Las horas más difíciles de Balerdi: del abrazo con Scaloni a la decisión de dejar la concentración

BUENOS AIRES.— KANSAS CITY, Estados Unidos (Enviado especial).- El dolor más grande no estaba en el sóleo derecho. Estaba en otro lado.
En el abrazo con Lionel Scaloni. En las lágrimas que llegaron después, ya solo en su habitación del hotel The Stella, en College Station.
En la certeza de que el Mundial que había imaginado durante años se había terminado antes de empezar. Por eso se fue.
Apenas unas horas después de quedar desafectado de la lista argentina, Leonardo Balerdi dejó la concentración con la intención de regresar a Buenos Aires para refugiarse junto a su familia. No quiso quedarse.
No estuvo en el estadio para el amistoso frente a Honduras, donde sí acompañaron al grupo otros futbolistas que no participaron del partido, como Emiliano Martínez, Leandro Paredes, Julián Álvarez y Nahuel Molina. Mientras la selección afrontaba una de sus últimas pruebas antes del debut, el puntano intentaba asimilar el golpe más duro de su carrera.Existía la posibilidad de permanecer junto a la delegación durante el Mundial.
De hecho, varios futbolistas lesionados en otras competencias suelen quedarse con el grupo aunque ya no formen parte de la lista. No obstante, una vez iniciado el torneo, Balerdi ya no habría tenido acceso a varios sectores reservados exclusivamente para los 26 inscriptos.
En Europa tampoco lo esperaba ninguna urgencia: durante el Mundial no habrá competencia oficial y los entrenamientos de Olympique de Marsella recién comenzarán hacia finales de julio. La lesión se había producido el viernes por la tarde, en Ellis Field, cuando la prensa ya se había retirado del entrenamiento.
Los estudios posteriores confirmaron una lesión muscular que lo iba a dejar fuera de toda la fase de grupos. Era demasiado tiempo para un certamen tan corto.
El reglamento todavía permitía incorporar un reemplazante y la decisión terminó siendo inevitable.Scaloni fue quien se la comunicó personalmente. No fue una charla más.
El entrenador lo conoce desde hace años, mucho antes de la selección mayor. Lo dirigió en el torneo de L’Alcúdia de 2018, el primero de su carrera como técnico, cuando Balerdi era uno de los jóvenes que integraban aquel plantel junto con Agustín Almendra, Aníbal Moreno, Facundo Colidio, Gonzalo Maroni, Fausto Vera, Gastón Ávila y Francesco Lo Celso.
Desde entonces, la relación siempre fue cercana.Por eso la conversación estuvo cargada de emoción. Scaloni intentó acompañarlo más allá de la decisión deportiva.
Le habló casi como un padre. Balerdi escuchó la noticia que nadie quiere escuchar a diez días de un Mundial.
Hubo silencio. Hubo lágrimas.
Y hubo un abrazo entre dos personas que compartían la misma tristeza, aunque desde lugares distintos.Cuando salió de esa reunión, el defensor volvió a su habitación y se quebró. A los 27 años estaba a punto de disputar el primer Mundial de su carrera.
Había llegado a Estados Unidos ilusionado, después de consolidarse como capitán y referente de Olympique de Marsella. Once familiares tenían previsto viajar para acompañarlo durante el torneo.
Todo eso desapareció de un momento a otro.La escena impactó también puertas adentro de la delegación. El clima en el hotel cambió por completo.
Nadie publicó mensajes en redes sociales. No hubo despedidas públicas ni fotos de apoyo.
Fue una forma de respetar una tristeza demasiado reciente. Las muestras de afecto llegaron en privado.
Desde Lionel Messi hasta los utileros, empleados, colaboradores y miembros del cuerpo técnico. Balerdi es uno de esos futbolistas que crecieron dentro de la estructura de la AFA y construyeron vínculos profundos a lo largo de los años.🗣️ SCALONI Y LA LESIÓN DE BALERDI: "lamentablemente tuvimos que darlo de baja porque no cumplía con los requisitos mínimos para ayudarnos, al menos en la fase de grupos.
Era demasiado arriesgado. Afrontar este partido fue difícil porque todo el grupo quedó tocado por lo que le… pic.twitter.com/jnAPG0zdhF— TyC Sports (@TyCSports) June 7, 2026El silencio también se trasladó al amistoso frente a Honduras.
En un contexto mucho más flexible que el de una competencia oficial, donde no hubiera resultado extraño ver una bandera, una camiseta o algún gesto de respaldo hacia un jugador que acababa de quedarse afuera del Mundial, no hubo nada de eso. Tampoco declaraciones.
Luego de el partido, ningún futbolista pasó por la zona mixta. El único que habló fue Lionel Scaloni.
El resto se retiró en silencio, todavía atravesado por una noticia que había conmovido a todos apenas unas horas antes.La sensación de injusticia era todavía mayor porque no era la primera vez que una lesión se cruzaba en su camino con la camiseta argentina. En marzo había sufrido otro problema muscular que lo apartó de los amistosos frente a Mauritania y Zambia, y que también le hubiera impedido disputar la Finalissima contra España.
Aquella vez logró recuperarse. Esta vez no hubo margen.Tampoco era la primera vez que una lesión lo dejaba al margen de un torneo con la Argentina.
En el Sudamericano Sub 20 de 2019 vivió una experiencia parecida. Primero abandonó momentáneamente la concentración para viajar a Alemania y cerrar su transferencia a Borussia Dortmund, que pagó cerca de 12 millones de euros por un futbolista que apenas acumulaba cinco partidos en Boca.
Cuando regresó al seleccionado, fue alcanzado en el rostro por los tapones de José Luis Zalazar, mediocampista de la Celeste, en una jugada accidental que le provocó una lesión en la boca que obligó a una intervención quirúrgica. Poco después, la AFA comunicó su desafectación de un campeonato que Argentina terminaría perdiendo sobre el final ante Brasil.Esta historia tuvo un desenlace distinto.
No hubo una jugada desafortunada ni una entrada rival. Fue una lesión en un entrenamiento, lejos de las cámaras y cuando el Mundial ya estaba a la vuelta de la esquina.
Tan cerca que la frustración resultó imposible de esconder. Tan cerca que ni siquiera quiso quedarse para verlo empezar.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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