En la primera sala de la exposición Van Dyck, el europeo, en el Palazzo Ducale de Génova, hay un autorretrato del pintor flamenco de cuando tenía apenas 15 años. Anna Orlando, comisaria de la muestra, se detiene ante la pieza y señala su mirada: “Ya a esa edad mira como diciendo: ‘Estoy aquí y voy a hacer algo especial’.

Es casi un manifiesto de lo que después sería su legado”. Este desafío se lo lanzó al mundo cultural que le contemplaba, pero iba especialmente dirigido a Rubens. “Parecía que nadie podía competir contra el artista más admirado, pero Van Dyck estaba dispuesto a conseguir superar a su propio maestro”, afirma la experta, que confiesa que es la responsable de que la muestra empiece por esta tela.Seguir leyendo