Gobustán es la poca altura de los volcanes: algunos no llegan al medio metro y otros son apenas un orificio a pocos centímetros del suelo del que brota un lodo espeso cargado de metano.

Los volcanes son grises, tienen laderas de tierra agrietada y el barro brota del cráter y se desplaza lentamente como si fuera una lava oscura. En los que emanan lodo más viscoso se va formando una burbuja que crece de manera gradual en la parte superior del cono y puede superar los 20 centímetros de diámetro.

Aumenta de tamaño en medio de borbotones hasta que, en el silencio del desierto, se escucha un “mbep” y estalla.Estos minivolcanes son una experiencia realmente hipnótica y uno puede quedarse horas mirando cómo se forman las burbujas y explotan en una sucesión infinita. El paisaje en el que están dispersos parece lunar: árido, sin una pincelada verde, sólo tonos ocres difuminados que se mimetizan en gris.En Gobustán hay también un museo de ciencias naturales, con esqueletos de animales que vivieron en otras épocas menos áridas.

Son principalmente camélidos, canes y muchas serpientes conservadas en frascos que dan fe de la veracidad del cartelito plantado cerca de las pasarelas que llevan a los volcanes: un dibujo de una serpiente y un escorpión para que nadie se aventure a salirse del recorrido de madera. Comunicación pura y dura.En otro de los edificios se venden finas piezas de arte, como cuadros y cerámicas pintadas con petróleo, una técnica pictórica desarrollada en esta parte de Azerbaiyán.El país medievalAgotadas las sorpresas del desierto cambiamos de rumbo, ahora hacia el oeste, en busca de la antigua capital del kanato de Sheki.

En los primeros 100 kilómetros el paisaje muta, la aridez queda atrás y se desemboca en una geografía verde, fresca, pintoresca, de sierras con ríos que bajan zigzagueantes, ruidosos y correntosos.A unos 300 kilómetros de Bakú y al pie de la cadena del gran Cáucaso, Sheki fue un rico enclave comercial en el Medioevo. Producía seda y estaba ubicada estratégicamente en una de las rutas por las que los mercaderes llegaban a Europa.

Esa riqueza la convirtió en un centro político importante. En 1743 se estableció el kanato más fuerte del Cáucaso y la conjunción de poderío y riqueza impulsó la construcción, hacia fines de siglo, del rico palacio de los kanes.

El edificio concentra en dos plantas todo el lujo de la época: puertas talladas, ventanas con vidrio veneciano y frescos en paredes y techos con la exquisita factura no figurativa, típica del islam.Las murallas y demás construcciones medievales de Sheki tientan a quedarse un par de días para deambular sin apuro y respirar aire serrano. También, para sumergirse en las delicias dulces que son marca registrada de la región.Azerbaiyán, en un territorio similar al de la provincia de Corrientes, ofrece paisajes contrastantes, una geografía atractiva, arte e historia para dedicarles atención, asimismo de originales sabores.

Tiene profundos lazos con Irán y buena vecindad con Georgia, pero su relación no ha sido fácil con dos de sus vecinos cristianos: Rusia al norte y Armenia al oeste. Desde que se independizó en 1991, su trabajo político de acercamiento a Europa y su rol como actor de peso en la industria energética regional lo proyectan como país dinámico, moderno y con deseos de protagonismo en las relaciones internacionales, que honra sus tradiciones, sin atarse al pasado.

Datos ÚtilesDónde dormirFairmont Baku, Flame Towers 1A Mehdi Huseyn. T +99 (41) 2565-4848 @fairmontbaku Es lujoso, pero no el más caro de Bakú.

Y, sin dudas, es el más emblemático por tratarse de una de las tres torres del complejo The Flame. Ubicado en una colina frente al mar, a un kilómetro de la costanera, ofrece habitaciones y suites de lujo, un restaurante en altura, spa, un club de jazz y un café en el segundo piso.

Desde u$s 207 para dos o tres personas. Con desayuno, u$s 229.

Descuento de 10% para miembros de la cadena.Dónde comerBar19 +99 (45) 5455-1919 baku@fairmont.com @bar19flametowers Sofisticada cocina en el piso 19 del Fairmont Baku, con una vista inigualable de la bahía (especialidades azeríes, sushi y cocina europea). Solo cena, a partir de las 18 hs.

Menú online (entradas desde u$s 6). Martes de sushi.

Afternoon tea de 14 a 16 hs.Paseos y excursionesAdvantour Caucasus 98 Zakaria Paliashvili. Tbilisi, Georgia. +99 (53) 2232-3000 tbilisi@advantour.com @advantourcaucasus Agencia especializada en el Asia Central y el Cáucaso.

Tours de seis días que incluyen Bakú y alrededores, Lagich y Sheki desde u$s 1290 por persona en habitación doble en hoteles de cuatro estrellas. Tours de 16 días por los tres países del Cáucaso (Azerbaiyán, Georgia y Armenia) desde u$s 2780 por persona en habitación doble para hiking o u$s 3180 por persona en habitación doble para turismo común.

Grupos pequeños, salidas todo el año. Consultar por guías en español.Centro Cultural Heydar Alyev 1 Heydar Aliyev Avenue + 99 (4) 1250-0601 @heydaraliyevcenter Impresionante centro cultural de diseño internacional en el corazón de Bakú.

Es un edificio monumental de más de 70 metros de altura, concebido como centro de exposiciones, que atrae arte de todo el mundo. Cuenta con un área de exhibición de nueve pisos y dos auditorios.

