Son múltiples las situaciones cotidianas que pueden generar estrés y poner a prueba nuestra paciencia.Quedarse atrapado en el tráfico vehicular cuando vas atrasado. Encontrarse con una extensa fila cuando vas al supermercado.

Intentar trabajar mientras un compañero de oficina no deja de contarte las actividades que hizo durante el fin de semana.Tales escenarios pueden generar desesperación y deseos intensos de que acabe el día. Si bien, es normal impacientarse de vez en cuando, cultivar la paciencia puede ser un aliado clave para esos momentos.No se trata de una cualidad innata, sino que de una habilidad que todos podemos potenciar.Cómo tener más paciencia en situaciones estresantes de la vida cotidianaEl director del Instituto de Bienestar Socioemocional (IBEM) de la Universidad del Desarrollo (UDD), el psicólogo Jaime Silva, dice a La Tercera que la paciencia y el control del estrés están relacionados a las habilidades que todos desarrollamos a lo largo de nuestras vidas.Por lo tanto, aunque hay personas que las tienen más o menos trabajadas, generalmente se pueden aprender y mejorar.“Una de las capacidades mentales más importantes que desarrollamos con la edad es mover el foco de atención en distintos niveles.

Por ejemplo, te puedes focalizar en el contexto en el que estás o entrar en un espacio mental, en el que puedes imaginar el futuro o recordar el pasado”.“Nuestra mente puede moverse en diferentes focos atencionales. Y la paciencia justamente se desarrolla a la par”, explica Silva.A modo de ejemplo, si centras tu foco de atención en terminar una fila o salir del tráfico vehicular, y no lo estás logrando, se genera una ruptura de expectativas.Esto último puede desencadenar emociones como frustración e irritabilidad, y es precisamente lo que lleva a que sintamos una pérdida de control sobre la situación.“Usualmente, las personas que tienen más paciencia son las que pueden salir de ese foco de atención, de lo que va a ocurrir o de lo que se desea que ocurra.

Se ponen a divagar en elementos que están sucediendo en el contexto, como escuchar una conversación que se está dando al lado, o empiezan a pensar en experiencias que ocurrieron anteriormente o en un plan para el futuro. Son capaces de usar su mente, en la espera, para otro objetivo”, afirma el psicólogo.Para ese tipo de escenarios, recomienda tratar de “desconectarse de los elementos que configuran lo que se desea obtener o conseguir”.

En otras palabras, se trata de tomar cierta distancia psicológica de la situación, de mover la atención hacia un punto distinto.Por ejemplo, si vas en tu auto y empiezas a sentirte frustrado porque el tráfico vehicular no avanza, puedes utilizar la radio como fuente de distracción.“Puedes escuchar música, una conversación, un debate, una noticia, personas que hablan de la vida cotidiana. Eso mueve tu atención y puede ser gratificante en ese tiempo en el que te trasladas”, asegura el director del IBEM.Lo mismo puede aplicarse, por ejemplo, si vas en el transporte público.

Puedes escuchar un podcast con tus audífonos o leer un libro que hace tiempo tenías ganas de leer, para así centrar tu atención en esos contenidos y no en el tiempo que falta para que llegues a tu hogar.Cómo gestionar la paciencia en las relaciones con otras personasLas estrategias mencionadas anteriormente pueden ser especialmente útiles cuando se está solo o la situación que genera estrés no está directamente ligada a una persona con la que se tiene un vínculo.“No obstante, la paciencia se pone mucho más a prueba en aspectos relacionales. Por ejemplo, en el trabajo, en los estudios y en todos esos contextos en los que hay relaciones con otras personas.

Ahí es donde las emociones suelen activarse mucho más intensamente”.Aquello puede reflejarse, por ejemplo, si necesitas hacer un trabajo universitario en equipo y tu compañero aún no entrega la parte que le tocó. O si tratas de concentrarte en el trabajo y uno de tus colegas te interrumpe constantemente para hablarte sobre la película que vio el fin de semana.En esas situaciones, en vez de asumir la carga tú solo, adaptarte a lo que espera la otra persona o desencadenar un conflicto no deseado, es clave establecer límites y buscar un punto de equilibrio en cómo se da la relación.

Para esto, la comunicación es fundamental.“Uno de los aspectos más relevantes para cultivar buenas relaciones y fomentar equilibrios es aprender a comunicar lo que espero o necesito”, asegura el experto.Al ser consultado sobre cuál es el momento ideal para transmitir esas expectativas y necesidades, Silva dice que uno distinto a la instancia en la que se presenta el conflicto.“Cuando abordas el asunto en el punto más álgido, cuando está el tema de discusión presente, generalmente no termina bien, porque se tiende a responder de manera más emocional. Lo ideal es hacerlo en un momento donde hay tranquilidad”.Para poner esto en práctica, a modo de ejemplo, se le podría decir a la persona: “¿Te parece si más tarde nos tomamos un café o almorzamos juntos?”.

Luego, cuando estén reunidos, puedes decirle: “Te quería comentar que me cuesta concentrarme en el trabajo cuando me hablas”.En ese caso hipotético, explica Silva: “Le hablo desde mis necesidades. No le digo: ‘Lo que pasa es que interrumpes mucho’.

No, le hablo de mí. Cuando hablas desde tu rol y desde tus necesidades, es más fácil que la otra persona te escuche o de alguna manera comprenda cuál es el mensaje que quieres transmitir”.“Si siempre te estás adaptando, eso se llama sumisión.

Si siempre dejas de lado lo que necesitas o lo que para ti es bueno, luego eso se transforma en emociones negativas o displacenteras, como la rabia, el malestar o el agobio”.“A la larga, las personas que son excesivamente sumisas pueden tener más probabilidad de desarrollar trastornos depresivos, por ejemplo. Entonces, si tú siempre estás poniendo al otro como prioridad y no pones también tu parte o tus necesidades en el vínculo, eso incluso se puede transformar en un problema de salud mental”, sentencia el especialista.