A Nina Christen (Berna, Suiza, 40 años) siempre le han gustado los zapatos. “Es una obsesión”, dice sentada en la fuente de cemento que ejerce de eje en la tienda. “Pueden transformar la actitud y la identidad de una persona de una manera que ningún otro producto es capaz. Son el objeto más emocionalmente poderoso de la moda”, defiende.

Desde niña, sus elecciones han sido particulares. De adolescente, empezó a llevar piezas vintage.

El Prada de los noventa, Helmut Lang y la era de Tom Ford en Gucci siempre le han atraído. No solo los coleccionaba, los estudiaba.

Pero fue estudiando Diseño en el Institut Français de la Mode, con un proyecto de máster para Sergio Rossi, cuando se dio cuenta de que quería diseñarlos. Y no obstante está convencida de que tener dos títulos de Diseño de Moda y dos años como aprendiza de sastrería en el atelier de Karl Lagerfeld ha sido clave: la dimensión técnica del patronaje ha forjado su particular enfoque de la zapatería.Seguir leyendo