DOMINGA.– Nicolás Pérez conduce su camioneta por las calles poco iluminadas de Silao, un municipio de Guanajuato, en el corazón de México. En la parte trasera vienen con él unos cinco hombres.

Están en una “misión espiritual”, dicen, en busca de personas que luchan contra la adicción a la metanfetamina o el cristal para obligarlas a seguir un tratamiento en su centro de rehabilitación.