Las cámaras no mienten, pero las cifras oficiales parecen tener otros datos. Durante el partido entre Corea del Sur y la República Checa en el Estadio Guadalajara —segundo duelo del Mundial 2026 y el primero en tierras tapatías—, la señal internacional transmitió una imagen demoledora: hileras enteras de butacas rojas desiertas.

El máximo organismo del futbol reportó una asistencia oficial de 44,985 espectadores en un inmueble con capacidad para 46,000 personas. El problema radica en que la percepción visual contradecía drásticamente el reporte matemático, desatando la furia de los usuarios en redes sociales durante la madrugada.La insólita justificación que encendió las redes La reacción del público no se hizo esperar.

Aficionados acusaron directamente a los excesivos precios de los boletos impuestos por el comité organizador como la causa principal del abandono en las gradas. Ante la ola de críticas, un portavoz de la institución lanzó una aclaración que generó todavía más indignación y debate: Esta polémica choca de frente con la postura del presidente del organismo, Gianni Infantino, quien días antes defendió el sistema de precios dinámicos argumentando que la entrada mínima de 60 dólares es la más barata para eventos de esta magnitud en Norteamérica.

Los grupos de animación respondieron que esa tarifa ignora los brutales costos de hospedaje, transporte y visados. El impacto visual fue un balde de agua fría para un torneo publicitado como el más grande de la historia.

Apenas horas antes, más de 80,000 aficionados habían abarrotado el Estadio Ciudad de México para el partido inaugural entre México y Sudáfrica, mostrando un lleno pletórico que Guadalajara, una de las ciudades con mayor tradición futbolera del país, no pudo replicar con las imágenes de las transmisiones del partido. Para los críticos del modelo comercial, ver el coloso de Zapopan semivacío en su debut mundialista es el reflejo de un sistema que transformó las entradas en activos financieros inaccesibles para el verdadero fanático.

El torneo apenas arranca, pero el debate por el boletaje ya amenaza con manchar la fiesta.