El lotero Manuel Reija acusado de haberse quedado con la Primitiva premiada con 4,7 millones de euros en A Coruña ha sido condenado a tres años y seis meses de prisión. La sección segunda de la Audiencia Provincial condena, en una sentencia del 10 de junio divulgada este jueves, al lotero por un delito de estafa agravada, con la atenuante de dilaciones indebidas.

Asimismo, el condenado tendrá que abonar conjunta y solidariamente con Loterías, también condenada, la suma de 4,7 millones de euros que corresponde al premio del sorteo del 30 de junio de 2012. La misma sentencia absuelve a su hermano de un delito de encubrimiento y blanqueo de capitales.

El fallo no es firme, pues contra él cabe interponer recurso de casación ante el Tribunal Supremo.Los hechos probados de la sentencia relatan que el lotero recibió el boleto premiado en un grupo entregado por José Luis Alonso, fallecido en enero de 2014 y que nunca supo de esta circunstancia, por lo que ahora ha reclamado su familia, que se enteró por la Policía. El apostante se lo dio al lotero "confiando en que realizase el procedimiento correspondiente a cualquier administración de loterías, es decir, que introdujese en el terminal correspondiente los diferentes boletos y le comunicase su resultado, con la devolución de los mismos si procediese".No obstante, la sala sostiene que lo que hizo fue, al ver que había un gran premio, guardar el grupo de recibos "en una zona interior de su administración".

El condenado alegó que los había encontrado abandonados sobre el mostrador. La víctima abandonó la oficina "en la creencia errónea de que el resguardo no había obtenido premio alguno, sin el boleto y sin justificante alguno de premio"."Minutos después, el acusado llevó a cabo una segunda comprobación del boleto agraciado junto con otros boletos entregados por el apostante que también tenía en su poder y que no resultaron agraciados, con el fin de asegurarse de la categoría superior del premio y por tanto de su alto importe, así como de separar físicamente el boleto premiado al haberlo guardado junto con los demás entregados", añade el fallo.Después fue a ver a su hermano, Miguel Reija, entonces delegado provincial de Loterías en A Coruña, a quien se lo mostró y este se lo devolvió "en la creencia errónea de que su hermano había encontrado el boleto y a la espera de que el legítimo poseedor pudiera reclamarlo a la tarde".

La sala considera que Miguel Reija nunca supo de la naturaleza del hallazgo y siempre creyó que realmente lo había encontrado, por lo que lo absuelve.La Audiencia Provincial descarta, por tanto, la argumentación de las acusaciones sobre "una ideación de maquinación entre los dos hermanos para cobrar el boleto, partiendo de la hipótesis de que existía una confabulación previa entre ambos". También descarta que el premio fuese del otro reclamante, Manuel Ferreiro, al darse la coincidencia entre las apuestas habituales de Alonso y las del grupo de boletos, así como el hecho de que las hiciese siempre en sus viajes del Imserso por toda España.De hecho, hubo más de 300 personas que dijeron ser las dueñas del billete.

Muchos gastaron dinero incluso en abogados para tratar de acreditar que ellos eran los verdaderos propietarios. No obstante, las autoridades acabaron descartándoles a todos después de comprobar que el misterioso dueño había comprobado el boleto en la administración de San Agustín, pero que, en realidad, se había sellado en otra administración a tres kilómetros de allí, en un centro comercial.

Luego de ello, siguiendo el rastro de otras apuestas previas parecidas, las autoridades consiguieron dar con el dueño de dicho billete. No era ninguno de los 300 aspirantes, sino Alonso, un jubilado que había fallecido en 2014 y que apostaba a espaldas de su mujer.

De ahí que sus familiares no tenían tampoco idea de lo que podía haber ocurrido.Las apuestas idénticas repetidas, claves de la condenaLa sala llama la atención sobre el hecho de que, luego de la comprobación de los boletos, instantes después y con apenas unos segundos de diferencia se repitiesen exactamente varias apuestas, con idénticos números, lo que solo podría haberse hecho delante del apostante y no si realmente los boletos fuesen hallados sin nadie en la oficina. "La lógica nos lleva a la deducción anterior, que luego de apoderarse con engaños de la serie de boletos aportada por el apostante intentó cobrar el premio incluso engañando a su hermano", detallan los magistrados.Sobre el argumento utilizado por el lotero durante el juicio, que expresó que el boleto era un cheque al portador y podría haberlo cobrado sin más, la sentencia lo descarta y entiende que el hecho de haber notificado el supuesto hallazgo como un objeto perdido buscó dar legitimidad a su actuación."Sería extremadamente sospechoso pues que un titular de una administración cobrara un boleto sellado en otra administración distinta a la suya y de la misma ciudad, lo que llevó al ahora acusado a urdir la trama del boleto encontrado que no tuvo el desenlace que él pensaba pues como el mismo expresó, no tenía ni idea de que existía el expediente de hallazgo ni que era necesario la identificación del perceptor del premio", remata.