Eduardo Blasco, campeón de salvamento y socorrismo: "Me da igual salvar a alguien en un yate o en un cayuco"

Como suele decir en broma Eduardo Blasco, un campeón del mundo en labores de salvamento y socorrismo, "cuando tenía cuatro añitos me secuestraron y me llevaron Fuerteventura". Hasta entonces había vivido en Donosti.
Su aita es médico y, después de estar muchos años en Houston, decidió mudarse "al lugar más recóndito que había en ese momento". En la isla tuvo una infancia "muy tranquila".
Lo malo es que esa tranquilidad se entremezcló con el drama de migración, al punto de convertirse en testigo directo de las penurias de la gente que llegaba a las playas a bordo de pateras o cayucos en muy mal estado. "Siendo un enano visualicé cosas que ningún niño debería haber visto jamás", afirma.
Se refiere a cuando en 2006 tuvo lugar la crisis de los cayucos durante la cual arribaron al archipiélago 31.678 migrantes, lo que supuso un récord histórico en la ruta atlántica. Por entonces estaba en sexto de primaria.
"Sin lugar a dudas, aquello me afectó muchísimo", arguye.Y tanto que le afectó. No solo a su formación deportiva –es campeón del mundo en Salvamento y Socorrismo en la categoría de 50 metros arrastre-, también a su actividad académica.
"Enfocar mis estudios a los derechos humanos y al derecho internacional y marítimo es culpa de haber vivido en una zona migratoria de alta tensión" indica. Así que cuando en 2022 mantuvo una conversación telefónica con un amigo en la que charlaron sobre la posibilidad de echar una mano en un rescate que se estaba llevando a cabo en el Mediterráneo central, "sin que pueda decir el sitio exacto", no lo dudó.
Blasco contaba con mucha formación, "aunque apenas tenía experiencia en rescates masivos". Lo que ocurre es que, al final, acabó involucrándose hasta las cachas en la tarea.El paso del tiempo le ha aportado esos conocimientos de los que carecía hace cuatro años para abordar a una persona que se está ahogando en alta mar "que es muy probable que ni siquiera te entienda".
Lo primero que tiene en cuenta es entender qué puede significar la figura del rescatador para una persona que está a punto de perder la vida. "Cuando alguien corpulento vestido con un chaleco salvavidas y casco entra en contacto con un individuo que huye de la guerra, de la miseria o de lo que sea, tienes que entender que tú puedes generar miedo", explica.
Y ese temor puede provocar que la embarcación vuelque cuando los que van a ayudar se aproximan a los tripulantes. “Hay que tener en cuenta que todos quieren ser el primero en ser rescatado”. Puro instinto de supervivencia.Si algo tiene claro el deportista vasco es que las labores de rescate no pueden servir para empeorar una situación que ya, de por sí, es muy compleja.
"Si, de repente, llegas a una embarcación y vuelca con 200 tripulantes a bordo, ¿de quién es la culpa?", se pregunta. Blasco es muy sincero: "Pues tuya".
Ningún rescate es igual a otro. Cada persona tiene emociones distintas al resto cuando ya se sienten seguras a bordo de un barco que les va a llevar a tierra firme.
Los tripulantes de un cayuco o una patera pueden ser de 26 países diferentes que viajan en grupos donde hay ancianos, hombres, mujeres, niños y hasta bebés. "Cada historia es un mundo y yo me he encontrado de todo", espeta.
Cuando por fin se sienten seguros unos lloran "porque han sufrido lo indecible", otros se alegran "y te lo agradecen", otros tienen miedo, "e incluso hay gente que se interesa por saber dónde les llevan".Todo lo que relata Blasco son experiencias únicas e inolvidables. "No me quiero imaginar vivir una situación así con 18 ó 20 años cuando llegas a un lugar donde todos son de un color distinto al tuyo, visten de otra forma, te miran raro y algunos hasta te odian", asevera.
Hasta ahora, como dice el rescatador vasco, tiene la suerte de estar vinculado profesionalmente a dos gobiernos autonómicos como son el vasco y el canario, "aunque también tengo contactos con el Gobierno central", que le permiten trabajar sin imposiciones ideológicas. "Siento que estoy en un oasis en el que de alguna manera logro eludir las críticas al más alto nivel".
Lo consigue planteándose su trabajo de una manera "transversal" y cuidándose mucho de tratar temas espinosos como el origen o destino de los migrantes "porque así mi discurso está muy blindado".Pero esas críticas no pueden surgir solo a nivel institucional, para eso están las redes sociales –muchas veces desde el anonimato- o la gente de a pie. "Ahí sí he sufrido la polarización total que estamos viviendo en España, porque hay quienes son tan reactivos que conforme escuchan la palabra migración hacen clic y automáticamente el raciocinio sale por la borda y despliega todo el odio", denuncia.
Para Blasco resulta especialmente "doloroso" regresar de un viaje donde ha podido estar durante tres o cinco semanas sin tocar puerto, "en el que has podido arriesgar tu vida", y tener que escuchar ese tipo de mensajes críticos a su labor. Y es que, como bien aclara el rescatador afincado en Fuerteventura, no acude a socorrer migrantes que están a punto de ahogarse en el mar para que le aplaudan.
