Estos son los alimentos que no debes comer antes de subir a un avión, ¡al menos que quieras sufrir las consecuencias a 10 mil pies de altura! Y es que no hay nada más incómodo que pasar un vuelo encerrado en el diminuto baño de la aeronave o sufriendo en silencio en el asiento del medio.

Si te vas de vacaciones y estás en la sala de espera del aeropuerto, es común que caigas en la tentación de devorar una hamburguesa grasosa, unas papas fritas crujientes o un café gigante con leche. No obstante, esta decisión gastronómica podría ser un tremendo error que termine en inflamación abdominal severa, dolores punzantes causados por gases atrapados, deshidratación acelerada y un malestar general que arruinará las primeras jornadas de tus vacaciones.

Aunque las ensaladas de col rizada (kale), los tazones de brócoli al vapor o los burritos repletos de frijoles negros se perciben como opciones saludables y ligeras en el día a día, consumirlos unas horas antes de abordar un avión es un boleto directo al sufrimiento. Estos alimentos contienen un carbohidrato complejo llamado rafinosa, la cual no puede digerirse de forma natural por el cuerpo humano y causa un proceso de fermentación bacteriana masiva, liberando grandes volúmenes de dióxido de carbono, hidrógeno y metano.

Si a este proceso natural de fermentación le sumas la expansión del 30% por la altitud, tu intestino se convertirá en una olla de presión a bordo. Las hamburguesas con doble queso, las pizzas y las papas fritas son los reyes indiscutibles de las terminales aéreas debido a su rapidez y sabor reconfortante.

No obstante, las grasas saturadas exigen al sistema digestivo un esfuerzo energético monumental. Las grasas retrasan de forma severa el vaciado gástrico, lo que significa que la comida permanece estancada en tu estómago durante muchísimas más horas de lo habitual.

Al pasar tanto tiempo sentados en la misma posición dentro del avión, el flujo sanguíneo de las extremidades y del sistema digestivo se ralentiza; provocando esa desagradable sensación de pesadez extrema, acidez estomacal, reflujo gastroesofágico y náuseas durante las turbulencias. Comprar un refresco gigante o un agua mineral con gas justo antes de subir al avión es el equivalente químico a tragar burbujas de aire comprimido de forma voluntaria.

El gas atrapado en el líquido se libera de inmediato en el estómago en cuanto el líquido se calienta a la temperatura corporal. En la altitud de la cabina, esas burbujas se expandirán con violencia, forzando a tu cuerpo a expulsarlas de forma incómoda a través de eructos constantes o flatulencias dolorosas.

Si vas a hidratarte, que sea siempre con agua natural, limpia y sin gasificación alguna. Para muchos viajeros, las vacaciones inician formalmente en el bar del aeropuerto con una cerveza helada, una copa de vino o un cóctel tropical para celebrar el despegue.

Hay un mito urbano muy extendido que asegura que consumir un par de tragos antes de abordar es el remedio perfecto para conciliar el sueño de forma inmediata en los vuelos nocturnos y olvidarse del estrés del trayecto. No obstante, la realidad es que el alcohol es una bebida que no debe consumirse antes de abordar un avión, debido a que sus efectos se potencian de forma drástica en el aire.

El cuerpo procesa el alcohol con mayor dificultad, lo que significa que una sola copa a 10,000 metros de altura puede sentirse y actuar en tu organismo con la potencia de dos o tres copas en tierra firme. Aunado a este efecto amplificado, el alcohol es un vasodilatador y un deshidratador masivo, por lo que acelera la pérdida de líquidos a través de la respiración y la orina, lo que resecará tus mucosas nasales, te provocará un dolor de cabeza a mitad del vuelo y potenciará de forma severa los síntomas del jet lag al aterrizar en tu destino final.

Haciendo elecciones conscientes y evitando estos alimentos que no debes comer antes de subir a un avión, ¡tendrás el mejor vuelo de tu vida!