La pujanza del sector turístico español en medio de la guerra de Irán y de un contexto de incertidumbre internacional ha sorprendido al Gobierno, que ha revisado al alza sus previsiones. El Ministerio de Turismo espera la llegada a España de 43 millones de visitantes extranjeros entre junio y septiembre, un 6% más que el año pasado por esas mismas fechas.

De cumplirse el pronóstico, el ministro Jordi Hereu ha reconocido que sería "probable" sobrepasar la barrera de los 100 millones de turistas a finales de año, pero ha pedido prudencia y ha insistido en que lo importante no es el número de viajeros sino el valor añadido que crea el sector.Para los meses de verano se espera no solo que crezca el número de visitantes foráneos, sino también el gasto que dejen en España. De hecho, el pronóstico apunta a que esta variable avanzará con más fuerza.

Lo hará previsiblemente un 10% con respecto al verano de 2025, hasta suponer una inyección a la economía española de 64.000 millones de euros. "El turismo seguirá haciendo una gran contribución al desarrollo económico, social y territorial de nuestra economía", ha aplaudido este lunes en rueda de prensa el ministro, que ha señalado que se espera un mayor crecimiento en las comunidades del interior y que se está viendo un fenómeno de reservas de última hora.

"El patrón de comportamiento sigue siendo el deseable: el aumento de gasto en destino es superior a la llegada de turistas", ha remarcado, asegurando que ese crecimiento "cualitativo" se refleja en la generación de empleo. El sector turístico cuenta ya con más de 3 millones de afiliados a la Seguridad Social.Estas previsiones se asientan sobre unos primeros meses del año en los que han seguido batiéndose todos los récords.

Entre enero y mayo llegaron a España 36,8 millones de turistas, un 5% más que en los mismos meses del año pasado, y el gasto en destino creció un 7,8% hasta los 50.257 millones de euros. "La evolución está siendo positiva en un momento complejo que está lleno de retos geopolíticos", ha destacado Hereu, que ha reconocido que puede haberse producido un cierto trasvase de turistas desde las zonas más directamente afectadas por la guerra de Irán, pero ha subrayado que España aboga por la paz y tiene atractivo "de sobra" sin tener que "especular en torno a los problemas de otras regiones".El ministro ha reconocido que el comportamiento del turismo en España está siendo mejor de lo que se esperaba cuando estalló la guerra de Irán, pero ha remarcado que el Gobierno no pierde de vista la situación.

"Estamos ocupados y preocupados sobre la evolución y los efectos directos e indirectos de un conflicto que aún no ha terminado", ha recalcado, poniendo el foco en el posible impacto de la guerra sobre la disponibilidad y el precio del queroseno para repostar los aviones y sobre el impacto en las economías de países emisores de turistas hacia España como Reino Unido o Alemania. Al mismo tiempo, ha insistido en la "resiliencia" que está demostrando el modelo turístico español."Hacer los deberes"Con las perspectivas avanzadas este lunes y los datos de los primeros meses del año, parece cercana la posibilidad de acabar el año superando por primera vez la barrera de los 100 millones de turistas internacionales.

"Será probable que lleguemos", ha reconocido Hereu, que ha insistido en que ese hito no es una "obsesión" para su departamento. "El número de turistas no es el objetivo principal, es la consecuencia de las políticas que estamos desarrollando", ha matizado.

"Nos interesa muchísimo más el valor añadido que genera la actividad turística", ha recalcado.Preguntado por la acumulación de turistas y la masificación de algunos destinos, Hereu ha asegurado que "si hace los deberes, España puede seguir creciendo". Es por ello que ha enfatizado la necesidad de desestacionalizar la actividad, diversificar destinos y garantizar la triple sostenibilidad social, ambiental y económica del turismo.

Asimismo, ha subrayado que "es responsabilidad de los destinos gestionar la oferta" porque la demanda no deja de crecer. En ese sentido, ha puesto en valor instrumentos como las moratorias a la construcción de hoteles, limitación de pisos turístico o las medidas fiscales, pero ha dicho ser partidario de que sean los municipios quienes decidan qué hace falta aplicar en cada zona.