León XIV ha denunciado este jueves el drama de los miles de migrantes que fallecen en el Atlántico mientras intentan llegar a Canarias. Lo ha hecho desde el puerto de Arguineguín, ubicado en Las Palmas de Gran Canaria y conocido como el 'muelle de la vergüenza', en su primer día de su histórico viaje al archipiélago.

Es el primer Papa en pisarlo. Luego de haber dejado para la posteridad una estampa de la plaza de Cibeles abarrotada y de la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, el Pontífice ha vuelto a hacerlo este jueves cuando ha reclamado responsabilidades a Europa precisamente desde ese puerto, símbolo de la crisis migratoria: "No podemos acostumbrarnos a contar muertos.

La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera". Asimismo, ha pedido a los países de origen, tránsito y destino hacer "examen de conciencia".León XIV ha aterrizado a las 10.39 horas (11.39 hora peninsular española) en la Base Aérea de Gran Canaria en un vuelo de Iberia procedente de Barcelona.

Allí lo esperaban el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente de Canarias, Fernando Clavijo; los ministros Félix Bolaños, Margarita Robles y Ángel Víctor Torres; el obispo de Canarias, José Mazuelos; y el obispo auxiliar, Cristóbal Déniz. A ellos se sumaban la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid Pérez; el presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales; el delegado del Gobierno; Anselmo Pestana; y los alcaldes de Telde e Ingenio, los dos municipios donde se encuentra la base aérea, Juan Antonio Peña y Vanesa Martín.La primera parada del Pontífice ha sido el muelle de Arguineguín, que pasó a denominarse en 2020 como el 'puerto de la vergüenza' después de que más de 2.300 migrantes permanecieran hacinados allí durante días.

Desde el muelle, ha asegurado que "la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados" en el mar y ha definido a los migrantes como "vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad". "Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas.

Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana", ha indicado el Papa.El Pontífice también ha mostrado su firme condena contra los "monstruos que acechan los mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido".

Asimismo, ha manifestado que el drama migratorio debe convertirse en un "examen de conciencia" tanto para los países de origen de los migrantes como para las naciones de tránsito y para Europa. "No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido", ha dicho en referencia a los países europeos.

"Europa no puede defender la dignidad humana y convertir al Atlántico y al Mediterráneo en cementerios sin lápidas", ha sentenciado en su histórico discurso sobre migración."La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra", ha continuado León XIV, quien ha lanzado una corona de flores al mar por los que han perdido la vida en el Atlántico. También ha tenido la oportunidad de escuchar a las voces de la crisis migratoria.

Entre ellas, al excapitán de Salvamento Marítimo, Tito Villarmea y la voluntaria de Cáritas María Reyes Alemán. Otra voluntaria también ha leído el testimonio de Ayo, una mujer nigeriana víctima de trata, que por motivos de seguridad no pudo estar presente en el acto.Ayo abandonó Nigeria para darle una mejor vida a sus dos hijas y infierno empezó cuando cayó en manos de la mafia.

"Me dijeron que tenía una deuda de 25.000 euros que debía pagar cuando llegara a Europa", leyó la voluntaria. Cuando llegó el momento de cruzar presenció la muerte de otros migrantes, pero finalmente pudo llegar a España.

No obstante, se quedó embarazada de un traficante, le quitaron a su bebé y la obligaron a prostituirse. Finalmente, cuando la Policía detuvo a quienes la mantenían retenida, su vida inició a cambiar gracias a la ayuda de la Iglesia y de las trabajadoras sociales.Más tarde, la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias, ha entregado a León XIV las llaves de la ciudad.

Después, el Papa ha realizado un recorrido por el centro histórico en papamóvil, durante el cual miles de fieles han podido saludarlo. En ese vehículo se ha trasladado hasta la Catedral de Santa Ana, donde se ha reunido con obispos y otros miembros de la comunidad católica.

Dentro del templo ha vuelto a hacer referencia a la dramática situación migratoria y ha emplazado a la Iglesia de Canarias a "seguir ofreciendo amor", que se traduce en "la acogida, la escucha, la cercanía y el cuidado de los más frágiles". Allí, le han hecho varios regalos.

Entre ellos, los estatutos de la catedral, construida por los reyes católicos, y un árbol genealógico sobre los posibles orígenes canarios del Papa.Posteriormente, el León XIV ha mantenido una reunión de 20 minutos en el Palacio Episcopal de las Palmas con Fernando Clavijo, quien se ha mostrado muy agradecido por el mensaje que ha trasmitido el Papa con respecto a la migración. "Agradezco al Papa León XIV la oportunidad de visibilizar el drama de la migración, de la que Canarias ha sido triste protagonista, y su invitación a hacer 'examen de conciencia", ha dicho en X en referencia al discurso realizado por el Pontífice desde el muelle de Arguineguín.

En un segundo mensaje, Clavijo ha indicado que le ha regalado al Pontífice un estudio genealógico que documenta que el Papa tiene orígenes canarios, un alba y una estola tejidas a mano.El último evento de León XIV en la isla ha sido la multitudinaria misa que ha oficiado en el Estadio de Gran Canaria. Durante la ceremonia, el Papa ha vuelto a centrarse en los migrantes y ha rezado por aquellas personas que han perdido la vida en el mar.

Asimismo, ha pedido mantener vivos los sentimientos de "humanidad, misericordia y compasión". También ha pedido "bajar de los pedestales de la arrogancia que divide" y ha manifestado que la caridad no debe ser "asistencialismo" sino integración.

"Donde hay humildad hay amor y donde hay amor hay paz", ha expresado citando a San Agustín, el fundador de la orden a la que pertenece.La ceremonia ha culminado con el discurso del obispo de Canarias, José Mazuelos. "Este acontecimiento quedará grabado para siempre en la memoria espiritual de nuestro pueblo, que no olvidará la Eucaristía celebrada con usted, ni el testimonio de humildad y cercanía que nos ha dejado", le ha dicho al Santo Padre, que se ha emocionado al ser aplaudido por las miles de personas que estaban en el recinto deportivo.

"Papa León, te queremos un montón", ha expresado Mazuelos al término de su intervención. De esta manera ha culminado la visita del Papa a Gran Canaria.

Su siguiente, y última parada, será Tenerife.