El mandato del voto vigilante

Escribo esta columna sin tener certeza del resultado de segunda vuelta (sí, ¡otra vez!). No obstante, cualquiera sea el resultado final, conviene recordar un dato fundamental: cerca de siete de cada diez peruanos no votaron en la primera vuelta por ninguno de los dos candidatos que llegaron al balotaje.
Los porcentajes obtenidos por ambos candidatos en abril reflejaron una extrema fragmentación política y un profundo desencanto ciudadano.Este hecho tiene una consecuencia importante. El próximo gobierno no podrá interpretar su victoria como un cheque en blanco ni como una adhesión masiva a un proyecto político determinado.
Más bien, recibirá un mandato condicionado, limitado y sujeto a permanente evaluación ciudadana.La segunda vuelta obliga a escoger entre dos alternativas, pero no necesariamente genera una mayoría convencida. Muchos ciudadanos votaron por quien consideran el mal menor, otros lo hicieron para evitar que gane la otra opción y algunos simplemente buscaron preservar la estabilidad.
El resultado es un presidente elegido democráticamente, pero con una legitimidad que dependerá mucho más de su desempeño que de su porcentaje de votos.Por ello, la elección no debería marcar el inicio de una nueva confrontación entre vencedores y vencidos. Al contrario, debería representar el punto de partida para construir consensos mínimos alrededor de los desafíos que realmente afectan la vida de los peruanos.La inseguridad ciudadana, la corrupción, la informalidad laboral, las brechas educativas, la deficiente calidad de los servicios de salud, la falta de infraestructura básica y las profundas desigualdades territoriales continúan siendo los problemas que más preocupan a la población.
Ninguno de ellos se resolverá con discursos ideológicos ni con debates sobre el pasado. Exigen gestión, capacidad de ejecución y acuerdos políticos sostenibles.Durante años hemos observado cómo la polarización consume energías que podrían destinarse a resolver problemas concretos.
Mientras discutimos permanentemente sobre personas y partidos, millones de peruanos siguen esperando agua potable, escuelas adecuadas, acceso oportuno a servicios médicos y oportunidades para desarrollarse.Quizá la principal lección de esta elección sea precisamente esa. El país no está otorgando un respaldo abrumador a una visión política específica; está expresando cansancio frente a la inestabilidad y demandando resultados.
El mensaje es claro: gobernar será más importante que ganar.El Perú necesita que la campaña termine definitivamente el día después de la elección. Necesita que el gobierno, el Congreso, el sector privado y la sociedad civil concentren sus esfuerzos en cerrar las brechas de desarrollo que limitan el progreso de millones de ciudadanos.Más que un voto de confianza, el resultado de esta segunda vuelta representa un voto vigilante.
Un voto que observará, evaluará y exigirá. Un voto que recuerda que la verdadera legitimidad no se obtiene en las urnas una sola vez, sino que se construye día a día mediante resultados concretos para la población.
Información de El Comercio (Perú). Edición y redacción: Noticias Today.
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