El desafío de construir un solo Perú

Más allá de quién resulte finalmente ganador, el principal mensaje que deja esta elección presidencial es que el país está pidiendo a gritos ser escuchado. Los resultados ajustados no representan una victoria contundente de una visión sobre otra; reflejan, más bien, un país profundamente fragmentado, donde millones de ciudadanos sienten que sus preocupaciones, necesidades y expectativas no han sido atendidas durante demasiado tiempo.
En ese contexto, gobernar no puede entenderse solo como el ejercicio de imponer una agenda. Un triunfo estrecho debe asumirse con humildad, responsabilidad y sin triunfalismos.
Este no será un mandato para la confrontación, sino una invitación a construir puentes. El primer mensaje del nuevo gobierno debería estar dirigido precisamente a quienes no votaron por él.
Allí se juega una parte importante de su legitimidad y de la estabilidad democrática de los próximos años. No obstante, la reconciliación nacional no puede limitarse a gestos simbólicos.
El Perú necesita afrontar las causas profundas que explican esta fractura recurrente. Así, la prioridad debería enfocarse en el desarrollo de las regiones, pero también en la mejora de su capacidad de gestión.
Durante años, muchas de ellas han recibido millonarios recursos públicos sin lograr cerrar brechas fundamentales debido, principalmente, a la corrupción, la ineficiencia o la limitada capacidad de ejecución. La evidencia es contundente: según la contraloría, al 2026 existen más de 2.700 obras públicas paralizadas (con una inversión comprometida superior a S/73 mil millones) privando a millones de peruanos de oportunidades y bienestar.
Por ello, el próximo gobierno debería acompañar y fortalecer a los gobiernos regionales y locales, exigiendo transparencia, capacidad técnica y resultados. Solo así podremos asegurar que cada sol invertido se traduzca en progreso real y contribuya a unir al país reduciendo las profundas desigualdades.
También, debemos promover una nueva cultura política. El adversario no puede seguir siendo tratado como un enemigo.
Los liderazgos políticos, empresariales, académicos y sociales tienen la responsabilidad de fomentar el diálogo, el respeto y la búsqueda de consensos mínimos que permitan avanzar como nación. La historia demuestra que ninguna mitad del país puede prosperar sin la otra.
El Perú necesita grandeza, humildad y sentido de bien común. Si convertimos esta elección en una oportunidad para escuchar, integrar y desarrollar a quienes han quedado rezagados, podremos iniciar un camino distinto.
De lo contrario, dentro de cinco años volveremos a encontrarnos frente al mismo espejo: un país dividido, frustrado y enfrentado consigo mismo.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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