El todo o nada de Martín Arrau: crónica de su desembarco en el Ministerio de Seguridad

La tarde del lunes 1 de junio, los entonces subsecretarios Andrés Jouannet, de Seguridad Pública, y Ana Victoria Quintana (Libertaria), de Prevención del Delito, recibieron una citación por separado a una reunión, al día siguiente, a primera hora con el ministro de Seguridad, Martín Arrau (P. Republicano).Que el aviso llegara por parte del jefe de gabinete de Arrau, el abogado Javier Parra, fue una primera señal.
Algo no se veía bien. A las 7.30 horas del día siguiente, el primero en entrar al despacho de Arrau, en el cuarto piso del edificio de Teatinos 220, fue Jouannet.
Quienes supieron de la reunión cuentan que fue escueta, tensa y algo tosca. No duró más de cinco minutos.
Arrau le explicó que le estaba pidiendo la renuncia, que sus funciones llegaban hasta ese día, que le agradecía su colaboración durante estos meses, pero que en el marco del cambio de ministros él estaba realizando una reestructuración para partir una segunda etapa. Eso implicaba su salida.Los pocos que supieron del tenor de la conversación a puertas cerradas relatan que Jouannet se molestó.
Llegó ahí sabiendo que en el ambiente estaba la posibilidad de hacer un fuerte cambio a nivel de subsecretarios, pero su apuesta era quedarse. Sabía que, luego de la llegada de Arrau, la que estaba con un pie afuera era Quintana, pero él pensaba que podía permanecer.
Esto, a pesar de que en la primera reunión que habían tenido los dos el ánimo no había sido el mejor y Arrau no se mostró mayormente interesado en su exposición. Cuando escuchó al ministro se molestó y, en su fuero interno, lo encontró injusto.
Quienes han hablado con él cuentan que se quedó con la sensación de estar pagando por el mal desempeño de la exministra Trinidad Steinert y de su par, la exsubsecretaria Quintana.Molesto, el exdiputado le replicó a su jefe. “La renuncia no me la puede pedir usted, me la tiene que pedir el presidente”, le expresó según fuentes que supieron del episodio. Su comentario, que apuntaba a un tema formal, era técnicamente correcto: a los subsecretarios los nombra y los despide el presidente.
Pese a su reparo, Arrau le expresó rápidamente que la renuncia se la estaba comunicando él, pero había sido una decisión del mandatario José Antonio Kast.Al salir, Jouannet se fue a su oficina, le comunicó a su equipo que sus días en Seguridad Pública habían llegado a su fin y luego de eso tomó su celular y le escribió al mandatario. En ese breve intercambio, el presidente acusó recibo de la molestia del exdiputado y luego de eso lo citó a un breve encuentro en su oficina, en La Moneda, donde le ofreció quedarse en el gobierno como asesor en el Segundo Piso.Luego llegó el turno de Quintana.
La única libertaria presente en el gobierno -pese a tener su militancia suspendida- sabía que su permanencia corría peligro. Semanas antes, el 19 de mayo, cuando Arrau llegó al ministerio le pidió a su jefe de gabinete un cambio en la distribución.
Parra fue donde la entonces subsecretaria para desalojarla del piso 4 del edificio de Teatinos 220, lugar donde se había instalado luego de que Steinert se ubicara en el piso 9 y la dejara a ella en las dependencias que había utilizado el exministro Luis Cordero. Arrau quería volver a esas oficinas.Ese cambio de piso, que fue algo incómodo, fue el inicio de lo que terminaría con Quintana fuera del ministerio.
Testigos de lo que sucedió el martes comentan que el encuentro con Quintana fue aún más corto que el de Jouannet y ella no mostró resistencia.Lo que más molestó a los dos subsecretarios salientes es que se les pidiera la renuncia cuando Arrau no tenía definidos sus reemplazos. De hecho, ese día, luego de ambas reuniones, el ministro viajó al Congreso para exponer el plan del gobierno en materia de seguridad pública y recién en la tarde comunicó los reemplazos.Mientras Arrau estaba en el Congreso, en La Moneda se desataron todo tipo de gestiones para quedarse con los codiciados puestos.
En esas tratativas, el ganador indiscutible fue el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado (UDI), quien instaló a dos de sus asesores de confianza. En Seguridad Pública, el gobierno nombró a Pilar Gianinni, y al entonces jefe de gabinete de Alvarado, el abogado Gonzalo Guerrero, en Prevención del Delito.
En un gobierno marcado por una soterrada pugna por la hegemonía entre Alvarado y el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval, en el oficialismo el movimiento de piezas fue visto como un gesto para que la balanza se incline a favor del militante UDI. La señal no sorprendió en el sector: durante la campaña, Arrau tuvo abiertas diferencias con Irarrázaval.Un ministro empoderadoCuando Kast se dio cuenta de que el experimento de poner a la exfiscal Steinert en su ministerio estrella -aquel en el que durante la campaña apostó todas sus fichas- había sido un fracaso, no dudó en irse a la segura.
Eso implicó que todos los caminos llevaran inequívocamente a Arrau. El presidente no estaba dispuesto a asumir un nuevo error y la fórmula prometía, a sus ojos, éxito seguro.
