Confieso que Robert Francis Prevost, el papa León XIV, empezó su pontificado generándome expectativas más bien modestas. La fumata blanca se elevó desde el tejado de la Capilla Sixtina el 8 de mayo de 2025.

Yo observaba expectante. Quería saber quién sería el nuevo papa, pero también sentía nostalgia por Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, a quien conocí durante una audiencia privada en 2016.

Francisco dejó en mí una huella profunda. Su ternura con ciertos arranques de enojo, sus intentos de apertura, sus frases que desconcertaban a los más conservadores y, sobre todo, lo que me hizo sentir, como protestante que soy, al recibirme en el palacio papal.Al día siguiente de la elección, publiqué una sola expectativa: que escribiera sobre la inteligencia artificial.Mi sorpresa fue enorme cuando, justo un año después, el pasado 18 de mayo, supe que su primera encíclica tocaría de manera medular ese tema.

Con más de 40.000 palabras, Magnifica Humanitas es una de las encíclicas papales más extensas. La leí y pensé que ya estaba todo dicho.

Desde su contundente perdón por el papel de la Iglesia en la esclavitud hasta la no tan inesperada cita de J.R.R. Tolkien.En los últimos 130 años, la Iglesia ha reflexionado sobre los grandes cambios del mundo.

La Revolución Industrial fue abordada por León XIII en Rerum Novarum (1891), el capitalismo y el marxismo por Pío XI en Quadragesimo Anno (1931) y Divini Redemptoris (1937), la guerra y la paz por Juan XXIII en Pacem in Terris (1963), la globalización por Benedicto XVI en Caritas in Veritate (2009) y la ecología por Francisco en Laudato Si (2015). Ahora dirige su atención a algo que afecta a todos los temas de las encíclicas anteriores.

Pero León XIV no comienza hablando de ChatGPT, sino que nos recuerda que lo verdaderamente asombroso sigue siendo el ser humano y su maravillosa creatividad. ¿Por qué no?Yo no podría asegurarlo, pero existe una publicación titulada Claude, Author of the Humanitas?

Evidence that the First Papal Encyclical on AI Was Substantially Written by AI. La leí con cierto rechazo.

Después pensé: ¿Y por qué el Papa y sus asesores no podrían usar una herramienta como Claude? Las encíclicas no suelen ser obra de una sola persona.

Resultaría extraño imaginar que fueran escritas hoy como en la Edad Media, a mano y sin apoyo tecnológico. ¿Sería por ello menos inspirada por Dios?

¿Puede Dios servirse también de la IA, como lo hace de los avances médicos?La IA puede procesar información a una velocidad asombrosa, pero no posee creatividad en el sentido humano de la palabra. Basta con observar a un niño de 3 años: con una caja de cartón puede crear un castillo, una nave espacial o un zoológico.

No consulta bases de datos ni analiza millones de ejemplos. Simplemente imagina.

Las máquinas reorganizan lo existente; los seres humanos seguimos siendo capaces de atribuir significado, crear novedad y soñar posibilidades.Una herramienta necesariaLo cierto es que la IA está ayudando al cristianismo y a la humanidad a resolver problemas milenarios. Está ocurriendo con las tablillas cuneiformes de Mesopotamia, cuya traducción se acelera gracias a proyectos que utilizan IA para reconstruir fragmentos y completar textos escritos hace 4.000 años.Hace solo unas semanas, un equipo encabezado por Garrick V.

Allen, de la Universidad de Glasgow, anunció la recuperación de páginas perdidas del Codex H, un manuscrito griego del siglo VI que contiene las cartas paulinas. Gracias a imágenes multiespectrales, análisis computacional e IA fue posible identificar rastros invisibles de tinta y reconstruir digitalmente un auténtico “texto fantasma” oculto durante siglos.Otro caso fascinante procede de Qumrán, donde investigaciones basadas en IA han permitido nuevos análisis del Gran Rollo de Isaías.

La IA al servicio de la investigación bíblica y, en última instancia, de la fe.La maravilla irreductible de lo humanoLa pregunta de la encíclica no es qué pueden hacer las máquinas, sino qué significa seguir siendo humanos en una época de máquinas cada vez más sofisticadas. Y, más aún, qué significa seguir creyendo en Dios en la era de la inteligencia artificial.De manera contundente, la encíclica arremete contra los nuevos fascismos, los totalitarismos, la meritocracia y las amenazas contra la dignidad humana.

Por eso lanza un llamado a salvaguardar nuestra falibilidad, vulnerabilidad, fragilidad y creatividad.¿Babel?Magnifica Humanitas dialoga con la Torre de Babel. Génesis 11:1-9 comienza afirmando que “toda la Tierra tenía una sola lengua y unas mismas palabras”.

La ruptura llega cuando las lenguas se confunden y los seres humanos se dispersan.Los llamados LLM (Large Language Models) son alimentados por miles de millones de palabras producidas durante generaciones. Geoffrey Hinton, Yoshua Bengio y Stuart Russell han advertido de que estos sistemas no comprenden el mundo como los seres humanos.

Generan respuestas plausibles, pero también errores y sesgos. Sobre todo, sesgos.

La Babel digital podría consistir en una abundancia de discursos aparentemente coherentes que termine erosionando nuestra capacidad para distinguir entre verdad, ficción o propaganda.Cada vez más personas buscan en la IA consejo moral, orientación existencial, compañía e incluso respuestas espirituales. Es como tener un pastor, un sacerdote, un médico, un motivador y un psicólogo juntos, siempre disponibles y siempre amables.

Pero la IA no puede ayudarnos a resolver nuestras necesidades más profundas. No puede ofrecer experiencia, compasión ni amor.

Puede simular compañía, pero no reemplazar un beso o las cosquillas.Al terminar este artículo, vuelvo a recordar la audiencia con Francisco. En ella escuché una de las expresiones más duras de Pablo: stolti galati, gálatas estúpidos.

Describe a quienes dejan de comprender algo que ya sabían. Ese riesgo también nos acompaña hoy.

Podemos construir herramientas extraordinarias, recuperar textos perdidos durante 2.000 años y ampliar como nunca antes el acceso al conocimiento. Pero no deberíamos olvidar aquello que ya sabemos: que nuestra capacidad de amar, de hacer el bien, de acoger al otro y de buscar la verdad sigue siendo el tesoro más grande que poseemos.

Conviene cuidarlo.jose@editorialabyad.comJosé Chacón es escritor y editor.