En Tasajera, uno de los pueblos más pobres del Caribe, un grupo de mujeres formó una organización que hoy genera empleo, protege cerca de 200 especies de aves y reforestan con manglares las costas que han sufrido la tala y la degradación ambiental. El proyecto de conservación ambiental ha vinculado mujeres, jóvenes y aliados estratégicos para continuar protegiendo manglares y aves.CortesíaLos niños estaban acostumbrados a maltratar a las aves.

A algunas las desplumaban, y otras quedaban tan malheridas, que por más voluntad que tuvieran no podían volver a alzar el vuelo. Hubo días en que esperaban sigilosos a que la bandada de pelícanos sobrevolara para derribarlos con una pieza de plomo amarrada a unos cuantos metros de nailon que frustraba cualquier maniobra de evitar colisionar contra el suelo.

En medio de la vía que conecta Barranquilla con Ciénaga, un grupo de mujeres se reunió hace seis años y decidió transformar esas prácticas destructivas en un proyecto de conservación ambiental. Primero se adiestraron en ornitología y medio ambiente.

Luego educaron a los niños para que comprendieran que cada ave caída amenazaba gravemente el equilibrio en la Ciénaga Grande. Luego de media década de trabajo, hoy la apuesta vincula a cerca de una treintena de habitantes del pueblo, genera empleo y les ofrece futuro a los “pelaos” para que en la próxima generación sean ellos los líderes de la protección de la ciénaga y, por qué no, convertir a Tasajera de un pueblo en pobreza extrema a un referente de conservación y turismo sostenible.

Léase también: Corte Constitucional protege a madre lactante despedida: un fallo con enfoque de géneroEl proyecto fue apoyado inicialmente por Parques Nacionales Naturales de Colombia y la Fundación ACDI/VOCA. Hoy es gracias a su perseverancia que la apuesta de conservación, aviturismo y pedagogía a los jóvenes empieza a conocerse en Colombia e incluso ya recibe visitas internacionales de “pajareros” o biólogos interesados en el programa.“Mujeres, niñas, niños y hombres.

Todos entran en este proyecto que nos da oportunidades, le cambia la cara a Tasajera y protege nuestro hogar y la biodiversidad”, dice la lideresa. Restaurando HábitatAmarilis y su familia crecieron viendo cómo el lugar que los vio nacer se deterioraba con el tiempo.

Tasajera está a la orilla del Vía Parque Isla Salamanca (Vipis): un inmenso espacio de 56.200 hectáreas de parque natural que alberga cerca de 200 especies, como el colibrí manglero o el caimán aguja. Cuando nació ya se sentía el impacto negativo de la Troncal del Caribe: la vía construida en la década de los 50, que partió en dos un ecosistema completo y causó una muerte prolongada de miles de hectáreas de manglar.

Recomendado: “El próximo gobierno necesita una política frente a la explotación sexual”: Claudia QuinteroLuego siguió el olor a madera quemada, producto de al menos 70 incendios registrados desde 2013 y, de vez en cuando, encontrar reptiles o docenas de pájaros carbonizados en el suelo. Así que decidieron mitigar el deterioro ecológico.

Al inicio fundaron el Semillero Alcatraz: un espacio para vincular a todos los jóvenes posibles, y en especial a las niñas, para que formaran habilidades en liderazgo. Allí ingresaron varios de los jóvenes que en el pasado maltrataban a las aves y, según sus cuentas, habían martirizado cerca de 1.000 ejemplares.

Después fundaron la Asociación Comunitaria Restaurando Hábitat: una organización formalmente constituida y que tiene como objetivo generar ingresos, garantizar la autonomía financiera de ellas y transformar el ideario de Tasajera en un destino apetecible para el turismo. La organización ofrece trabajos formales a mujeres que se han dedicado al aviturismo, pero también imanta otros emprendimientos liderados por ellas y sus familias, como artesanías hechas con madera de manglar y gastronomía.

Hoy, incluso, varias de estas mujeres que en el pasado no tenían acceso a un ingreso formal son versadas en la conservación, conocen el ecosistema y son las guías principales de algunos de los tours que Restaurando Hábitat hace en Isla Salamanca, también para generar recursos y continuar financiando la conservación. Cada recorrido, señala Amarilis, implica una ganancia de cerca de COP 270.000 para ellas, lo que termina retribuyendo a sus familias y el resto de la economía en Tasajera, pueblo donde el 46,6 % de sus habitantes se ubican debajo del umbral de pobreza, según el DANE.“Éramos un grupo de amas de casa y pescadores que transformamos las malas prácticas en oportunidades.

Hoy somos, con orgullo, una asociación y unas lideresas que están logrando un futuro posible en Tasajera”, comenta Amarilis. Incursión por aguaPero Amarilis y el resto de ellas buscaron un impacto mayor.

No bastaba con que los pájaros dejaran de ser maltratados o consolidar el turismo sostenible. También tenían que empezar a restaurar el territorio.

Así que en asocio con VIPIS y ACDI/VOCA aunaron esfuerzos y empezaron a navegar las costas de la ciénaga para reforestar los manglares, claves para evitar la erosión marítima.Puede interesarle: Violencia sin fronteras: uno de cada 10 feminicidios en Bogotá fue contra migrantesAlgunas veces lo hacían en sus piraguas, y otras en fila india con los matorrales de manglar listos para sembrar. De acuerdo con sus cuentas, se han sembrado cerca de 20 hectáreas de manglares. “Ha sido un aprendizaje que se convirtió en oportunidades y resultados que nos ayudan económicamente y preserva nuestra tierra.

Los jóvenes tienen un rumbo y las mujeres posibilidad de decidir”, subraya Amarilis, quien continúa buscando más niñas para vincular a Restaurando Hábitat. A futuroEn algunos años estas mujeres sueñan con ser reconocidas a nivel nacional y mostrarle a Colombia el potencial del aviturismo sostenible.

Según afirma la lideresa, el trabajo más difícil ya se hizo: convencer a todo un pueblo a conservar su territorio. Ahora falta otro tramo por recorrer, el de mantener un proyecto en las próximas generaciones.

Mientras tanto, Amarilis y las otras 30 mujeres de la Asociación continuarán repitiendo en Tasajera y el resto de la Ciénaga Grande que deben proteger la naturaleza, sus especies y las oportunidades para sus mujeres y sus jóvenes.