Para el planeta entero siempre será el Azteca. El nombre oficial puede cambiar en los contratos comerciales, en los papeles bancarios o en las placas de la fachada, pero en la memoria colectiva del balompié global el Coloso de Santa Úrsula posee una sola identidad.

Este jueves, uno de los narradores más influyentes de España lo comprobó en carne propia. Lluis Flaquer, la voz histórica que relata los juegos del FC Barcelona en la prestigiosa Cadena SER, debutó en el inmueble este 11 de junio durante el encuentro de apertura de la Copa del Mundo 2026 entre la Selección Mexicana y Sudáfrica.

Al terminar la transmisión, en una charla con Manu Carreño para el programa El Larguero, describió la experiencia con una contundencia absoluta. El cronista ibérico, acostumbrado a recorrer los recintos más lujosos de Europa, no escatimó en elogios para la casa del fútbol mexicano luego de vivir su primera experiencia en las tribunas del coloso capitalino: Flaquer indicó que las gradas totalmente verticales, el rugido ensordecedor de más de 80 mil espectadores y la marea teñida de verde lo dejaron sin palabras.

Destacó la enorme carga histórica que se percibe en el ambiente y el imponente espectáculo visual que ofrece el recinto. Este reconocimiento internacional llega en un momento de renovación total para el inmueble.

Luego de casi dos años de intensas remodelaciones y una inversión millonaria, el mítico recinto se reinauguró formalmente a inicios de este año. Aunque el acuerdo por los derechos de nombre modificó su denominación comercial a largo plazo, el reglamento de la FIFA prohíbe el uso de marcas comerciales no patrocinadoras durante el torneo internacional.

Por esta razón, la sede figura oficialmente como Estadio Ciudad de México. Las características históricas del inmueble lo consolidan en la cima del deporte mundial: Hito histórico: Primer estadio en albergar tres ediciones de la Copa del Mundo (1970, 1986 y 2026).Legado: Sede de dos de las finales más memorables del futbol con Pelé y Diego Maradona.Flaquer fue testigo de una jornada inolvidable donde el coloso ratificó su estatus como un templo sagrado del balompié.