El ingeniero es del ADN político del Partido Republicano, participó durante la campaña directamente en los temas de seguridad y, asimismo, en la segunda vuelta afiató su relación con Kast al desempeñarse como su generalísimo.Cuando Arrau recibió el llamado del jefe de Estado, como buen político, solo expresó que sí. Luego de eso le pidió carta blanca para ejecutar todos los cambios que encontrara necesarios en el ministerio y eso implicaba, especialmente, el equipo de subsecretarios.
Kast no tuvo reparos y lo empoderó para desembarcar en Teatinos 220 y rearmar la cartera a su gusto y con la gente de su confianza. Esa condición la había conversado previamente con otros cercanos suyos, como por ejemplo el senador y timonel republicano Arturo Squella.El cambio de mano en Seguridad se notó de inmediato.
Quienes lo conocen cuentan que Arrau es de esos jefes intensos, exigentes y que no paran, incluso los sábados o domingos. Sus primeros mensajes de WhatsApp en un día laboral comienzan a llegar a eso de las cinco de la mañana y arriba a Teatinos 220 antes de las siete.
De hecho, su equipo de jóvenes asesores suele llegar a las 6.30 para tener todo listo antes de que comience el día.Así como suele llegar temprano, también se va tarde. Y que se vaya de su oficina no quiere decir que emprenda rumbo a su casa, ya que en estos 20 días, al salir del ministerio suele sumarse a algún operativo en terreno, ya sea en las calles con Carabineros y la PDI, o en las cárceles con Gendarmería.A diferencia de Steinert, el ministro Arrau conoce los códigos de la política y lo relevante que son las formas y los símbolos.
Asimismo, al provenir desde adentro del proyecto político de los republicanos, tiene absoluta conciencia de que este es un ministerio clave para Kast, que la opción de cometer errores no existe y que esta cartera debe ser capaz de transformarse en una plataforma para que el Ejecutivo comunique éxitos en la vida concreta de las personas.Una de las primeras decisiones que tomó al llegar al ministerio fue barrer con el círculo de hierro de Steinert. Luego de despedirlos, instaló a los suyos.
Para eso le pidió a su núcleo de asesores que lo acompañaban en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) que se fueran con él a Seguridad Pública. Con muchos de ellos mantiene una relación desde los tiempos en que se desempeñó como el primer intendente de Ñuble.
Uno de los últimos fichajes fue el del administrador y director de empresas Eduardo Bennett. Su llegada, cuentan fuentes del gobierno, está pensada para que coordine las siete fuerzas de tarea que anunció Arrau, las que están orientadas a agilizar el trabajo intergerencial en distintas áreas del crimen organizado.
Bennett, quien proviene del mundo empresarial, trae como experiencia sus casi 30 años en puestos ejecutivos en Chile y el extranjero, en empresas como Arauco y Komatsu. Cerrar flancosCuando Arrau se transformó en el nuevo ministro de Seguridad no solo se puso a estudiar y leer papers, sino que convocó a un largo listado de autoridades hasta su despacho.
Su objetivo era escuchar opiniones, conocer la estructura orgánica del ministerio y, sobre todo, ganar aliados.En su ronda de entrevistas destacó su interés por darle trato a los parlamentarios de las comisiones de seguridad del Congreso, algo que Steinert no hizo: de hecho, con esos legisladores tuvo más de un desencuentro.Arrau mostró habilidad, ya que cuando citó a los senadores, recibió el portazo del independiente Karim Bianchi, quien preside la instancia de seguridad en la Cámara Alta. Pese a que no se sumó en la cita con el resto de los senadores, luego Arrau logró una videollamada con él a solas.También convocó al presidente de los libertarios, el exdiputado Johannes Kaiser.
El hecho tuvo resultados, ya que al pedirle la renuncia a Quintana, varios en el oficialismo pensaban que podía ser recibido como una provocación hacia el Partido Nacional Libertario (PNL), pero ese día Kaiser no crítico la decisión. “El PNL no es parte del gobierno”, se limitó a decir.Otro hecho llamativo fue su reunión con Cordero. Ambos se reunieron el lunes 25 de mayo por 45 minutos.
Quienes conocen a Arrau cuentan que nunca dudó en convocarlo, sabe que no tiene que “inventar la rueda” y que el exministro tiene gran conocimiento de la cartera. Su interés por exautoridades no se limita solo a Cordero.
Arrau está decidido a convocar a un consejo consultivo de exautoridades. Ya se lo ofreció a Cordero, el exsubsecretario del Interior Felipe Harboe ya le expresó que sí y pretende replicar lo mismo con los exministros Víctor Pérez (UDI), Jorge Burgos y el exsubsecretario Rodrigo Ubilla (RN).Otro paso estratégico de Arrau fue recomponer las relaciones con el Ministerio Público.
Para eso, se reunió el 27 de mayo con el fiscal nacional Ángel Valencia, un encuentro que tardó más de lo pronosticado. Pero sus decisiones fueron más allá.
