Ciclismo: desafiando el frío y la altura más de 20 ciclistas pedalearon por primera vez hacia Ticlio en 1981“Una bicicleta menos”: el primer accidente sobre dos ruedas en Lima y otros caóticos relatos del primer ‘boom’ ciclista en el PerúLa mañana del domingo 11 de junio de 1989 se llenó de bicicletas, entusiasmo y espíritu festivo. Lo que nació como una iniciativa de la Federación Peruana de Ciclismo se transformó en una multitudinaria celebración.LEE ADEMÁS: El reto de la maratón “Ciudad de Lima” durante El Niño de 1983 | FOTOS INÉDITASEsa vez, se congregaron a familias, aficionados y profesionales en un recorrido por la historia de Lima.

El motivo era especial: rendir homenaje a los 150 años de El Comercio, el diario Decano del Perú.BICICLETEADA POR EL COMERCIO: EL DESPERTAR DE UNA TRADICIÓNLa expectativa se gestó desde los días previos, cuando los clubes de ciclismo y las familias comenzaron a preparar sus equipos. Fue notoria la entusiasta organización de equipos femeninos como 'Amazonas del Pedal‘, 'Full Speed' y 'Cyclo Fem‘, que prometían poner una nota de color y competencia técnica en el asfalto limeño.Mientras la redacción del diario cubría los sucesos internacionales de la semana —incluyendo la sorpresa del tenista estadounidense Michael Chang en Roland Garros—, la mirada de los lectores de la edición del sábado 10 de junio de 1989 estaba puesta en la página de Deportes.SEPA TAMBIÉN: Los 187 años de El Comercio: cuando multitudes se reunían frente al diario para escuchar las noticias de la bicolor | FOTOSEn esa leída sección, destacaba el mapa que marcaba la ruta profesional desde el Centro de Lima (la puerta del diario), pasando por la Panamericana, la Vía de Evitamiento y la avenida Javier Prado, hasta el Campo de Marte, en Jesús María.Dirigentes como Guillermo de Vivanco trabajaron intensamente junto al comité organizador, asegurando que cada detalle logístico estuviera cubierto para recibir a los más de 500 inscritos.

La prueba ofrecía dos escenarios distintos.Se trató, por un lado, de un desafío de 150 kilómetros para los expertos, diseñado para poner a prueba su resistencia física, y una bicicleteada recreativa de 40 kilómetros, pensada para la participación ciudadana.MIRA ADEMÁS: Natividad Pacora: la historia de la peruana de 107 años inmortalizada por El Comercio en 1937 | FOTOSTodo estaba dispuesto para que el evento no solo fuera solo un homenaje al diario Decano, sino también el nacimiento de una tradición ciclística que muchos esperaban ver repetirse cada año.LA PARTIDA Y EL PULSO DE LA CIUDADA las 8 y 30 de la mañana, de ese domingo 11 de junio de 1989, frente a la histórica sede de El Comercio, en la intersección de los jirones Lampa y Miró Quesada (hoy Santa Rosa), se dio la señal de partida.La estampa era inconfundible: una serpiente multicolor de ciclistas que avanzaba con determinación por la avenida Abancay. La seguridad, coordinada por la Prefectura y la Policía Nacional, garantizó que la marea de deportistas fluyera sin incidentes, protegiendo tanto a los profesionales como a los niños que se sumaron a la fiesta.MÁS INFORMACIÓN: El interescolar de tiro de 1935: la vez en que Lima confió su puntería a los escolares | FOTOSEl trayecto fue una exhibición de contrastes.

Mientras el grupo recreativo disfrutaba de un ritmo amable, el pelotón de los 150 km. mantenía una exigencia competitiva alta, enfrentándose a las complejidades de la carretera Panamericana.Cada rincón de la ruta, desde el puente Ricardo Palma hasta la Vía de Evitamiento, se convirtió en un escenario donde el esfuerzo personal se fundía con la algarabía colectiva. La jornada fue más que una simple carrera; fue un ejercicio de unidad ciudadana donde la competencia quedó, por momentos, en segundo plano frente al orgullo de participar en un aniversario tan significativo.LEE TAMBIÉN: El peor crimen de 1929: el asesinato de fray Pedro Serna en el Santuario de Santa Rosa de Lima| FOTOS EXCLUSIVASEn los rostros de los participantes —señalaron los cronistas de la época—, que iban desde veteranos hasta jóvenes promesas, se reflejaba la satisfacción de saberse parte de una página brillante para el diario Decano de la prensa nacional.EL PODIO Y EL LEGADO DEL SESQUICENTENARIOLa meta en el Campo de Marte fue el escenario de un recibimiento apoteósico.

En la prueba central de los 150 kilómetros, Tony Ledgard se consagró como el gran protagonista, dominando la categoría junior con un tiempo de 2 horas, 41 minutos y 44 segundos, a una impresionante velocidad promedio de 41 km/h.Su actuación, calificada como la más sólida de la jornada, fue el punto culminante de una competencia que también vio brillar a figuras como Daniel Barrera en los 70 kilómetros de los masters, Jean Pierre Lecaros en infantiles, y Nelly Blocker, quien destacó con tenacidad entre las damas.SEPA ADEMÁS: Unidad Vecinal de Matute: la piedra que en 1950 cambió la historia urbana de La VictoriaLa ceremonia de premiación, que contó con la presencia de directivos del diario y autoridades deportivas, entregó trofeos concretando la alianza entre El Comercio y el deporte nacional. Al día siguiente, el balance era unánime: la logística había sido impecable y el impacto social, innegable.

Incluso quienes no pudieron asistir, como la diputada Bertha Gonzales Posada, expresaron su pesar por perderse lo que ya se calificaba como un evento de referencia. Ese domingo 11 de junio de 1989 se sintió como un logro de todos, a pesar de un contexto nacional marcado por atentados terroristas y crisis social generalizada.

Los ciudadanos creyeron, por unas horas, en un país con esperanza, y con la convicción de que el deporte, bajo el formato de una solidaria bicicleteada, era una vía perfecta para celebrar la identidad y la vida.MIRA TAMBIÉN: Tranvías de Lima, 60 años después: la historia y nostalgia de un viaje que nunca se olvida | FOTOSMientras las bicicletas regresaban a sus hogares, quedó la sensación, decían los cronistas de los años 90, de que aquella jornada ciclística había sido, o parecía, el comienzo de una sana costumbre colectiva. Este diario cumplió con su homenaje, pero Lima se quedó con la certeza de que, sobre dos ruedas, siempre se avanza mejor.