En las circunstancias actuales de la humanidad, marcadas por una crisis ecológica planetaria, la universidad juega un papel fundamental en el diseño de un futuro humanamente sostenible. En ese sentido, es importante promover el intercambio universitario global con experiencias diversas, más allá de circunscribirse únicamente a Occidente.

Con el horizonte de construir un futuro común, las otras experiencias universitarias constituyen un imperativo para salir del cerco eurocentrado. De la misma forma en que la universidad occidental aportó al desarrollo de la humanidad, otras experiencias también pueden hacerlo, enriqueciendo aún más ese horizonte emancipador.

No se trata de un intercambio instrumental, en el que estudiantes y profesores participen en actividades conjuntas sin compartir, al menos, un eje fundamental: la disposición a aprender de esas experiencias para construir un horizonte compartido para toda la humanidad y contribuir al diseño de un mundo humanamente sostenible. Desde los proyectos más pequeños hasta los más ambiciosos, aquellos que persigan ese objetivo aportarán ineludiblemente a ese fin superior.

La universidad es clave para la construcción de un futuro compartido. Cumple su mejor función cuando aprende de los problemas de las comunidades, diseña soluciones y contribuye a multiplicar sus resultados.

Así, aprender de experiencias globales exitosas fortalece ese propósito. Los aprendizajes derivados del intercambio universitario global avanzan en múltiples direcciones, especialmente cuando participan grupos transnacionales.

Ya no se trata únicamente del intercambio entre dos naciones, sino de una experiencia más amplia que multiplica perspectivas y enriquece las miradas. Por supuesto, aprenderemos de las experiencias exitosas, pero también de aquellas que fracasaron, para evitar repetir errores.

De la misma forma en que la práctica colonialista fracasó en la construcción de un horizonte compartido que no fuera una mera imposición, también los intercambios universitarios desarrollados bajo relaciones desiguales han mostrado sus limitaciones. En este nuevo momento histórico, resulta necesario impulsar un intercambio universitario global basado en el apoyo mutuo, el respeto y la comprensión de las necesidades y particularidades de cada sociedad.

La interacción entre lo global y lo local es fundamental, teniendo en cuenta que muchos de los problemas que hoy afectan a una comunidad específica son, en realidad, desafíos planetarios. De allí la importancia de traducir las experiencias exitosas en modelos capaces de adaptarse a distintos contextos.

Tejer redes universitarias internacionales que compartan conocimientos, investigaciones y soluciones permitirá enfrentar con mayor eficacia los problemas comunes de la humanidad y avanzar hacia un futuro verdaderamente compartido. El autor es doctor en filosofía.