El 21 de mayo tuvo una reunión de trabajo con todos los seremis de Seguridad Pública y a ellos les impartió una instrucción directa: pidió explícitamente no pelearse por el protagonismo en operativos policiales. “No vamos a andar peleando con la Fiscalía por una foto”, comentó a los seremis.El episodio demuestra la astucia de Arrau. Sabe que parte de su éxito implica tener buenas relaciones con policías y la Fiscalía.
Por lo mismo, quiso sepultar de inmediato los roces abiertos por Steinert luego del último operativo exitoso en Temucuicui.La mira puesta en las cárcelesTras dejar el MOP, Arrau marcó otra diferencia con su antecesora: el interés por la situación penitenciaria. Eso fue rápidamente percibido por el Ministerio de Justicia.
En medio de la implementación de la reforma constitucional que traslada Gendarmería a la cartera de Seguridad, el ingeniero puso el pie en el acelerador para que la institución a cargo de las cárceles deje de estar en un limbo y se radique cuanto antes bajo su mando. Arrau no quiere ser un sheriff ni tampoco seguir el modelo Bukele, sino que se imagina como “un lobbista” de la seguridad, ya que quiere que su sello sea articular de buena manera el sistema.Por eso, ya ha visitado el Recinto Especial Penitenciario de Alta Seguridad (Repas), la ex Penitenciaría y la Cárcel de Arica.
En terreno ha participado de incautaciones y ha visto con sus propios ojos las condiciones de trabajo de los gendarmes. En su exposición ante el Senado ya expresó que este año espera terminar con dos recintos más que tengan régimen de máxima seguridad -el que incluye el uso de uniforme por parte de los reos- y que se basarán en el Plan Maestro diseñado por el gobierno del expresidente Gabriel Boric, pero su intención es acelerar la construcción de penales a través de las estructuras modulares que se ocupan en otros países como Argentina.Cuando Arrau se instaló en el Ministerio de Seguridad, aún seguía el ruido provocado por Steinert por la supuesta falta de un plan de seguridad.
El ingeniero intentó despejar lo más rápido posible ese ruido. Lo primero que hizo fue decir que la Política Nacional de Seguridad de Boric “era amplia y suficiente”.
Su frase apuntó a que dicha política planteaba un marco que permitía alojar de forma correcta el plan de Kast.Para eso tomó el trabajo que había hecho Steinert. Fuentes del gobierno comentan que la exministra alcanzó a elaborar un documento, en su tercera versión, casi listo.
Si bien no estaba anillado, sí estaba corcheteado.Arrau tomó el borrador de Steinert, lo ordenó y lo reestructuró. Mantuvo los mismos tres ejes de acción, pero agregó el factor de la prevención.
Luego rearmó los siete focos de gestión a los que les puso una bajada con medidas concretas que abarcan 39 acciones operativas y 26 proyectos de ley priorizados.Otra de las novedades es que Arrau utilizará las fuerzas de tarea que están contempladas en la Ley Orgánica del Ministerio de Seguridad. Estas se enfocarán en los fenómenos que causan mayor impacto en el crimen organizado: secuestros, sicariato, narcotráfico, ciberdelitos, lavado de activos, violencia rural organizada y contrabando.
Estas fuerzas de tarea se orientarán para que se transformen en las plataformas comunicacionales de Arrau.La primera vez que el ministro se desplegó en la calle fue durante la quema de un bus, por parte de encapuchados, en la calle Matucana. A menos de una semana después de asumir, el ministro llegó, de noche, a la 41 Comisaría de La Pintana para conversar con los carabineros de esa repartición.
El pasado viernes 29 de mayo encabezó su primer operativo conjunto entre Carabineros y la PDI. En esa ocasión, el megaoperativo incluyó el despliegue de más de cinco mil funcionarios policiales en todo el país.
Al otro día, la noche del sábado, llegó hasta la Municipalidad de San Miguel, donde se reunió con la alcaldesa Carol Bown (UDI) y realizaron fiscalizaciones en la calle junto a Carabineros y funcionarios municipales. Luego de la Cuenta Pública aumentó sus despliegues en terreno.
Un día después, llegó hasta Macul, donde encabezó un operativo de fiscalización y control policial junto al alcalde Eduardo Espinoza (Republicano). El miércoles de esta semana llevó a cabo su mayor despliegue operativo.
Esa jornada, lideró los copamientos de Carabineros en el Metro y las fiscalizaciones en el barrio Meiggs. Durante la noche, y después de participar en la entrega de resultados de un operativo antidrogas de la PDI, viajó a Arica.
Este viernes, en esa comuna del norte, las actividades de Arrau iniciaron a las 7 am con el allanamiento de la Cárcel de Arica. Después visitó una comisaría, el paso fronterizo de Chacalluta, una comisaría fronteriza y lideró un operativo conjunto entre Carabineros y PDI.Arrau no para y sabe que esto está recién comenzando.
El incentivo es alto. Sabe que si lo hace bien puede ser su trampolín político.
No por nada Kast ya lo puso sobre la mesa como su posible carta para tomar la posta de La Moneda.
Información de La Tercera (Chile). Edición y redacción: Noticias Today.
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