México es el amigo del fútbol global, el único país en organizar tres Copas del Mundo. La entrega de sus aficionados apoyó el talento descomunal de la Brasil de Pelé o la Argentina de Maradona, pero también ha arropado los sueños mundialistas de la República del Congo o Irak.

Lo hace mientras en casa, la espera sigue. No es que nunca haya ganado un Mundial, sino que ha sido capaz de pasar solo una vez a unos cuartos de final y le cuesta ver a jugadores en las principales ligas europeas.

A su Mundial, esta vez, llega incluso con una cierta ruptura entre los aficionados y su selección provocada por años de intermitencia en el juego. Por eso se encomiendan a dos figuras para apaciguar el divorcio: Javier Aguirre, el seleccionador, y su mano derecha, Rafa Márquez, el legendario defensa del Barcelona, serán el pegamento emocional de uno de los anfitriones.Seguir leyendo