Frente a los desafíos climáticos y productivos del planeta, hay una condición habilitante común: la electricidad. La transición eléctrica que se ha propuesto el mundo supone el éxito de dos grandes apuestas que tienen a Chile como actor estratégico, debido al enorme potencial de generación eléctrica renovable, competitiva y segura, y a la producción de metales críticos, como cobre y litio.Así, la industria minera y la energética están ligadas y no es posible pensar sus desafíos de modo separado.

Sumadas, constituyen una condición habilitante para el desarrollo sustentable de nuestro país, pero también para la transición energética global. Mientras el cobre es esencial en el transporte de la energía eléctrica, el litio es fundamental para la elaboración de las baterías.

Ambos componentes enfrentan una demanda creciente y, para responder a ella, requieren una oferta eléctrica confiable, estable y competitiva. Ello crea un círculo virtuoso y desafiante para la transición energética con minerales críticos.Chile es el principal productor mundial de cobre y el segundo de litio.

Y si la electricidad que ayuda a generar y gestionar estos componentes puede cambiar la historia del planeta, también es crucial el abastecimiento de la energía a la minería. El crecimiento de este sector depende de asegurar el suministro para procesos cada vez más electrificados, con más automatización, refinación, desalación y uso de tecnologías intensivas en energía.

La disponibilidad de electricidad confiable y competitiva se transforma así en un factor crítico para sostener y expandir la capacidad productiva del país.Ambas industrias están afrontando sus desafíos y las cifras son promisorias. Tanto la industria minera como la generación eléctrica han reducido sus emisiones de carbono de modo importante y han hecho de la sustentabilidad no solo el propósito de su modelo productivo, sino también una condicionante de sus operaciones cotidianas en distintos territorios de Chile, frente al medio ambiente y las comunidades.Hoy, casi el 80% de la energía eléctrica que utiliza la minería proviene de fuentes renovables.

Tres de cada cuatro operaciones mineras tienen planes de electromovilidad para transporte de personal y carga ligera, de acuerdo con la Ley de Eficiencia Energética. Asimismo, la industria ha comenzado a disminuir de manera relevante el consumo de agua dulce y ha apostado por las desaladoras, incrementando su nivel de electrificación de procesos.La generación eléctrica también ha cambiado.

En 2025, el factor de emisión fue de aproximadamente un 40% menor que el promedio registrado entre 2017 y 2020, reflejando una transformación profunda de la generación eléctrica. A su vez, cerca del 70% de nuestra matriz eléctrica proviene de fuentes renovables, considerando hidráulica, solar, eólica.Pero el éxito de esta alianza depende también de resolver los grandes desafíos del sector: garantizar la infraestructura de generación y almacenamiento que dará seguridad al suministro eléctrico que necesitan las mineras; una institucionalidad robusta y moderna, y los acuerdos necesarios para contar con precios competitivos y eficientes.Estamos en un camino auspicioso que debemos profundizar.

Tenemos las condiciones para propiciar un círculo virtuoso: garantizar la electricidad creciente para obtener los minerales críticos que requiere el planeta. Si nos ocupamos de las tareas comunes, Chile podrá ser un país más competitivo, más soberano energéticamente, seguro y eficiente, a la vez que uno de los protagonistas geoestratégicos de la transición eléctrica.*Camilo Charme, director ejecutivo de Generadoras de Chile.