"Voy allí a salvar vidas y a anotar todo aquello que me ayude explicar toda esta situación sin que nadie me la cuente". De ahí que insista en lo duro que se hace escuchar cómo un reducido grupo de personas trata de ningunear su trabajo.Tal vez a alguien le pueda chirriar que haya tenido que oír "auténticas barbaridades" por el hecho de ayudar a traer a tierra firme a migrantes que navegan sin rumbo en alta mar.
"Ojalá te ahogues…", le han llegado a decir. Y Blasco, en este aspecto, es muy vehemente en sus explicaciones.
Defiende con uñas y dientes la idea de que su tarea consiste en luchar sin distinciones de ningún tipo contra los ahogamientos. "Me da igual salvar la vida de alguien que está en un yate que la de quien viaja en cayuco" .
Lo aclara porque incluso hay etiquetas que distinguen los ahogamientos migratorios de los “mal llamados” nacionales.Conviene recordar que no todas los que fallecen en el agua son migrantes. Un dato: el año pasado se ahogaron en las costas españolas 472 personas.
Si a esta cifra se suman los ahogamientos en alta mar, supera con creces la de 1.119 muertes en accidentes de tráfico el pasado año. El problema, por lo tanto, es muy grave.
No se limita a la escasa señalización de los puntos críticos en los lugares de baño para pegarse un chapuzón. "Es que faltan muchas más cosas como medidas coercitivas, campañas integrales o más profesionales formados", subraya.
Blasco entiende que el alto número de fallecidos por ahogamiento no obedece en todos los casos a una "temeridad" por parte de los bañistas, sino que tiene mucho ver con la falta de una educación específica sobre el tema. "La gente no sabe cuando cambian las mareas, y eso sí que es un problema", añade.Esa temeridad, el desconocimiento, el exceso de confianza o incluso la ignorancia, son factores clave que pueden provocar la muerte por ahogamiento.
"Creemos que sabemos dónde nos estamos metiendo, y ni siquiera nos hemos fijado en el horario de la mareas", insiste Blasco. Este año, cuando aún no se ha abierto oficialmente la temporada de baño, ya se han registrado 124 ahogamientos.
"Aunque se esfuercen, la realidad es la que es", señala. A esa cifra se une el escalofriante dato de los 283 heridos parapléjicos con daños cerebrales irreversibles.
En esa línea, el deportistas vasco dice sentirse "impotente" y, tal vez, algo resignado, porque todo apunta a que este año se superarán los 472 fallecidos del ejercicio anterior. "Es como el día de la marmota y, la verdad, que uno se llega a asustar por la falta de conocimientos básicos de la gente porque se llega a crear un obstáculo mastodóntico imposible de superar", asegura.Ahora mismo, su labor de rescatador le hace llevar una vida "infernal" debido a sus constantes viajes.
Eso sí, le viene "muy bien" pasar alrededor de cien días al año en Fuerteventura. "Es un sitio fabuloso para mi preparación porque la puedo hacer a mar abierto y siempre hace sol.
¡Imagínate hacer lo mismo en Donosti!". Para estar en forma se somete a una preparación en seco “exhaustiva” donde combina el crossfit con el gimnasio convencional para hacer fuerza en sesiones dobles cinco días a la semana.
"Lejos de lo que la gente cree, la actividad que realizo es muy física". No basta con un nadador al uso porque eso le haría poco eficiente teniendo en cuenta que muchas veces tiene que empujar o arrastrar a hombres o mujeres.
"Nadando muy bien, a lo mejor puedo alcanzar a 15 ó 20 personas sin ningún tipo de problemas, y luego ¿cómo hacemos?, ¿cómo les subo al helicóptero?”, se pregunta.Blasco precisa que no es lo mismo abordar una operación de rescate en las que viajan personas que vienen de Eritrea, donde la hambruna les deja muy débiles, que de Nigeria "donde los hombres son mucho más altos, tienen buena nutrición y pesan 90 kilos como mínimo, así que si llevas uno, no pasa nada, pero si lo haces con cien tienes que tener una resistencia muscular muy elevada". Eso también se entrena.
Por ejemplo, en los campeonatos de Salvamento y Socorrismo tiene que realizar seis pruebas distintas. La de 50 metros arrastre, que consiste en hacer la primera mitad a nado y la segunda remolcando un maniquí que está en el fondo de la piscina “que pesa muchísimo”.
Otras serían la de 100 metros combinada (50 natación, 17 buceo y 33 remolque) o 200 metros obstáculos, una especie de carrera de vallas que tiene que pasar por debajo del agua, y así hasta completar las seisSu especialidad son los 50 metros arrastre. Su complexión física le ayuda más que en otras pruebas.
Pesa más de cien kilos y mide 186 centímetros y, como asimismo es un buen nadador, la prueba le viene como anillo al dedo. Al ver a un vasco tan fortachón enseguida surge la duda de si le gustaría probar con el levantamiento de pierda y convertirse en un harrijasotzaile.
De hecho, está preparando también las pruebas para competir como strongman y esa actividad le puede resultar de gran ayuda. "Por el tema de la fuerza en el agarre en mis preparaciones me estoy acercando peligrosamente a planificaciones que tienen que ver con esa clase de deportes tradicionales, así que no te extrañe que acabe siendo el primero que combine la natación con el deporte rural vasco", concluye.
Información de 20 Minutos. Edición y redacción: Noticias Today.
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