Su museo alberga instrumentos musicales, alfombras y muñecos de distintas épocas y lugares. Las exhibiciones son vanguardistas y de calidad.

Si solo hay tiempo para una actividad en Bakú, ésta es la visita que no hay que perderse. Martes a domingo de 11 a 19. u$s 9.

Guías: u$s 12.Icherisheher El casco viejo de Bakú, llamado Icherisheher en azerí, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde el año 2000. Se lo puede recorrer sin costo ya que es un barrio residencial, con restaurantes y muchos comercios.

Se paga entrada para acceder al palacio de Shirvanshahs (u$s 9) y la Torre de la Doncella (u$s 9), abiertos diariamente de 10 a 16 hs. Vale señalar el Museo de Libros en Miniatura, que según el Guinness es la colección privada más grande y antigua del mundo, con 5.600 títulos (lunes y jueves cerrado, acceso gratuito, de 11 a 17 hs).Museo Surakhani Boulevard Baku +99 (45) 0274-3097 Primer barco cisterna convertido en museo flotante.

El Surakhani, de 123 metros de eslora, navegó las aguas del Caspio a partir de 1957. Sesenta años más tarde se lo reacondicionó y convirtió en una exhibición permanente sobre la industria petrolera del Caspio.

La recorrida incluye la sala de máquinas y hasta se lo puede “comandar” mediante un simulador. Se puede solicitar guía, pero ¡evitar a las voluntarias!

No está lejos de la costanera, pero mejor llegar en taxi. Miércoles a domingo, 10 a 18 hs. u$s 6.

Tiene un restaurante de especialidades marinas.En las afueras de BakúYanardag Mammadli, península de Absheron +99 (45) 1991-7381 @yanardag.qorugu yanardagh.dtmtq@heritage.org.az Reserva natural a 27 km de Bakú. Esta montaña ardiente fue uno de los centros del zoroastrismo en Azerbaiyán.

Es la única llama natural que se mantiene ardiendo desde hace siglos en el país. El lugar es de fácil acceso.

No se necesita ni calzado ni ropa especial. u$s 9. Hay una entrada combinada para Yanardag, Ateshgah (templo zoroastriano) y Gobustán (volcanes de barro) por u$s 20.

Guiadas (2 horas) por u$s 6. Diariamente de 10 a 19 hs.Gobustán Distrito Absheron, Complejo Turístico Volcanes de Barro. +99 (41) 2544-6622 @gobustan.preserve El complejo incluye un área de petroglifos, otra con los volcanes de barro y una tercera con una exhibición y museo.

La recorrida para ver las tallas en piedra (unos 6.000 grabados que cubren 40.000 años de arte rupestre) no es exigente y el recorrido es corto. Cuenta con un centro de interpretación geológico y biológico.

La visita a los volcanes se hace en unas pasarelas y tampoco es larga. Junto al área de volcanes hay salas de exhibición y venta de souvenires, en distintos materiales.

Lo más destacado: la técnica de pintura con petróleo sobre lienzo, cerámica o piedra. Todo el recorrido insume unas cuatro horas.

Diariamente de 10 a 19 hs. u$s 9.Ateshgah Calle Atamoghlan Rzayev Surakhani El templo se levantó en esta parte de la península porque era donde se registraban más fuegos de origen espontáneo. Los cimientos datan del siglo III.

La afluencia de los creyentes disminuyó a partir del siglo VIII por la llegada del Islam, pero hubo un resurgimiento a partir del peregrinaje indio en el siglo XVII. La visita no dura más de una hora. u$s 9.

Frente al complejo hay una galería con varios negocios de souvenires y un restaurante. Diariamente de 10 a 19 hs. @ateshgah__restaurantMuseo y Mezquita de Diri Baba Agagulu Khudaguliyev 291, Gobustán +99 (47) 7528-3633 @diribaba_turbesi El santuario, de dos plantas, está incrustado en la ladera de una montaña.

Data de 1402 y se halla frente a un cementerio muy antiguo, con lápidas talladas angostas y verticales. La tumba del maestro sufí Diri Baba, a quien se consagró el santuario, está en una gruta en la montaña.

El templo es pequeño pero su acceso es por escaleras, en parte con escalones de piedra y sin barandas. No apto para personas con limitaciones en la caminata. u$s 5.

Diariamente de 9 a 18 hs.ShekiDónde dormirMarxal Resort & Spa Kish, Sheki +99 (45) 5500-3585 @marxalresortspa Resort de cinco estrellas enclavado en las sierras en un parque de 34 hectáreas. “Estándares internacionales y hospitalidad oriental”, es como se promociona y la descripción no decepciona. Cuenta con 175 cuartos y 31 cabañas, a 10 minutos de auto del centro de Sheki.

Cuartos (y baños) espaciosos en los que predomina la madera. Ofrece spa (sauna, masajes, baños turcos; sala de ámbar y de sal para bienestar general), piscina cubierta con vista a las sierras, bowling y siete restaurantes en el edificio principal.

El desayuno buffet, simplemente impresionante. La doble desde u$s 85, suites desde u$s 120.Paseos y excursionesPalacio de los Khanes de Sheki El edificio data de 1761, fue construido dentro del recinto amurallado de la ciudad y está rodeado de un amplio jardín en desnivel.

Allí el interés lo concentran tres sicomoros –árboles de la familia de las higueras– plantados alrededor de 1530, con más de 30 metros de altura. La decoración de la residencia es, sencillamente, magnífica, pero está prohibida la toma de imágenes. u$s 6.

Diariamente de 9 a 18 hs. Se visita en una hora.