De los 'locos de los ovnis' a un tema de Estado: el giro del Pentágono

El concepto de continuum describe un proceso gradual y acumulativo de transformación, en el que las transiciones no ocurren de forma abrupta, sino mediante etapas interconectadas de evolución y adaptación. A manera de ejemplo, la evolución humana puede entenderse como un continuum de cambios graduales entre especies a lo largo del tiempo, o una enfermedad particular puede verse como un continuum de cambios de salud que llevaron a una persona sana a padecer cierta condición de salud.
Son procesos graduales, con escalas y transiciones.“Estamos publicando mucha información relacionada con cosas extraterrestres y la gente está totalmente fascinada con ello”, expresó el presidente Donald Trump muy recientemente. “Literalmente, es la tendencia número uno, ¿pueden creerlo?”. Esta declaración surge en un contexto específico: se ha generado un sitio web del Pentágono que muestra cientos de archivos, videos y documentos desclasificados sobre fenómenos anómalos no identificados (en inglés, UAP).
El congresista Eric Burlison, miembro de la Comisión Especial para la Desclasificación de Secretos Federales, afirma abiertamente sobre este tema: “Estamos viviendo en la era de la revelación”.Un tema que en el pasado implicaba “asesinato político y reputacional” es ahora tendencia mundial, y ha hecho que la población pregunte: “¿Van a revelar ‘algo’ más?”. Los escenarios de fascinación mediática hollywoodense nos llevan a imaginar al presidente de Estados Unidos sentado en la Oficina Oval, comunicándole al mundo la existencia de seres o inteligencias no humanas.
Ese escenario simplista nos empuja a buscar un momento cúspide: un anuncio único y definitivo, un antes y un después. No obstante, la realidad es que, en cualquier proceso de transformación global, lo que suele ocurrir es algo mucho más gradual y progresivo: un continuum que, eventualmente, podría conducir a ese esperado momento.Me resulta imposible afirmar con absoluta certeza que existan seres o inteligencias no humanas.
Pero sí puedo reconocer, con la misma certeza, la existencia de un continuum muy claro a partir de 2017. Específicamente, en diciembre de ese año sucedió el gran punto de inflexión moderno, cuando The New York Times dio a conocer la existencia del programa secreto AATIP y publicó videos militares como “Tic Tac”, “Gimbal” y “GoFast”, que mostraban encuentros inexplicables registrados por pilotos de la Marina estadounidense.Ese artículo confirmó que el Pentágono y el Gobierno de Estados Unidos mantenían investigaciones activas sobre fenómenos UAP, pese a décadas de negaciones oficiales.
A partir de entonces, los UAP iniciaron una lenta pero permanente transición desde espacios considerados marginales o no tradicionales hacia un asunto de seguridad nacional y transparencia pública.El Congreso estadounidense inició a involucrarse de manera más visible, impulsando audiencias, informes y reformas legislativas orientadas a una mayor transparencia en torno al tema. El Pentágono confirmó la autenticidad de los videos, creó nuevas oficinas de investigación UAP y empezó a tratar el fenómeno como un asunto legítimo de seguridad nacional.
Paralelamente, figuras como Barack Obama, Bill Clinton, Marco Rubio y Chuck Schumer, entre otros, reconocieron públicamente que existen objetos observados en el cielo cuyo origen no puede explicarse con certeza.Entre 2021 y 2025, el Congreso de Estados Unidos llevó a cabo varias audiencias públicas sobre UAP por primera vez en más de medio siglo. La NASA abrió estudios oficiales y surgieron organismos permanentes, como AARO, para investigar fenómenos anómalos.
Asimismo, múltiples whistleblowers y exfuncionarios gubernamentales afirmaron que existen programas secretos de recuperación e ingeniería reversa de tecnología “no humana”.Aunque no se han presentado pruebas concluyentes al público, resulta evidente que el debate cambió profundamente. La discusión dejó de centrarse en si los UAP existen y pasó a enfocarse en qué información permanece clasificada y en si ha existido un manejo gradual de la narrativa pública durante décadas.
Asimismo, este fenómeno no se limita a Estados Unidos: procesos similares se observan en Brasil, Japón, Francia, Reino Unido y otros países.En este 2026, se percibe una etapa que podría considerarse el inicio de una “normalización cultural”, caracterizada por una mayor apertura en la discusión pública, la pérdida progresiva del estigma y una creciente integración mediática y política del tema. Primero, Obama; después, Clinton, y ahora, Trump: nunca antes se había visto a expresidentes y, mucho menos, a un mandatario en ejercicio hablar tan abiertamente sobre los UAP.Incluso la oficina en Suiza de Deloitte, una de las cuatro firmas auditoras más influyentes del mundo, incorporó como ejemplo de “cisne negro” (es decir, un evento altamente improbable, pero de impacto sistémico) la eventual revelación de inteligencia no humana.Reitero y enfatizo: no se trata de conclusiones definitivas, sino de interrogantes persistentes.
Pero también sería ingenuo ignorar que estamos frente a un proceso gradual de reconocimiento, legitimación y transformación cultural de un fenómeno que aún no comprendemos plenamente. Es un hecho que vivimos una era de revelación.
Y, como ocurre con cualquier cisne negro, el mayor riesgo no es que suceda, sino que ocurra mientras seguimos intelectualmente desprevenidos.El debate sobre los UAP ya no ocurre únicamente en los márgenes de la cultura popular. Hoy se desarrolla dentro de gobiernos, parlamentos, agencias espaciales y organismos internacionales.
La discusión está en marcha y, con el paso del tiempo, seguirá creciendo. Mente abierta y curiosidad científica: esa debería ser la premisa en esta era de la revelación.ecarranza@rlabogados.crEsteban Carranza Kopper es abogado.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
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